INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

¿Y ahora qué? Crisis y oportunidades frente a la “nueva normalidad”

El avance del nuevo coronavirus ha obligado a la humanidad a repensar la realidad tal como la comprendía hasta ahora y así generar nuevas formas de interacción social. Sin embargo, la “nueva normalidad” no solo se presenta como un momento de crisis, sino también como una oportunidad para proponer una mejor realidad para todos.


Por Paloma Alonso



Nuevos interrogantes, avalancha de información


“...angustia no que el mundo cambie sino que el cambio sea nuestro mundo, nuestra realidad [], el cambio habilita la incertidumbre, lo no disponible, lo que se me escapa. Y lo que se nos escapa, angustia…” (Sztajnszrajber, 2019, p.17)[1].

Históricamente, como humanidad, siempre hemos buscado interpretar el devenir de la realidad, es decir, darle un sentido a lo real. La estabilidad de lo que concebimos como "la normalidad" o "la realidad" resulta todo un desafío para las personas, y desde hace varios meses aquello que ya estaba "estabilizado" en nuestra forma de convivencia ha sido reemplazado repentinamente por lo que se conoce mediáticamente como "la nueva normalidad". El avance de la ciencia y de la tecnología nos ha proveído de nuevas fuentes de información: rápidas, amplias y de fácil acceso. Sin embargo, la aprehensión hacia lo desconocido persiste. ¿En qué creer cuando todo parece una contienda de datos? ¿Cómo lidiar con esta nueva realidad? Tras la pandemia del nuevo coronavirus, se nos presenta uno de los retos más grandes: lidiar con un futuro que se desvanece, se vuelve a armar y se recrea día a día a la vez que generamos lo que se dice nueva normalidad.


Recibir y codificar la realidad inestable que ha traído el avance de la pandemia ha abierto nuevos interrogantes para los distintos Estados a nivel internacional. Así, de acuerdo con una nota del diario La República, el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) ha destacado una serie de potenciales fases o escenarios sobre el futuro del mundo, intentando dar respuesta a preguntas como “¿cuánto durarán las crisis de salud y económica?, ¿cuándo podemos pasar del modo de crisis al trabajo? y ¿cómo será la próxima normalidad y cómo podemos ver los signos de cambio lo suficientemente temprano como para actuar rápidamente cuando sea el momento adecuado?”.


Algunos países, tras meses de luchar contra el colapso del sistema de salud, han implementado medidas que parecen sortear algunas de estas cuestiones. No obstante, la incertidumbre frente a posibles “segundos brotes” persiste en gran parte de ellos y la estabilidad de la economía sigue presentándose como un problema en auge que preocupa a la mayoría de la población, y deja expectante a la ciudadanía frente a un futuro que se vuelve cada vez más incierto.


A nivel individual, según indica Lorena Rodríguez Bores, secretaria técnica del Consejo Nacional de Salud Mental de México, reincorporarse a “la normalidad” tras el confinamiento por el coronavirus puede generar “ansiedad, trastornos de adaptación o estrés. Entre las recomendaciones de la especialista encontramos consejos sobre cómo buscar información verificada y evitar contenidos alarmistas. En esta línea, es preciso enfatizar cómo la incertidumbre prospera en este contexto de sobrecarga informativa. En efecto, la “avalancha de información” satura a los usuarios constantemente actualizados dado que las noticias que recibimos no nos dan sentencias definitivas, sino más bien datos que remodelan la realidad a cada instante y a una velocidad casi inaprensible: casos nuevos, posibles vacunas, números de muertos, rebrotes, etc. La sistematización de ese conjunto de datos es una tarea que implica comprensión crítica y conexiones lógicas que (nos) persuadan de que así son las cosas. Todo este proceso cognitivo requiere esfuerzo: el individuo debe cuestionar lo que ve, adecuarlo a lo que ya sabe y expresarlo de tal manera que adquiera sentido.


Hoy, el fenómeno del coronavirus dificulta la tarea de formular un esquema más o menos claro de lo que sucede a nivel mundial. Como el virus es nuevo, la misma comunidad científica está aprendiendo día a día sobre él y las noticias vuelan a tal velocidad que muchas veces llegan a malinterpretarse los avances posibles. De este modo, un día creemos que los barbijos no sirven, y al día siguiente nos desesperamos por ir a comprar uno en la farmacia. De hecho, se pasó de hablar de la pandemia a la infodemia, donde el conocimiento científico se desgrana y distorsiona en fake news que alientan a la desesperación, la desinformación y la ansiedad en un mundo que ya de por sí está sumamente paralizado y aterrado por el presente (y ni hablar del porvenir). Como resultado, la vieja normalidad ha recibido un shock de relatos que la ponen en cuestionamiento, dejándonos con la difícil tarea de adecuarnos a la fluctuación constante.


Aun reconociendo el malestar que ha generado esta vorágine de nuevas modalidades, Stolkiner y Ferreyra (2020) reflexionan sobre la relación entre normalidad y crisis señalando que estamos atravesando una situación extrema y que el aislamiento social no puede ser catalogado sencillamente como la única fuente de preocupación social:

...hay muchas investigaciones previas, desde la década del 30’ hasta el caso de Grecia ya en este siglo, que muestran el incremento de las tasas de suicidio en los períodos de crisis económica recesiva con incremento de desempleo, estado en el cual la Argentina ya había entrado desde hace por lo menos dos años. Entonces, confluyen la pandemia, la crisis económica local y mundial, la pérdida de empleos, el empobrecimiento y el aislamiento. ¿Por qué, entonces, “la causa” sería el aislamiento o la cuarentena?

