INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

¿Qué debe enseñar la Universidad?: entre el conocimiento y el "saber-hacer"

La función de una Universidad en una sociedad requiere ser pensada bajo una serie de debates donde se deben encontrar en discusión el conocimiento y sus legitimidades: cómo lo pensamos, de dónde se produce, cómo se produce, quién lo enuncia y quién lo recibe, y su función: para qué se conoce, bajo qué contexto, con qué función; todo en un momento en el cual la distribución y apropiación de conocimientos y saberes están en permanente discusión.


Por Lucas Ochoa


Frente de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires

Si pensamos al conocimiento en un sentido de “saber cómo” – conocido por su término en inglés Know How -, la hegemonía financiera y la globalización imprimen un sesgo tecnologicista y economicista que soslaya y suprime el conflicto cultural y los diferentes contextos particulares que se suscitan en una sociedad. En este sentido, las condiciones de empleabilidad requieren, en términos de Aronson, competencias ajustadas al permanente cambio de trabajo, en el cual es preciso adquirir un “conjunto de cualidades y prácticas indispensables para la marcha de sociedades cuyas exigencias son dictadas por la competitividad internacional y la productividad” (Aronson, 80:2007). Sin embargo, el conocimiento y el saber contiene una amplitud mucho mayor que esta mera cuestión. Además del “cómo”, la acción de conocer guarda implicancias más abarcadoras que circundan las preguntas del “por qué”, “cuándo”, “dónde” y “quién”.


En un mundo en el cual las competencias laborales reemplazan a los saberes sociales y culturales bajo los parámetros de la reingeniería empresarial y competitividad del mercado, cabría analizar cuáles son las exigencias y de quién y por qué se las considera más relevantes en la actualidad, cuando en realidad las sociedades están dirigidas por Estados soberanos con autoridad, capacidad y sobre todo legitimidad para normar y regular estos procesos en cada país. En estas discusiones es donde se debe poner la lupa: atender cuáles son los “requerimientos” externos, que de ningún modo son condiciones u obligaciones, para que el Estado pueda adecuar, adaptar y sintetizar esos pedidos a una cultura y un sistema educativo nacional, en el marco de políticas estatales dentro de la Nación. Es fundamental por lo tanto introducir en el eje de la discusión a la Industria y a la Universidad, pero siempre teniendo en cuenta la legitimidad del Estado para llevar adelante los debates y direccionar las discusiones.


La lógica de “menos comprensión, más competencias” en relación a que lo importante es incorporar saberes técnicos que comprendan “saber hacer”, no se deben perder de vista en un marco de profunda globalización e individualización contemplados por la lógica del capital financiero. Sin embargo, el sólo “saber hacer” esconde y visibiliza una serie de tramas económicas que se presentan como invisibles e incuestionables.


En este sentido, además de incorporar el marco económico global y nacional en la discusión de la enseñanza, no se debe perder de vista el lugar del conocimiento y su espacialidad. El conocimiento no es universal, no está dado de antemano, no es transparente: está hecho por personas y sociedades que conservan distintos lugares dentro de los espacios de poder y enunciación. Por lo que para clarificar el debate es importante recuperar el lugar de la enunciación: quiénes y desde qué lugar producen conocimiento, tanto desde la clase como de la raza y el género. “Las nuevas tecnologías introducen la ilusión de un acceso universal”, señala la especialista en educación Sandra Carli. Como la economía, el conocimiento está organizado mediante centros de poder, bajo una suma de tradiciones, lenguas y disciplinas, agrega la autora, al señalar que los fenómenos educativos son multitemporales y que no se pueden universalizar, es decir, deben atenderse sus particularidades para que, de este modo, no se supriman los conflictos y las diferencias se tornen invisibles.


La idea de que la universidad sólo debe enseñar a trabajar o a producir conocimientos que sólo sean empleados para mejorar la productividad nacional o global encaja como anillo al dedo en el discurso de la competitividad, el beneficio económico y la maximización de los recursos. El saber técnico como a-ideológico y a-histórico es el recurso más efectivo de este tipo de construcciones de sentido. Como señala Treviño, estos discursos son de tipo “tecnologicista y economicista” en un proceso de “diseminación, proliferación y vaciamiento” de sus sentidos, comúnmente empleados para invocar valores presuntamente positivos, pero claramente nubosos como flexibilidad e innovación: “Los usuarios de estas nociones rara vez explicitan los supuestos de tipo social, cultural, político, económico que soportan sus ideas” (Treviño, 381:2012). Es por eso que cuando se ejecuta un mero saber instrumental y desaparece la densidad política-económica, hay un poder que opera y que, cuanto más oculto se encuentra, más efectivo resulta. El conocimiento, como señala Treviño, es “un valor humano, un bien social, un derecho” pero también “un objeto de disputa, una posesión estratégica, una causa de exclusión, un artículo de venta y consumo”. El rol que debe tener la Universidad, por lo tanto, es hacer una correcta evaluación sobre qué es el conocimiento y el saber en una sociedad determinada, bajo un rol definido del Estado, la Industria y el Mercado, en una producción multi-espacial, contempladas por las diferentes enunciaciones raciales, étnicas y de género.


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BIBLIOGRAFÍA:


TREVIÑO, Ernesto (2012) “Sociedad de la información y sociedad del conocimiento: diseminación y vaciamiento de significados”. En Buenfil, Rosa Nidia, Fuentes Silvia y Treviño, Ernesto (coord.) Giros teóricos II. Diálogos y debates en las ciencias sociales y humanidades. México: Facultad de Filosofía y Letras-Universidad Autónoma de México. Pp373-385.


ARONSON, Perla (2007) “La globalización y los cambios en los marcos de conocimiento. ¿Qué debe hacer la universidad?”. En Aronson, Perla (coord.) Notas para

el estudio de la globalización. Buenos Aires: Biblos.


CARLI, Sandra (2012) “Conocimiento y universidad en el escenario global. La crítica al universalismo y la dimensión de la experiencia”. En Buenfil, Rosa Nidia, Fuentes Silvia y Treviño, Ernesto (coord.) Giros teóricos II. Diálogos y debates en las ciencias

sociales y humanidades. México: Facultad de Filosofía y Letras-Universidad Autónoma de México. Pp319-336.

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