INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

Menstruar, un lujo

En la Argentina, los productos necesarios para mantener una higiene adecuada y no estar incómodes durante la menstruación (como las toallas sanitarias o los tampones) no son considerados por el Estado como un producto de “primera necesidad”, por lo que no están exentos del impuesto al valor agregado (IVA). Es decir, el Estado aumenta el precio de los productos -necesarios por una cuestión de salubridad e higiene para toda persona que menstrúe- un 21%. Generando así, un incremento del valor (en un gasto fijo mensual), que es pagado por le consumidore final.


Por Luciana Tarascio



Menstruar implica un gasto mensual fijo que toda persona con un útero fértil debe incurrir durante aproximadamente 40 años en toda su vida. Para entender mejor el gasto económico que esto implica, primero debemos tener en cuenta la ya existente brecha salarial. Si bien la menstruación es algo que afecta a toda persona con útero fértil, el grupo mayoritario que menstrúa, es el de las mujeres.


Es sabido que el periodo de sangrado menstrual dura de 3 a 5 días y que el ciclo se repite cada 28 días, 13 veces por año, normalmente. Con datos aproximados, una persona con útero fértil empieza a menstruar a los 12 años, y continúa hasta la menopausia, que comienza en la quinta década. Entonces, considerando un ciclo regular de 5 días de sangrado, en un año, se tienen poco más de dos meses de sangrado continuo. Asumiendo que el ciclo es regular y no es interrumpido durante toda la vida fértil de la persona (40 años aproximadamente), la suma de los días de sangrado es de 2470 días, equivalente a poco menos de 7 años.


Por cada periodo se suelen usar entre 2 a 4 toallas sanitarias diarias, equivalente a 20 por ciclo. Según la lista de Precios Cuidados, la única toalla sanitaria disponible es la “Toallas Femeninas Normales con Alas Confort Ladysoft”, que cuestan $29,08 las 8 unidades. Si hacemos el cálculo, teniendo en cuenta la cantidad de toallas sanitarias necesarias por ciclo, se gastan al menos $72,7, osea un gasto anual de $945,1. Cabe destacar que, acorde a la Resolución 03/2018 el “Salario Mínimo Vital y Móvil”, a partir de junio del 2019, es de $12.500, el cual suele ser usado para sostener una familia compuesta de 4 personas (xadres y dos hijes).


Por lo tanto, si asumimos que por cada familia tipo hay, por lo menos, dos personas que menstrúan, el gasto se duplica, aumentando a $1890,2 anuales -lo que equivale a un 15% del ingreso mensual familiar-. Cabe aclarar que estos resultados fueron calculados sin tener en cuenta el resto de los productos necesarios para una buena higiene en el periodo menstrual, como por ejemplo protectores diarios (que sirven para absorber el flujo vaginal que se produce a lo largo del ciclo).


Aquellas personas que no pueden darse el lujo de incurrir en estos gastos terminan realizando prácticas insalubres que aumentan drásticamente el riesgo de infecciones que derivan, potencialmente, en futuros problemas de infertilidad. A su vez, esto desborda el ámbito de la salud pues afecta también el ámbito laboral y escolar, ya que muchas de las personas menstruantes que no pueden costear los productos necesarios, se ausentan de la escuela o el trabajo durante esos días -acto alimentado por el estigma e invisibilización que rodea el tema en cuestión-. Asimismo, hay una grave falta de respuesta institucional ante esta problemática social, producto de las estructuras heteropatriarcales intrínsecas en la cultura, aunque eso es tema de análisis para otro artículo.


El periodo menstrual no es optativo, de manera que el impuesto sobre los productos de higiene utilizados durante dicho ciclo termina siendo una medida sexista. Este impuesto es una multa por existir, que con lógicas patriarcales contribuye a la injusticia social que, como muchas otras medidas estatales, afecta principalmente a los sectores más vulnerables de la sociedad, a aquellos que están por debajo de la línea de la pobreza. Actualmente en Argentina no existe política alguna que asegure el acceso gratuito e irrestricto a los productos necesarios para la higiene durante la menstruación.


Por esta razón es que ya existen grupos de activistas como “MenstruAcción”, que buscan promover un proyecto de ley para que se le extraiga el IVA a las toallas sanitarias y a los tampones, y también para que estos productos sean distribuidos de manera gratuita en las escuelas, hospitales y cárceles.


A manera de conclusión, la quita del IVA de los productos de gestión menstrual es imperativa para generar vidas más dignas, y para abrir el sendero hacia una sociedad más equitativa, ya que son productos de primera necesidad utilizados -mayoritariamente- por mujeres. En tal sentido, este impuesto tributario sobre dichos productos, pone en desventajas económicas y sociales a las personas que menstrúan.


Valoramos la pluralidad de opiniones. Las notas publicadas por Política en Jaque no necesariamente representan los valores de la organización.

© 2020 Todos los derechos reservados. Política en Jaque - Organización Política.