INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

¡Qué arda el abolicloset!

Después de dos años consecutivos de realizar un Paro de mujeres, lesbianas, travestis y trans ha quedado en claro que el 8M no queremos flores, ni chocolates, ni mensajes de whatsapp con videos derrochando cursilería sobre lo difícil e importante que es ser mujer (pregunta que, además, aún no sé responder). Sin embargo, me encuentro con la imperante necesidad de aclarar que tampoco quiero leer textos llenos de consignas vaciadas, ni conceptos deformados por este sistema podrido por dentro y embellecido por fuera. Quiero sinceridad, quiero encuentros, quiero palabras que logren conectarnos, que nos hagan pensar y repensarnos. Quiero discutir todo.


Por Florencia Sabieno

Ilustración de Romina Ferrer.



Este 8M quiero poner en jaque al sistema prostituyente y todo su entramado social. Espero no pecar de soberbia, ya que creo que ninguna discusión está totalmente saldada y cerrada al vacío, pero asumo la responsabilidad de arder con mis convicciones y con ellas fogonear el closet abolicionista que parece acorralarnos cuando en realidad es una bandera que cargo, que cargamos muchxs, con orgullo y sin dudas; una bandera que desconoce fronteras y nos abraza, hermanadas, en lucha colectiva.


Todo lo que vendrá a continuación es, por un lado, producto del diálogo conmigo misma, con mis compañerxs, con mis grupos de afinidad afectiva y política y, también, es escucha atenta de todas las sobrevivientes de esta institución represora y asesina llamada prostitución, de todas las madres que buscan justicia por sus hijas desaparecidas en democracia, de todas las referentas mujeres, lesbianas, travas y trans que luchan por una sexualidad libre de explotación. Porque como dice Fémina en la canción “En mi memoria”: mentes juntas suenan más fuerte.


Gracias a Dios es Atea


A modo de introducción, voy a hacer un breve repaso por mi recorrido ya que hablar de este sistema llevará unas cuantas notas más, he aquí la primera. Cuando empecé a incursionar los debates en torno a la prostitución sentía una inquietud que no me había sucedido con otras violencias machistas e incluso con otras instituciones. Porque la prostitución es como el patriarcado: al principio difusa, borrosa, incómoda, claramente hay algo que hace ruido pero ¿qué? Después, mejor dicho, entendí que la prostitución es el patriarcado. Y ese es el quid del asunto: cómo el oficio más antiguo del mundo en realidad lo es porque forma parte de los cimientos de todo un sistema en sí mismo.


En principio, me sirvió pensarlo desde la literatura, preguntándome cuáles son los roles determinados para las mujeres allí y qué mejor obra para pensar nuestro imaginario cultural que la Biblia. En este texto, leído y reproducido en cada rincón del país, la mujer tiene dos destinos: ser puta o no serlo, que te da como modelo ser virgen y santa, bien blanca y pura (porque no olvidemos que todo lo que tiene un sesgo de género, probablemente también lo tenga de clase y etnia). La virgen María y María Magdalena, dos Marías, dos historias, dos tragedias, un par dicotómico que nos marca el ritmo de nuestro fin.


En estos personajes litúrgicos ya podemos encontrar lo que serán las dos instituciones que, por más que parezcan contradictorias, son la cara de una misma moneda: la prostitución y el matrimonio. Ambas son nuestro destino asignado por nuestro género, todo depende de qué dicte la heteronorma social: si sos puta o no lo sos. Si sos una mujer respetable o no lo sos. Si mereces el calor de la casa o el frío de la esquina. Sin embargo, por más opuestos que parezcan ser, estos dos roles son complementarios y sirven al mismo propósito: mantener el estatus quo de la masculinidad hegemónica.


Porque la prostitución no es el oficio más antiguo sino que es el reflejo de los privilegios perpetuados a lo largo de la historia por los hombres. Mientras el matrimonio arraigado a la unidad familiar se asienta sobre la heterosexualidad obligatoria y la monogamia, este contrato solo rige estrictas normas para las mujeres ya que el hombre, creador tanto de las reglas como del juego, podrá burlarlas en la prostitución.


