INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

Un silencio más en esta larga historia

La historia ha golpeado la puerta de muchos argentinos y argentinas en estos días por las grandes decisiones que han tenido que tomar. Esa misma historia hoy nos llama a todos y a todas a recordar a quienes ya no están. Que se nos fueron, o mejor dicho... que nos desaparecieron. Todo arrancó un 24 de marzo, un día como hoy. Un día como ninguno.


Por Francisco V. Caporiccio


Dormir sin descansar


Me encuentro en el balcón de mi casa, espacio al aire libre que por estos días cotiza en bolsa en cualquier ciudad del mundo, escuchando el silencio de la madrugada de un 24 de marzo que pasará a la historia como uno de los tantos días que estuvimos en cuarentena. Me encuentro en el balcón de mi casa, apreciando el sonido de ciertos grillos irrespetuosos que alteran de vez en cuando la tranquilidad estresante de la noche. Me encuentro en el balcón de mi casa, lugar en el que un 24 de marzo de 2020 escuché a las 3:21am el mismo comunicado Nº 1 que resonó en cada radio del país en el aparente lejano 1976.


Veo a mi alrededor y una intranquila paz me rodea. La Argentina duerme sin descansar, de hecho el mundo lo hace, y eso se siente en cada hogar. La incertidumbre de lo que pasará nos tiene alertas y es entendible. Hace mucho tiempo que no sucede algo que nos movilice como nación, como argentinos. Pero ante este panorama, la historia, rebuscada como ella sola, nos vuelve a tocar la puerta de la memoria la verdad, y la justicia.


La memoria: una lógica familiar


Desde chico respiro política. Mesas familiares con diversos pensamientos me acompañaron, o mejor dicho, me educaron en la diversidad. Me ayudaron a comprender que no todos pensamos igual y que eso está bien. Me ayudaron a entender lo importante del diálogo y del ayudar al otro por sobre todas las cosas. Me ayudaron a reconocer la importancia de la identidad. Aquella que si poseemos no valoramos pero que al faltarnos la sentimos más que a cualquier otra cosa. Y créanme... más que a cualquier otra cosa. Me ayudaron a internalizar la democracia y a entender que con ella se come, se cura y se educa, aunque me haya tomado años comprender realmente de dónde venía eso.


Mi círculo me hizo vivir a flor de piel esos años oscuros. Me llenó de historias en primera persona que me hicieron sentir cada instante, cada doloroso instante que se vivió durante aquellos días. Al escribir cada letra, se me viene a la mente esas palabras acompañadas por un frío viento que le da sentido a todo. El tiempo me hizo interiorizarme más en ello. Buscar más testimonios, sentir más testimonios que le dieran forma a una época de silencio, parecida a la actual, llena de incertidumbres y miedos... pero con la diferencia de que el Estado no te protegía. El Estado te perseguía. El Estado te desaparecía...


Un balcón en el que pensar el silencio


Nuevamente, me sitúo en este balcón porteño. Me pongo a pensar en mi realidad y en la de miles de jóvenes que soñamos y dedicamos nuestras vidas por un país mejor. Todos y todas pensamos en ello por el simple motivo que hemos nacido y desarrollado nuestros primeros años de vida bajo un sistema que pocas veces es reconocido como se merece. Un sistema por el que miles de personas en nuestro país han dejado su vida, o se la han quitado. Proyectamos nuestras vidas con esta base firme de ideales democráticos que nos han inculcado de chicos y chicas, pero que le ha tomado varias décadas a muchas otras personas entender.

Foto tomada por el autor

Este silencio del que les hablo hoy es muy distinto al que alguien que perteneció a la juventud de los 70 como nos gusta definirlos pudo contar. Este silencio del que les hablo es muy distinto al que se sintió durante siete años en nuestro país. Este silencio del que les hablo es un homenaje a ese miedo constante que aquella generación vivió y que nunca debemos olvidar. Porque, justamente, olvidar significaría desconocer años de búsqueda de igualdad y de lucha por los derechos de tantos y tantas que hoy no tienen la oportunidad de contarla.


Ya pasaron 44 años y hoy, después de muchísimo tiempo, no tendremos la posibilidad de juntarnos. De sentirnos uno en el pueblo por la realidad que nos toca vivir. La responsabilidad de entender los momentos históricos nos llevó a comprender que este día debe ser vivido desde casa. Nuestras guías, nuestras Madres y Abuelas de la Plaza, así lo han querido, acompañando a lo dictado por el Presidente de la Nación. Nadie mejor que ellas para personificar tanto dolor.... y tanto amor de un pueblo que las abraza, día tras día. Entendemos que no son infinitas y que, por ello, cada hora que pasa las debemos cuidar más. Ellas nos han transmitido años de lucha y compromiso. Nos han enseñado a recordar, a no olvidar y a aprender que para crear un mejor futuro hay que conocer de dónde venimos para no repetir los mismos errores.


Las Fuerzas Armadas Democráticas


Hoy nos encontramos con unas Fuerzas Armadas al servicio de la sociedad. Nos encontramos con que sus integrantes nacieron, se educaron y se encuentran al servicio de la democracia. Esto es el fruto de tantos años de alimentar en el pueblo argentino ese espíritu de memoria. De entender hacia dónde queremos ir y hacia dónde no queremos volver, nunca más.

Foto tomada por el autor

Ante esta crisis, cada parte del territorio nacional se encuentra contenido por el trabajo de miles de hombres y mujeres que están dando su vida por el otro. No para destruirlo, sino para darle una nueva oportunidad ante este enemigo invisible. Es deber de todo argentino y argentina reconocer este sacrificio, no para cerrar heridas, sino para que el "Nunca Más" no sea un simple slogan. Para ello, el rol de las FF. AA. debe estar centrado en el servicio, como debió haber sido siempre.


En esta nueva noche fría de otoño tenemos la posibilidad de repensar lo que nos pasó para nunca más repetirlo. Para revalorizar lo que hemos logrado. Para revalorizar lo que significa tener el poder de decidir. Para revalorizar lo que es vivir en democracia, esa que desprestigiamos pero que continuamente buscamos y exigimos. Porque a partir de ella, todo. Porque sin ella, nada.

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