El efecto emocional en la opinión de la ciudadanía de esta realidad inestable se refleja en las más recientes encuestas. En efecto, de acuerdo con los resultados obtenidos en julio de 2020 por la Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública (ESPOP) de la Universidad de San Andrés, un 87% de los argentinos encuestados considera que el coronavirus es peligroso, en mayor o menor grado. Además, el 52% considera que su vida cambió de manera importante tras el avance de la pandemia; a su vez, la mayoría reconoció haber adoptado medidas preventivas contra el contagio del coronavirus.


Estos datos nos dan la pauta de que la crisis sanitaria y económica ha modificado la vida de las personas, originando cambios que parecerían volverse parte de nuestra cotidianidad, al menos hasta que se descubra un tratamiento o vacuna que permita paliar los efectos de la enfermedad. En este sentido, pensar que hoy se recomienda actuar como si todos fuéramos portadores del virus, a modo de proteger al otro y a uno mismo, pone en jaque la concepción más íntima de nuestra forma de vivir el día a día.

Fuente: ESPOP julio 2020 (Universidad de San Andrés).

Crisis y oportunidad: ¿y ahora qué?


Sin dudas, este contexto será narrado como un momento de crisis sin precedentes. Sin embargo (y afortunadamente), durante el transcurso de la historia el ser humano ha tenido la capacidad de adaptarse de nuevo a los cambios radicales a través de distintas vías, en muchos casos, muy ingeniosas. Entonces, considerando los efectos y las causas de la propagación de este nuevo virus, ¿qué nos augura esta “nueva normalidad”? ¿De qué manera se reinventará la humanidad para enfrentar estas nuevas circunstancias?


Algunos espacios como el deporte, el arte y la educación han tenido que repensar sus reglas tradicionales para recrearse en medio de la crisis. Así, por ejemplo, en ciudades como Rosario se han implementado “círculos de respeto” en los parques para mantener el distanciamiento social. En otras, como en California, se han creado “cápsulas” en los gimnasios al estilo de “peceras de plástico” para ejercitarse. En el ámbito educativo, muchas instituciones han optado por la modalidad virtual.


También los gobiernos han tomado decisiones diversas frente a la pandemia. Entre ellas, y recalcando el alcance social de estas nuevas modalidades de prevención, podemos mencionar cómo el gobierno de Luis Lacalle Pou incorporó en un spot los “dos metros de distancia” como mensaje para la ciudadanía uruguaya frente a la próxima realidad.


Con todas estas noticias, parece quedar claro que la "normalidad" que conocíamos ha quedado atrás. Ahora bien, aun cuando todas estas medidas son esenciales para aprender a convivir con circunstancias inciertas, la UNESCO resalta el hecho de que esta “nueva normalidad” debería cuestionar nuestra antigua percepción de lo “normal” con la finalidad de construir nuevas formas de apreciar al mundo, a fin de construir una realidad mejor para todos. De esta manera, insta a poner en tela de juicio aquellas situaciones que por muchos años se han considerado “normales”, como la muerte de niños por neumonía, los destrozos de las guerras, los efectos de la contaminación ambiental, entre otros (a los que podríamos añadir la violencia doméstica de género y la desigualdad económica en sí misma).


Construyendo la “nueva normalidad”


Lo cierto es que el coronavirus ha revelado verdades incómodas para la humanidad. En este sentido, ha mostrado cómo, por ejemplo, la situación de vulnerabilidad de algunos sectores de las sociedades los pone aún más en peligro frente a esta clase de dificultades, profundizando las desigualdades sociales. Que la conflictividad de la realidad hoy es una situación preocupante para muchos ha quedado claro. Sin embargo, ello no impide que podamos concebir este momento como un tiempo de reflexión frente al futuro[2].


En fin, la realidad que nos ha traído el nuevo coronavirus y el acceso inmediato a información constantemente actualizada nos ha inmerso en un mar de incertidumbre porque, incapaces de procesar el aquí y ahora a cada instante, nos encontramos navegando en grises que nos aterran. Sin embargo, ya existiendo en nuestra naturaleza el deseo de conocimiento (amor a la sabiduría, filo-sofía) y la capacidad de aprendizaje, quizá sea una nueva oportunidad para repensar nuestra forma de comprender las cosas, las prioridades sobre cuestiones comunitarias, y el momento de construir una “nueva normalidad” mejor para todos.


[1] Sztajnszrajber, D. (2019). Filosofía en 11 frases. Buenos Aires, Argentina: Editorial Paidós.

[2] Para ampliar, recomiendo ver el libro “La vida en suspenso”, publicado hace algunas semanas por la editorial Siglo XXI, en conjunto con Revista Crisis. Disponible para desargarse de manera legal y gratuita en el siguiente link: http://dev2020.sigloxxieditores.com.ar/crisis-la-vida-en-suspenso/.

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