INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

  • Francisco V. Caporiccio

¿Que cambiarías de la sociedad argentina?

Me di cuenta que el problema real era que no me podía decidir, el problema real es que hay tantas cosas que cambiar, que es difícil elegir; “injusticias“ pensé, pero no sé si empezar por la “piba” de 30 que murió víctima de femicidio con el 90% del cuerpo quemado, pero el acusado dice que se quemó ella sola …o eso me dijeron los medios, (IMNEUQUEN), o al pibe de doce que estaba por empezar el secundario pero lo mataron porque “la moto en la que era pasajero iba conducida por su amigo, el hijo de alguien pesado en el barrio” o eso leí en el diario. (Dos años sin justicia para Facundo, 2020).


Por Ángela C. Ruffet



Pensé también en la iglesia como institución, prendida económicamente cual sanguijuela al Estado, pensé también cuando en un debate alguien tomó como propias las palabras de una persona que hace videos por YouTube y no decir las cosas por propio criterio. Pensé cuando una vez tuve que escuchar cátedras sobre algún tema de alguien que no tiene idea del tema, me acordé de cuando tuve que soportar la bronca de no decir lo que pienso. Pensé en las marchas donde se lucha por los derechos humanos, en las que estuve, en las que vi gente cantando y bailando, en las que había niños, ancianos, parejas, entre otros; pensé en lo lindo que era ese sentimiento de estar rodeado de gente con ideales hermosos, para después volver a mi casa y que mi vieja se preocupe por mí porque en el noticiero salían imágenes de cómo habían “destrozado” todo.

Vaya donde vaya los medios actúan, influyen, me rodean. Como arma del más poderoso, imponiendo su verdad, la monopolización de los medios en la Argentina es una realidad, y eso es lo que quiero cambiar.

La televisión/3

"La tele dispara imágenes que reproducen al sistema y las voces que le hacen eco; y no hay rincón del mundo que ella no alcance.

El planeta entero es un vasto suburbio de Dallas. Nosotros comemos emociones importadas como si fueran salchichas en lata, mientras los jóvenes hijos de la televisión, entrenados para contemplar la vida en lugar de hacerla, se encogen de hombros.

En América Latina, la libertad de expresión consiste en el derecho al pataleo en alguna radio y en periódicos de escaso tiraje. A los libros, ya no es necesario que los prohíba la policía: los prohíbe el precio."


El libro de los abrazos, Eduardo Galeano (1987)

Como todos saben, la constitución necesitó y necesita varias reformas. Hasta el año 2009 seguía vigente la Ley de Radiodifusión 22285, instaurada durante la última y más cruenta dictadura militar, fue ,finalmente, reemplazada por la Ley de Medios, en la que se abría y se garantizaba la participación de instituciones públicas, organizaciones sociales y la ciudadanía en su conjunto como productores activos de la comunicación social.


La implementación de esta ley para mí fue muy importante, la consideré antimonopólica al tiempo que la población recibe de esta forma información con distintos puntos de vista. Aunque tengo presente que un gran porcentaje se seguiría fiando de los medios más conocidos o reconocidos, el derecho de libre expresión estaba a un paso más adelante de dejar de ser “(…) el derecho al pataleo en algún radio y periódicos de escasos tiraje” (Galeano, 1987). Existía la posibilidad de elegir con qué alimentar la mente, como me dijo un profe una vez: así como uno elige la comida en base a si es saludable o no, se debería hacer lo mismo con la información en la que uno desea recibir. De una forma u otra, en el último tiempo la Ley de Medios dejó de regir, volvió o empeoró la monopolización. El Grupo Clarín es un claro ejemplo.


Después está el papel secundario, el de los televidentes: los adultos, padres, tíos, abuelos, compañeros, amigos a quienes les (nos) insertaron el chip de la desinformación, y ellos (nosotros) mismos se (nos) encargan (encargamos) de propagarla, tomándola como la verdad absoluta, transmitiéndola de boca en boca e implantando ideas o criterios de alguien más. Después de todo es así como funciona el poder. Teniendo en cuenta que existe un solo hecho pero miles de interpretaciones, el poder muestra su interpretación y la declara como “la verdad”. Así me pasaba a mí cuando era más chica, algún familiar miraba la tele, me contaba lo que veía y lo que “opinaba” y yo lo transmitía. Pasó el tiempo y empecé a discrepar en todas las cosas que me decían. Entonces, me informé, cuestioné y aprendí realmente.


La juventud que nos rodea y de la que formo parte está muy resentida con lo que los medios predican. Desde lo que pasa en el país hasta los estereotipos de cómo uno debe ser, de cómo uno debe vestir, de lo que uno debe consumir. Nos generan trastornos, envidia, enfermedades, entre otras cosas. Pudren a la sociedad, y con ella a la juventud o, mejor dicho, a las juventudes. Es así, día a día, los medios y las empresas multinacionales van de la mano. Las redes sociales no se quedan atrás, muchas veces, por ejemplo, creando falsas noticias o distrayéndonos de lo que en realidad importa.


