INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

¿Es la tecnología una política pública de género?

Mucho se ha debatido sobre la brecha de género en carreras STEM o la brecha salarial, y también sobre la tecnología y cómo ésta nos atraviesa en nuestro día a día y los beneficios que trae, no sólo económicamente, sino también, como un nuevo paradigma a la cultura de trabajo y la vida en general. Por eso, a continuación me propongo hacer un cruce entre estas discusiones.


Por Lucia Martin

Sin embargo, antes de meterme de lleno en el debate me gustaría profundizar algunos conceptos para re-pensarlos.


¿Qué es la tecnología?


El término está compuesto por dos palabras griegas que son «tekne» que significa técnica, arte, cúmulo de conocimiento y «logia» que da una traducción de destreza, es decir, que es la técnica o destreza de algo o sobre algo que nos da herramientas concretas que le permiten al ser humano vivir mejor en su entorno. Este concepto está bastante alejado del imaginario popular, que asocia la palabra tecnología con una computadora, un celular o Internet; pero a través de ellos podemos llegar a mi propia definición de tecnología: la tecnología es una herramienta y como tal nos permite solucionar distintos problemas, con la particularidad de ser universal, no requiere de grandes cantidades de recursos y atraviesa todos los campos disponibles, incluso los que parecen alejados.


Está demostrado que la tecnología aumenta la riqueza de los países que la utilizan al igual que superar la brecha de participación del empleo de las mujeres supone un 76% de aumento en sus ingresos a un valor global de 17 billones de dólares.


¿Entonces les enseñamos a las mujeres a programar y solucionamos todos los problemas?


Evidentemente la respuesta es no e implica una pregunta más profunda ¿Por qué las mujeres no aprendieron a programar si es un mercado con oferta insatisfecha? La explicación no tiene una única respuesta, ni una única solución. Lo que sí es cierto es que a cuanto mayor tecnología menor cantidad de mujeres trabajando en ella. La respuesta a estas preguntas son un debate muy complejo que contiene distintas aristas: el más fuerte es el de carácter socio-cultural, pero no vamos ahondar en ese tema en este momento.


Más allá de la pérdida monetaria existe una pérdida mucho más importante: la de la diversidad. Utilicemos un sencillo ejemplo que ilustra esta problemática. Siri, la asistente personal de Iphone, fue creado para utilizarse en los momentos que nuestra mente se bloquea y no sabemos cómo reaccionar: si tu casa se prende fuego y se lo contas a Siri, automáticamente te va a dar el número de los bomberos y probablemente alguna recomendación. Sin embargo si le decimos “me están persiguiendo en la calle” o “ me violaron” nos contesta que no nos entiende y esto ocurre porque quienes programaron esta herramienta fueron hombres que no tenían estos problemas por lo tanto no crearon soluciones para los mismos.


Si pensamos que programar es la automatización de problemas en la vida cotidiana y en los lugares que se crea tecnología solo hay hombres o personas que consideramos muy alejadas de nuestra realidad ¿Quién va a resolver NUESTROS problemas?


Aquí es donde la política comienza a articularse con este tema. Cuando tomemos conciencia de que la tecnología nos convierte en agentes de cambio dentro de la sociedad, que con ella podemos resolver nuestros problemas y aumentar nuestro bienestar siendo nosotros mismos el motor del cambio con poca cantidad de recursos, podremos decir que la tecnología es una política pública. No solo tenemos que enseñar tecnología desde las escuelas primarias “porque es el mundo que se viene”, sino porque es el mundo que está y no podemos ser sólo consumidores pasivos de lo que nos rodea; el siglo XXI es considerado el siglo de la tecnología, pero creo que va más allá, es el siglo de la igualdad porque nos permite acceder a cualquier lugar del mundo desde la computadora de mi casa, rompiendo las reglas de juego establecidas para destruir barreras de tiempo y de recursos. Poder hacer un curso de tecnología a distancia, incluso de universidades de otros países, poder trabajar para otros países desde la comodidad de mi casa, usar las redes sociales para compartir mis problemas y mis soluciones, entre otras.


Por los motivos expuestos anteriormente, considero desde mi punto de vista, que es necesario que como sociedad nos replantiemos el rol que la tecnología ocupa en nuestras vidas y que entendamos que la falta de diversidad, no solo de mujeres, es un problema real con consecuencias claras que afectan nuestra calidad de vida. Por eso creo que la política no debe quedarse afuera de esta discusión y pensar una solución para revertir los resultados actuales.


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