El primer foco que hay que correr para hablar del sistema prostituyente con una perspectiva abolicionista es el que siempre ilumina a las mujeres, travas y nunca a aquel que produce la oferta –proxeneta– porque existe una demanda, es decir, el prostituyente, el mal llamado cliente: “la pregunta no es cómo entran las mujeres en los circuitos de prostitución (…) sino por qué la demanda insaciable por parte de los varones de cuerpos de mujeres, niñas, niños, travestis, etc… construida y alimentada social y culturalmente, y a la que subyace una concepción de la sexualidad como irrefrenable y siempre legitimada” (Vassallo, 2017: 80). Por lo tanto, es mal llamado cliente porque asumirlo como tal, pondría a la prostitución en el lugar de servicio presuponiendo que existe una necesidad social que toda la comunidad tiene interés en satisfacer.


Esta demanda no solo nos afecta en términos de economía simbólica y de violencia psicofísica, sino que también vulnera el derecho de todas, ya que lo que hace el prostituyente con el dinero es anular nuestra soberanía y constituir un mercado sobre ella. Al mismo tiempo funda su contracara, la que lo caracteriza por ser un sistema que se rige por el crimen organizado: la trata de personas con fines de explotación sexual.


El sistema prostituyente no es una opción diferente ni mucho menos empoderante: es el lugar, junto al matrimonio, asignado para nosotras en esta sociedad patriarcal. Porque es una institución que beneficia directamente a los hombres, dándoles el privilegio disfrazado de derecho a adueñarse de nuestros cuerpos y nuestras vidas. El consumo de prostitución es para ellos poder en términos de señorío. Que esta institución siga sin ser cuestionada es un mensaje, por un lado, aleccionador para las mujeres, travestis, trans y, por otro, es un enunciado que refuerza la cofradía masculina.


El patriarcado nos ha reservado, cual restaurante el día de tu cumpleaños, unos eternos sillones en los prostíbulos y unas baldosas rotas en las esquinas así como nos ha obligado a parir sin desear y nos ha retenido siendo fuerza de trabajo no remunerado en matrimonios injustos. Y para ello, ha dispuesto históricamente de discursos, de retóricas a su favor ya que se nutre y se cultiva de esto: al no ser del orden natural, el patriarcado necesita generar sus propios relatos.


Y estos discursos toman fuerza y se reinventan para encarnarse en el dedo gordo del entramado social porque al estar insertxs en un sistema patriarco-capitalista que a nivel mundial presenta una avanzada neoliberal, que implica la feminización de la pobreza y el recrudecimiento de la violencia machista, las mujeres, las lesbianas, las travestis y las trans nos organizamos para frenar todas estas injusticias. Y si hay algo que sabemos es que el poder desconoce abandonar sus privilegios, al contrario, lucha por ellos, sobre todo si son sus preciadas e impolutas instituciones, jerárquicas, regidas por y para el pene, como el sistema prostituyente, que entre tanta avanzada feminista, sigue siendo el refugio de una masculinidad golpeada y frágil pero que se reafirma viril y dominante al tener el poder de compra. Pero gracias a este Dios con cara de varón que soy atea, que somos ateas. Y descreemos porque elegimos crear otro sistema de creencias.


Antes que histéricas, históricas: de tanto que saben te informan


Esta nota la escribo pensando en Natacha Jaitt, todo el tiempo. Su muerte, todavía no resuelta, es la disparadora de la necesidad imperante de poner sobre la mesa estos debates. En la tele, en la radio, en las redes sociales, su muerte fue por puta, por quilombera, por falopera. La denostaron, la denigran y los medios alternativos la llaman la mala víctima. Y no solo es la mala víctima por ser la mujer que la moralina cristiana detesta y condena. Sino que es una mujer que denunció redes de trata en el fútbol, denunció a sus abusadores y también denunció a AMMAR de captar pibas y ser cómplice de los prostíbulos de Gustavo Vera, denunciado por proxeneta en la mesa de Mirtha Legrand el año pasado. Se compruebe o no si fue femicidio, su muerte, de todas maneras, es aleccionadora por haber sido la vocera de esas denuncias. Natacha era quilombera por ser una puta que habiéndolo visto todo desde adentro, empezó a señalar y denunciar responsables. Sabe y te informa. Es otra voz silenciada.


