INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

Subestimando al coronavirus

De cómo pase de subestimar al coronavirus a entender su gravedad, y cómo la población sigue sin respetar la ley. Cuarta entrega del especial #PandemiaEnJaque.


Por Paula Cortes

Hace poco más de una semana, discutía con mis padres por exagerados, por llenarme de noticias sobre el coronavirus, por no poder parar de compartir fake news que lo único que hacen es asustarnos y crearnos psicosis.


Algunas semanas atrás, había decidido ponerme en cuarentena antes de que se anunciara el aislamiento social preventivo y obligatorio por parte del gobierno, mientras observaba a mi alrededor cómo muchos subestimaban la pandemia por solo haber pocos casos en el país.


Yo también era una de esas personas que subestimaban a ese virus que andaba circulando ya por gran parte de los países del mundo. Disfrutaba de la libertad de mi departamento, hasta que mis papás me fueron a buscar el miércoles 18 a la ciudad de la furia para llevarme a mi ciudad natal, por el temor a la restricción al tránsito y a que me quedara aislada, lejos de la familia. No voy a mentir, me pareció una medida exagerada. De esta manera, estaría “más segura” para cumplir la cuarentena hasta el día de hoy no se registró ningún caso de COVID-19 en mi ciudad. Mis padres, por sus años y experiencias de vida, veían el fenómeno de una manera diferente a la mía.


Desde el miércoles 18 que llegué a Balcarce que no salgo a la vía pública. Mi papá es la persona designada para salir a hacer los mandados de la semana y para comprar algún que otro medicamento que se precise en mi casa o en lo de mi abuela.


Desde ese día que llegue, veo cómo mucha gente sigue sin tomar conciencia y sale a pasear por la calle, sale a ejercitarse por la avenida con su botellita de agua, negocios que no son de primera necesidad abiertos como si fuera un día de semana normal, grupos de amigos que se siguen juntando como si nada pasara, vecinos que llegan de vacaciones y no respetan la cuarentena obligatoria porque “yo estoy perfecto, no tengo ningún síntoma”. Fue necesario que nuestro presidente saliera en cadena nacional para que la cantidad de gente en la calle mermara, aunque no del todo.


Hoy, que la incertidumbre nos invade, que no sabemos hasta cuándo vamos a tener que estar adentro de nuestras casas, empezamos a valorar más las pequeñas cosas: una foto, una videollamada con tus amigues, ese vientito que huele a libertad que entra por la ventana, ese mensaje de algún integrante de la familia a quien no podemos ver, o un amigue que quiere saber cómo estamos, y que nos recuerda que nos cuidemos.


Hoy el cuidado de une se convirtió en el cuidado del otre también. En estos días no hay espacio para egoístas, solo para personas solidarias. Espero, como argentina, que la sociedad utilice estos días para reflexionar y tomar conciencia de nuestra realidad, revalorizando el rol del Estado, como garante de los servicios esenciales de salud, educación y seguridad. Y, por sobre todas las cosas, que entendamos que para estar sanos hay que quedarnos en casa. Hoy un mensaje de amor se reduce a un "cuídate, lávate las manos y no salgas de no ser necesario". Estoy convencida que el mundo va a ser diferente cuando esta pandemia llegue a su fin.



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