INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

Sobrevivir al patriarcado

En la militancia feminista me he encontrado con muchas mujeres, cis, lesbianas, trans, que creen tener “la verdad” sobre el patriarcado y la resiliencia. Hablan de abuso, acoso y aborto como contenido legislativo pero afortunadamente no lo vivieron en primera persona. A ellas les agradezco, pues su militancia me enseñó a hablar, a no callar, a resistir… a sobrevivir al patriarcado. Pero la realidad de una víctima es un poco menos blanco y negro, y deconstruir a la víctima es parte de sobrevivir. Es la muy en boga resiliencia.

Foto: Ariel Gutraich


Ocho años tenía la primera vez que un hombre me tocó, la experiencia fue de libro; cercano a la familia, amenaza y culpa para lograr el sometimiento silencioso por varios años. Miedo, vergüenza y dolor. La única aliada mi amiga de la misma edad que casualmente había pasado por una situación similar y ante la certeza que no nos creerían decidimos callar. Hoy, la gente me pregunta, 29 años después, qué me une a ella si somos tan distintas, pues la supervivencia.


Voy a pedirles me permitan un desliz poético, pero algunas cosas están tan vivas en la memoria que no sería bueno relatarlas así, no le harían bien a nadie.


Encerrando bajo llave en mi memoria esos años, decidí “ser normal”, enamorarme, querer una familia. Pero a los 15 años, alguien me rompió el corazón, diciéndome que yo no sería una chica para casarme, no sabría lo que eso significaba hasta muchos años después. Hoy le agradezco, por romper en mí el lazo al amor romántico.


Imagínense la actitud, después de eso, nada de llorar, ahora sería yo quien rompa corazones. Pero me duró poco, el chico malo del barrio me hizo un poco más de daño, recuerdo que mi primera relación “consentida” fue con un cuchillo en la garganta, tanto fue el dolor que sangré literalmente por días. Y aquí es donde lx lectorx pregunta, ¿no te diste cuenta? Pues no, queridx lectorx. Yo crecí en los 90 donde tener sexo antes de la mayoría de edad era tu culpa y aún más, eras una pu**. Y si decías que no fue consentido estabas mintiendo, porque seguro te gustó. De esa situación salí con la policía y con mi familia sin hablarme. Aún agradezco que se enojaran y llamaran a la policía, no lo van a saber nunca pero me salvaron la vida.


Eso fue el acabose, rompí relaciones afectivas con el mundo, no me relacionaba con nadie más que con ella, si esa amiga de la que les hablé. ¿Y la gente se sigue preguntando por qué?


Una sucesión de malas juntas, sexo sin amor y “my way or the highway” me fue matando de a poco por dentro. Ese fue más o menos el momento que decidí que no quería casarme nunca, que no confiaba en nadie y que el mundo era una mier**.


Pero queridx lectorx, aún no llegué al feminismo, así que acomodate los anteojos y presta atención, porque un día el amor iba a llegar, o eso creí, de la mano de un muchacho bastante mayor que yo, que entendió por lo que había pasado y me quiso igual. Con la mucha desgracia que se quería más a él, que no tenía futuro y que tomó la sana decisión cagarme a bifes hasta que abortara “espontáneamente” el feto que por un descuido habíamos engendrado. Todo muy romántico, ¿no? De ahí en más las cosas fueron de mal en peor, hasta que terminamos muy mal. Todo lo que salió mal seguro había sido culpa mía, no del patriarcado. Al terminar me enteré que habíamos tenido otro “descuido” y alguien me presentó al misoprostol. Una vez más me salvaron la vida, sobreviví al patriarcado. Y esta vez decidí que no iba a tener hijxs, porque estoy demasiado rota física y espiritualmente para hacerlo.


Finalmente, con una postura “resiliente”, decido creer una vez más, y esta vez el daño fue espiritual, me rompieron lo poco que quedaba por romper solo porque yo “brillaba más que él e iba a opacarlo”. Ya esta cuarta vez decidí ponerme los guantes y pelear, decidí ser una mujer sin miedo y con seguridad, me inventé un papel tanto que me lo creí.


A esta altura ustedes pensarán, esta piba se hace la víctima, pues no. Me motiva a escribir, que en la última semana, tres mujeres distintas de contextos “normales” se acercaron a mí diciendo “soy sobreviviente, pero no sé cómo lo haces”. Lejos de tener una receta mágica, esto es lo que yo “construí” y que quizás le sirva a otras sobrevivientes:


  1. No vas a poder olvidar tu pasado, pero vas a poder amigarte con tu yo, dejar de procesarlo como “tu” culpa, y vas a darte cuenta que todo lo que te pasó es culpa del patriarcado.

  2. Te va a costar confiar en alguien, pero buscá una amiga, aliada, otra sobreviviente. A ella no tenés que darles explicaciones de por qué reaccionas como reaccionas o lo qué haces o dejas de hacer.

  3. Vas a darte permiso de hacer con tu cuerpo lo que quieras, pero de verdad, sin estar estructurada por el discurso hegemónico de belleza. Sos bella “in your own way”, aunque tengas kilos de más o tu pelo sea de otro color.

  4. No vas a quedarte sola, o sí, si es tu elección. Sacarte de la vida a un “machirulo” es siempre la mejor opción, hay muchos fulanos algo deconstruidos que van a tratar de entenderte.

  5. Va a haber días que ni vos te entiendas, pero eso también está bien, es parte del proceso de sanar. Y si quien está a tu lado no lo entiende, pues no es lx indicadx.

  6. Vas a encontrar momentos en los que sos vos la que reproduce el mensaje patriarcal, y sí, también pasará.

  7. Si aún no se lo contaste a nadie, y no sabes por dónde empezar, te ofrezco mi hombro, una birra y muchos pañuelitos de papel si hacen falta.

  8. Y finalmente, no tengas dudas de a qué lado de la plaza Congreso perteneces, te vas a dar cuenta que los pañuelos verdes, son el símbolo de haber sobrevivido al patriarcado.

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