Desde que está vigente la ley 26.791 que permite criminalizar de modo agravado los homicidios relacionándolos a la violencia de género, es decir, femicidio, la UFEM analizó las primeras 54 sentencias. Dentro de estas, hasta el 11% fueron mujeres que estaban en situación de prostitución y las mató la pareja o ex pareja. De estos seis casos, dos de los femicidas eran sus proxenetas. La séptima víctima fue una mujer trans. ¿Qué conciencia tomamos de los femicidios que produce la lógica prostibularia?


Nuestro país –además del movimiento feminista internacional– cuenta con un profundo recorrido histórico abolicionista. Habiendo sido legales los burdeles en Buenos Aires durante el siglo XIX, desde 1875 hasta 1936, año que se sancionó la Ley Nacional de Profilaxis Social, contamos en nuestro repertorio de experiencias con la reglamentación de las instalaciones y sus consecuencias.


El desembarco de grandes flujos migratorios europeos, al ser legal los prostíbulos, abrió el negocio de la trata, en ese momento llamada “de blancas”, desde Europa directo a Buenos Aires. Grupos como la SWI MIGDAL –red de proxenetas judíos– captaban mujeres mediante falsos matrimonios para sacarlas de sus países y exportarlas cual ganado para la compra-venta entre hombres. Es decir, una vez reglamentada la institución, la violencia hacia las mujeres se hizo estructural y los proxenetas, grandes empresarios. Así sucede hoy en día en Holanda, Alemania y Uruguay, países que reglamentaron la explotación como trabajo.


Pero de eso hablaré en otra oportunidad, además de que es tan simple como googlear el crecimiento de la trata de personas y el mercado ilegal en estos países tras adoptar la maquillada retórica neoliberal del trabajo sexual. Y no me vengan que es un trabajo como cualquier otro cuando el 95% de las personas en situación de prostitución son mujeres, niñas, travas y trans y el 95% de los consumidores son hombres. Afirmar eso es una irresponsabilidad como feminista porque es negar la opresión de género que define a este sistema.


Antes de seguir quisiera rescatar del olvido y recuperar para nuestra memoria a dos mujeres importantes: Julieta Lantieri y Raquel Liberman. Gracias a Lantieri el movimiento feminista se unió a la lucha contra la trata. Fue la encargada de incorporar la problemática a su discurso en 1910 en el Primer Congreso Femenino Internacional de la República Argentina titulado “La prostitución” donde señaló la complicidad de los gobiernos en la explotación femenina. La segunda histérica, la segunda loca a la que quiero imprimir en la historia es a Raquel Liberman: una polaca víctima de trata por la SWI MIGDAL en Buenos Aires que logró escapar, denunciar la red y a sus proxenetas.


Sin embargo, como bien sabemos y continua sucediendo, en complicidad con la policía federal y la justicia, los jefes involucrados en el asunto fueron absueltos mientras que detuvieron a integrantes secundarios en la red. La justicia hace la vista gorda cuando de sus amigos y de su negocio se trata: lo mismo ha ocurrido en el caso de Marita Verón.


A fines del siglo XX, entrando en lo contemporáneo, surge en los ’90 AMMAR (Asociación de Mujeres Meretrices Argentinas). Sí, llegué a la polémica pero antes de entrar, unas aclaraciones. Si bien la prostitución no es ilegal en nuestro país, los vacíos legales permiten la entrada de edictos policiales y códigos contravencionales que dejan en situación de vulnerabilidad a las personas en situación de prostitución ya que la yuta, fiel a ser la fuerza de inseguridad y a perpetuar su corrupción, arbitrariamente arrastra a nuestras compañeras a los calabozos. ¿Y quién ha liderado en nuestro movimiento la lucha por la derogación y por condiciones dignas de vida? Fueron activistas como Lohana Berkins y Diana Sacayán, dos travas abolicionistas que cambiaron el curso de la historia en nuestro país, en el mundo, en el sistema que también es cistema.


Porque si bien AMMAR surge para combatir estos edictos, se divide en el momento de caracterizar si la prostitución es trabajo o no lo es. Reconocer y legitimar un sindicato es, necesariamente como contrapartida, reconocer una patronal, y reconocerla es legitimar el proxenetismo y condenar esas vidas al calabozo. Aquí es cuando rompen, e integrantes como Sonia Sánchez reafirman su lucha contra este sistema de explotación denominando a la prostitución como un emergente de la pobreza y las desigualdades.


