INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

Seguridad internacional: VIH en África

Un virus transmite de manera sexual una enfermedad letal. Cuando se

introduce en un ámbito social en el que el conflicto armado tiene lugar, ¿se

trata de un tema de seguridad internacional? ¿las enfermedades deberían ser securitizadas?


Por Agustina Gimenez Volpato


Campaña de prevención del VIH en África. Fuente: EFE

Una epidemia es aquella circunstancia en la que una enfermedad se propaga durante un cierto período de tiempo, en una zona geográfica determinada, y simultáneamente afecta a su población. Cuando una epidemia se expande a lo largo de otros países, se transforma en una pandemia. La pandemia del SIDA se ha convertido en un tema humanitario y de seguridad humana, debido a que representa un gran desafío para el bienestar global (Elbe, 2002).


Si una enfermedad es considerada una epidemia, intuitivamente no se trata de un tema de seguridad internacional, sino más bien de una problemática nacional. Mientras que una enfermedad o virus no cruce las fronteras de un país, se puede evitar abordarla internacionalmente. Sin embargo, los virus no respetan límites territoriales, y al expandirse por diferentes Estados, el panorama cambia y se torna en una pandemia.


Securitizar una cuestión hace referencia al proceso en el cual un tema es retirado de su entorno politizado o no politizado, y es elevado a la esfera de la seguridad internacional, intentando que cumpla con cuatro criterios. Estos son: (1) actores securitizadores que declaren un (2) objeto de referencia que es (3) amenazado de manera existencial y haga que se deban tomar (4) medidas de emergencia (Elbe, 2006). En este caso en particular, los actores securitizadores son organizaciones internacionales, gobiernos y organizaciones no gubernamentales, el objeto de referencia es el bienestar de la comunidad afectada, la amenaza es el VIH/SIDA y las medidas de emergencia son aquellas tomadas para contrarrestar la pandemia.


El VIH (Virus de Inmunodeficiencia Humana) y el SIDA (Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida) representan un grave problema en el continente africano debido a la gran magnitud que han adquirido. Según la Organización Mundial de la Salud, en noviembre de 2019, considerando la población total de personas infectadas con VIH, más de dos tercios de las personas que tienen el virus viven en África; esto representa 25,7 millones de personas. El siguiente cuadro es del año 2016, pero ilustra claramente la distribución de la enfermedad globalmente.

Fuente: Statista

Ahora bien, la distribución del virus dentro del continente no es igualitaria. Esta pandemia representa un problema principalmente en la zona denominada África subsahariana. Allí, el SIDA es una de las principales causas de muerte (Elbe, 2002). En el siguiente cuadro realizado en 2014, se observa la distribución del virus en el continente africano.

Como si esto fuera poco, en varias zonas de África hay disputas armadas vigentes, por ejemplo en Sudán del Sur y Nigeria. Y en cierto punto, los conflictos armados facilitan la propagación y contagio de esta enfermedad. Lo anterior resulta posible debido a que el SIDA posee una gran influencia sobre tres componentes en tales conflictos armados: sus combatientes, la manera en que se utiliza al SIDA en las zonas de disputa y la sociedad. Cada una de estas influencias pueden ser irrelevantes si se observan individualmente, pero juntas generan costos sociales significativos para la región (Elbe, 2002).

En cuanto a las fuerzas armadas africanas, la enfermedad SIDA ya ha comenzado a disminuir la eficacia de estas en la región. Esto se debe a diversos factores: la mayoría de los soldados son jóvenes, sexualmente activos y se encuentran lejos de sus hogares por largos períodos de tiempo. Además, en el contexto de conflicto armado las violaciones a mujeres del territorio atacado suelen ocurrir, haciendo así que los soldados tengas más “oportunidades” de encuentros sexuales. Bajo estas circunstancias, los combatientes están más expuestos a contraer enfermedades de transmisión sexual (Elbe, 2002).


Esto produce consecuencias a nivel nacional dentro de las fuerzas armadas ya que aquellos que contraen VIH o mueren por causa de ella, deben ser reemplazados y la presencia de la enfermedad entorpece el cumplimiento de las tareas de los soldados. Además, la propagación de VIH genera que mueran combatientes especializados (a veces de alta jerarquía) que no pueden ser fácilmente y rápidamente reemplazados. A nivel internacional, las misiones de paz se ven afectadas ya que muchos de ellos contribuyen (Elbe, 2002).


Una enfermedad puede ser utilizada como un arma de guerra. En este caso, consiste en usar el contagio de SIDA, a través de secuestros y violaciones a mujeres y niñas de la región. Parecería ser que la enfermedad se utiliza en África como un arma psicológica, debido a que cuando las mujeres son violadas y contraen SIDA, el costo social de regresar a sus hogares es alto. Esto es que ya no son vistas como antes. Entonces, se podría decir que los combatientes aprendieron a usar los efectos psicológicos y letales del VIH o SIDA para obtener ventajas estratégicas sobre sus oponentes (Elbe, 2002).


Los conflictos armados también poseen consecuencias a nivel social, no solo tienen impacto sobre los combatientes, sino sobre algunos sectores de la sociedad (Elbe, 2006). Las disputas no solo representan un costo económico para los Estados que participan de este, sino que a nivel social siempre cobran muertes de civiles inocentes. En este caso en particular, los civiles están en riesgo de contraer VIH, y una población enferma representan un grave problema para cualquier país.


Teniendo en cuenta que todo lo anterior no afecta a un solo Estado, sino que a toda la región de África subsahariana, resulta conveniente considerar si esta cuestión debería tratarse como una de seguridad internacional. Las enfermedades pertenecen al ámbito de la salud y las cuestiones de seguridad a la esfera Estado-Céntrica. Hacer esto podría invertir o hasta confundir las prioridades a la hora de llevar a cabo una acción en la región, aunque la securitización de una enfermedad como el SIDA mezclaría dos esferas muy diferentes, llevar a cabo esta acción podría traer beneficios sociales (Elbe, 2002).


Llevar las enfermedades a la esfera de la seguridad, podría impulsar respuestas tanto nacionales como internacionales hacia el VIH en sí, en beneficio de los afectados. Además, si esto es pensado desde la lógica “amenaza-defensa”, el virus se puede interpretar como una “amenaza a la seguridad” haciendo que se tomen más acciones que ayuden a los infectados (Elbe, 2006). Securitizar este tipo enfermedades significa hacerlas más visibles, que se tome conciencia de ellas y salvar más vidas.


La simbiosis emergente entre el SIDA y los conflictos armados en África podría ser revertida sólo si los combatientes, el grupo de riesgo y portador de la enfermedad, participa de campañas nacionales e internacionales para reducir su esparcimiento. En cuanto a la teoría de la securitización, este dilema no puede ser resuelto desde allí, pero sí permite una concientización de la presencia de la enfermedad, y el virus que la produce habilita a los líderes políticos, activistas y académicos a relacionar este tema con la seguridad internacional, de modo tal que los peligros que este virus conlleva se minimicen (Elbe, 2002).


Referencias

Elbe, S. (2002). HIV/AIDS and the Changing Landscape of War in Africa, International Security, Vol. 27, No. 2 (Fall), pp. 159-177.

Elbe, S. (2006). Should HIV/AIDS be securitized? The Ethical Dilemmas of Linking HIV/AIDS and security, International Studies Quarterly, 50(1), 119-144.

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