Si cambiamos la “forma” de los medios, cambiaría nuestra perspectiva ante hechos cotidianos. Nos muestran miles de cosas, tantas injusticias que son olvidadas, nos la repiten las veces que sea necesario para que nos las creamos o las tomemos por lógicas o cotidianas. Si aprendiéramos las técnicas de manipulación de los medios, nos podríamos defender mejor.


Crédito: Constanza Niscovolos

Llega un punto en el que me planteo si mis gustos o creencias son míos, propios, o fueron insertados de alguna forma, cultural y mediáticamente, para el beneficio del poder. Así como también, por ejemplo, las ideologías políticas, el fútbol, la religión, las cosas que nos dividen, nos separan; “divide y reinaras” se puede leer en El príncipe de Maquiavelo. ¿Quién reina? El poder. ¿Qué tiene el poder? Los medios (y el capital). ¿Qué hacen los medios? Manipular a las masas, insertar ideales o gustos, deseos de consumir; todo desemboca en la cultura de la violencia, en el deseo de querer más y en los extremismos (que después nos van a mostrar en los medios y nos vamos a sorprender y nos vamos a asustar). Naturalizando las desigualdades, la distribución de las riquezas, la pobreza, el desmonte como signo de progreso y la sorpresa/tristeza ante desastres medioambientales, el rechazo de movimientos, como las marchas, dejando de lado a la lucha principal, entender a las juventudes como torpes sin interés por las cosas que nos rodean, el acostumbramiento a las noticias de robos en la calle que generan tanto odio como miedo, políticos que proponen mayor cantidad de policías en vez de educación pública de calidad, repudio a los abortos pero falta de educación sexual integral, y así podría seguir.

Como jóvenes tenemos a nuestra mano un dispositivo en el que podemos encontrar toda la información. Las notificaciones en nuestros celulares suenan a cada segundo. Gran parte de nosotros prefiere ver un video gracioso a leer un texto informativo, lo que no está mal, pero sí lo está hacerlo todo el tiempo. Ignorar la realidad en la que vivimos no es una opción, más aún cuando la tenemos a una búsqueda de Google de distancia.

La potencial solución que puedo brindar, o podemos brindar con mis pares, es informarse, empoderarse, participar en diferentes organismos, tanto dentro del colegio como fuera. Se puede presentar un proyecto de ley, pero para esto es importante votar con consciencia ante las elecciones legislativas, por ejemplo. Construir una opinión crítica, no dejarse llevar por lo que nos dicen, cuestionar todo, ahí está la clave para que las desigualdades informáticas poco a poco vayan cediendo, para que nosotros podamos elegir desde que ropa usar hasta a quién votar en las elecciones, a qué medio de comunicación prestarle atención. Desde mi punto de vista, como actores de cambio tenemos un papel muy importante. Podemos influir o ser dueños de la realidad que queremos vivir, cuestionando las cosas y cambiando desde abajo, dando pequeños pasos hasta llegar, en un futuro, a formar parte de la prensa informativa.

Pero para todo lo nombrado anteriormente se necesita de un accionar en conjunto con las instituciones educativas, materias o cursos dictados por gente que realmente sepa del tema, que nos cuente y explique cómo funcionan los medios y sus técnicas de manipulación, y que se dicte todos los años. También, le sumaría el impulso al aprendizaje de redacción de textos con fundamentación y cursos o técnicas de oratoria, para saber defenderse ante las personas pensadas por el sistema de la sociedad, para poder hacer valer la opinión de cada uno, para no quedar “mal parados” ante un periodista. Para todo esto también es necesario hacer un clic de actualización en el sistema educativo, que hace tanto caducó, que impulse reformas que sean votadas por los mismos alumnos y docentes y en donde no se fomente la mano de obra gratuita, como proclamaba entre líneas la última reforma que se implementó; pero ese tema tendrá lugar en algún otro ensayo de algún compañero o compañera.

En conclusión, somos nosotros, y nadie más que nosotros mismos, los que pueden hacer algo para que las cosas que nos molestan, cambien. Sea alguna injusticia con algún profe o alguna desigualdad en tu casa o en la calle. No sirve nada quedarse con los brazos cruzados esperando a que lo haga alguien más, sea cual sea el ensayo o la injusticia social que se presente, que esto se contagie y que no nos limitemos a criticar, sino a dar el ejemplo con nuestro accionar.

Es por eso que los invito a alzar nuestras voces, a reinventarse, reconstruirse y a desaprender estereotipos, para aprender de verdad. Bibliografía

1- Galeano, E. (1987) La televisión. En El libro de los abrazos. Uruguay: Siglo XXI.

2- Murió una mujer con el 90% de su cuerpo quemado: ¿se mató o la mataron? (25 de diciembre de 2019) Diario UNO: Noticias de Sociedad. 3- Figueroa, A. (8 de marzo de 2020) Dos años sin justicia para Facundo, el niño asesinado por la espalda por la Policía tucumana. Diario Pagina 12. 4- Ley N° 22285. Buenos Aires, Argentina, 15 de septiembre de 1980.


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