También surge AMADH (Asociación de Mujeres por los Derechos Humanos) con Graciela Collantes, sector que se fue de ammar para formar su propio núcleo de contención y lucha contra el sistema prostituyente. Organizaciones como Furia Traba con integrantes como Florencia Guimaraes García, sobreviviente del sistema prostituyente, y Madres Víctimas de Trata con Margarita Meira, consiguieron derogar los códigos contravencionales en el distrito de La Matanza. Hecho histórico para nuestro movimiento y poco reconocido y valorado.


Nunca con la yuta, al calabozo no volvemos nunca más son consignas forjadas al calor de la lucha contra las fuerzas represivas y contra un sistema excluyente de todo lo que se escapa a la heteronorma. Lohana y Diana impulsaron el cupo laboral travesti trans porque la esperanza de vida de la comunidad es de 35 años por estar condenadas a vivir de, por y para el sistema prostituyente. Porque ese calabozo también es el prostíbulo, también es la esquina que coarta y aniquila la vida de muchas. Hoy nos faltan y se siente.


Cuando fui a escuchar la charla de Silvia Federici en Flores presentando su último libro, El patriarcado del salario, me llevé una gran decepción cuando vi la actividad cooptada por un discurso reglamentarista. Pero me dio más bronca que nada porque Silvia caracterizó el trabajo sexual en relación a que la sexualidad de las mujeres históricamente ha sido, en la prostitución y en el matrimonio, moneda de cambio. Hipótesis también sostenida por la feminista Gayle Rubin.


Es decir, que la mujer es mujer-moneda, es persona y no persona a la vez. Y me quedé con ganas de decirle a Silvia que claro, ninguna mujer es capaz de decirle e imponerle a la otra con qué va a ser explotada pero sí es capaz de organizarse para ir en contra de esa explotación, nunca juzgando a otro sector que no sea el explotador: el tratante, el proxeneta, los prostituyentes, la policía, la justicia, el propio estado. Estoy de acuerdo con caracterizar nuestra sexualidad como moneda de cambio, porque ha sido histórica y actualmente mercantilizada. Eso no quiere decir que no vaya a oponerme a este régimen, que no quiera desandar las cadenas. Claro que nuestra sexualidad es moneda, de eso se trata: de que ya no lo sea, de luchar por una sexualidad libre.


Hoy en este día internacional de las trabajadoras mujeres, lesbianas, travestis, trans, no binaries, este 8M vamos a recorrer las calles pero no cualquier calle. En CABA vamos a marchar desde Congreso hasta Plaza de Mayo, lugares donde se concentra el poder que siempre tiene cara de varón y el consumo que tiene cuerpo de mujer, de niñas, de travestis, porque no discrimina a la hora de abusar. Tribulanes, Congreso, Plaza de Mayo: son puntos de encuentro de la fraternidad masculina porque el varón desconoce de clase a la hora de entrar al puticlub, allí se encuentran obrero y empresario, oficinista y padre de familia. Vamos a hacer ese recorrido, cruzar el obelisco, donde hace unas semanas encontraron un prostíbulo funcionando en un hotel porque se incendió.


Vamos a hacer ese recorrido hasta la Casa Rosada, lugar donde habita nuestro actual presidente Mauricio Macri, un varón prostituyente (¿recuerdan su luna de miel?), amigo de grandes fiolos exiliados porque acá tienen pedidos de captura por redes de trata. Un presidente que nos hambrea y por ende nos expulsa a ser moneda de cambio, una y otra vez. Por eso este 8M marcho en contra del sistema prostituyente. Porque son nuestros cuerpos-territorios los que están en constante disputa y no vamos a ceder más ni tierras ni vidas ni tetas ni gargantas ni culos ni vaginas.


Referencias:


-Vasallo, Marta (2017), "Mi cuerpo es mío": ¿propiedad o soberanía? en Prostitución y trata: herramientas de lucha abolicionista.

-Los subtítulos hacen referencia a la canción Histórika de Sara Hebe.

-https://www.fiscales.gob.ar/wp-content/uploads/2017/11/UFEM-Analisis_50_primeras_sentencias_femicidio.pdf

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