INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

Rosa Bonheur

Lesbiana, de familia de artistas, con una fuerte conexión con la naturaleza reflejada en su pasión por pintar animales. Rosa Bonheur (1822-1899), una artista plástica de la que vale la pena seguir hablando.


Por Agustina Gimenez Volpato

Marie Rosalie Bonheur, mejor conocida como Rosa Bonheur, nació el 16 de marzo de 1822 en Francia. Alcanzó la fama gracias a su talento para capturar la esencia de animales en sus óleos. Es una referente del movimiento feminista y fue la primera mujer en la historia en ser galardonada con la Grand Cross of the Legion of Honour (1865). En el pasado, las mujeres y el arte no se vinculaban en un sentido laboral, sino como un pasatiempo. A contracorriente de estos preceptos, Bonheur hizo de la pintura su ocupación de tiempo completo.

Durante su adolescencia desarrolló un fuerte interés por los animales y su anatomía. Vacas, cabras, conejos, perros y hasta llegó a conseguir permiso para observar leones para su correcta reproducción en el lienzo. Para 1860, su fama creció tanto que las ganancias de sus obras le permitieron comprar lo que se volvería su emblemático caserón y taller, Château de By.

A corta edad conoció a Nathalie Micas, con quien compartía su amor por la pintura y los animales. Micas se convirtió en su compañera de vida hasta 1889, año de su fallecimiento. Al quedar viuda, Bonheur comenzó una relación con la pintora Anna Elizabeth Klumpke. Este vínculo continuará por el resto de la vida de Bonheur, que dejó a Klumpke como su única heredera.

Evadiendo los roles de género propios de su época, su vestimenta “consistía de una levita [abrigo de hombre del siglo XIX], pantalones sueltos grises con tirantes, botas con tachas, y un sombrero raro” (Stanton, 1939, en Boime, 1981, p. 12). A pesar de encontrarse más cómoda en vestuario tradicionalmente masculino, en algunas ocasiones debía hacer excepciones para determinados visitantes y resguardarse. (Boime, 1981). Se cuenta que, en una oportunidad, el pintor y crítico Henry Bacon acudió a visitarla. La artista olvidó totalmente cambiarse para la ocasión. Excusándose por su atuendo masculino, al abrir la puerta Bonheur explicó a Bacon: “ahora que me has visto, no necesito cambiarme; pero si hubiese sabido que vendrías tan temprano, me hubieras encontrado como una mujer” (Bacon, 1884, en Boime, 1981, p. 13).

Esta libertad frente a las imposiciones de rol de la época se explican con su crianza y formación, en las que su padre jugó un papel fundamental. Rosa era hija de Raymond Bonheur quien, para los estándares de su tiempo, podría ser considerado un padre liberal. Raymond era pintor y, además de compartir con su hija todos sus conocimientos artísticos, le brindó un apoyo incondicional para que su hija se dedique al arte, sin marcar diferencia alguna con sus cuatro hermanos varones (Boime, 1981). Así, Rosa fue criada en un hogar libre de normativas de género.


El foco de sus pinturas se mantuvo casi íntegramente en representación realista de animales. Sus obras van desde simples animales domésticos hasta llegar al máximo nivel de detalle reflejado en sus emblemáticos leones.


En la opinión de quien escribe, la presencia de animales salvajes en sus pinturas puede relacionarse con el espíritu libre de su creadora. Estos, al igual que ella, existen a su forma sin ceder ante nadie. Esta naturaleza puede ser comparada con su forma de ser tan disruptiva para su contexto histórico. Su carácter imponente es un fiel reflejo de la figura histórica en la que se convirtió la pintora. Dejando tras de sí un legado, Rosa Bonheur vivió a su manera.


Bibliografía

Boime, A. (1981). The case of Rosa Bonheur: why should a woman want to be more like a man? Art History, 4(4), (pp. 12-45).

The Art Story Fundation: Rosa Bonheur, Biography and Legacy (s.f).


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