INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

Políticas culturales del placer

Las numerosas medidas implementadas por el Ministerio de Cultura de la Nación han sido pensadas, en su mayoría, para generar un apoyo económico y logístico al sector cultural. Una pregunta se hace presente: ¿y el placer?


Por Martina Ferloni


Crédito: Getty Images

A fines de los años 80, Néstor García Canclini escribía un texto fundamental para las políticas culturales latinoamericanas titulado Políticas culturales y crisis de desarrollo: un balance latinoamericano. Allí, Canclini intentaba trascender la concepción de las políticas culturales como aquellas dedicadas a la gestión de bienes y eventos para resaltar el aspecto ineludible de la política cultural como promotora del sentido estético, simbólico y hasta lúdico y recreativo de la cultura. El autor afirmaba que estas políticas deben abarcar los movimientos de juego y experimentación para promover las búsquedas conceptuales y creativas a través de las cuales la sociedad se renueva. En resumen, la política cultural, para Canclini, debe ser una política del placer, una política que promueva pensar críticamente las relaciones sociales para permitir imaginar nuevos horizontes de lo posible.


Estas palabras resultan sumamente lejanas en el contexto actual. Estamos viviendo una inmensa crisis sanitaria, económica y social, donde la preocupación por los aspectos lúdicos y placenteros parecería haber ocupado el asiento trasero mientras nos preocupamos por estar sanxs y tener un ingreso que nos permita vivir. En este contexto, el Ministerio de Cultura ideó un plan de “Cultura Solidaria” para aplacar dentro de lo posible la crisis que golpea el sector cultural con políticas específicas, que se suman a las implementadas para toda la población como por ejemplo el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE).


Las principales medidas implementadas desde el Ministerio, en articulación con el Consejo Federal de Cultura y sus organismos descentralizados, fueron transferencias económicas. Para mencionar solo algunas, encontramos la creación del programa Puntos de Cultura, un apoyo económico de un total de 100 millones de pesos destinado a ayudar organizaciones sociales que desarrollan proyectos comunitarios sin fines de lucro con el objetivo de fortalecer el trabajo de base, sumar participación social y organizar a la comunidad. A su vez, se estableció el fondo Desarrollar, una ayuda económica de entre 100 mil y 200 mil pesos para el sostenimiento operativo de espacios culturales multifuncionales que desarrollan producción, formación, investigación y promoción de las artes y la cultura. Finalmente, podemos mencionar el plan Podestá, un aporte total de más de 100 millones de pesos orientado a ayudar a la preservación de salas y espacios escénicos e impulsar ayudas regionales y convocatorias específicas en el sur del país.


A estas medidas de apoyo económico se le suman grandes esfuerzos para trasladar la actividad cultural a la digitalidad. Se lanzaron, por ejemplo, las plataformas virtuales Formar Cultura y Compartir Cultura. La primera fue diseñada para sumar oportunidades de acceso a la formación, compartir material especializado en prácticas culturales y generar redes de intercambio y aprendizaje. Mientras, Compartir Cultura tiene por objeto reunir las diferentes expresiones artísticas y culturales de nuestro país, catalogadas y ordenadas de manera accesible para todxs. También, desde el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) se estableció un programa de estrenos durante la emergencia sanitaria en las plataformas de CINE.AR para garantizar los estrenos de las producciones nacionales programadas para este año.


Cada jueves, la plataforma CINE.AR cuenta con una nueva película estreno. Crédito: Ministerio de Cultura

Este reducido esbozo de las políticas implementadas nos sirve para reflexionar brevemente sobre la orientación general del plan cultural de crisis. Sin duda, se orienta a salvaguardar el sector cultural argentino ante la imposibilidad de llevar adelante la actividad en forma presencial. Esto es algo esencial, especialmente para el sector que incluso antes de la pandemia sufría índices altísimos de informalidad laboral y de concentración de riquezas. Sin embargo, no podemos evitar preguntarnos por la dimensión corporal de goce y recreación que parece escapar a la mayoría de estas políticas.


En momentos de crisis, cuando pensamos políticas públicas para paliar la situación no se nos vienen a la mente medidas que refieran al placer, sino que pensamos usualmente en otras, que tengan que ver con proteger la economía y la salud. No obstante, contar con espacios de distensión y recreación, con momentos de exploración lúdica y del goce, es parte esencial de mantener una vida sana, especialmente en un contexto de aislamiento. La OMS define salud como “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”, por lo que estar aisladxs para no contagiarnos es importante pero también lo es cuidar nuestro bienestar mental y social. Mantener tiempo de descanso, de recreación y de sociabilidad hace a la salud en un sentido holístico. La cultura no puede ser vista como un lujo sino como un derecho y una necesidad, y las políticas culturales deben orientarse en este sentido.


Con tantas actividades coartadas por las medidas de aislamiento, pensar cómo la cultura puede proveernos estos espacios se vuelve esencial. Las políticas culturales pueden contribuir a mejorar exponencialmente la situación actual. Por medio de la cultura, se puede trabajar para que las identidades colectivas y el sentido de pertenencia común se mantengan, para que se genere una mayor cohesión social mediante la generación de nuevos valores compartidos. Un posible ejemplo de política cultural en este sentido es la experiencia que relata Celio Turino en su libro Punto de Cultura. El Brasil de abajo hacia arriba (2011) sobre el desarrollo de este programa de cultura viva en Brasil y el enorme rédito social que tuvo.


Hoy, la idea de García Canclini respecto a generar nuevas fantasías que amplíen los horizontes de lo posible cobra mayor fuerza. Por ser un momento donde nuestros modos de vida sufren un cambio tan importante, la situación de transformación es una enorme oportunidad para imaginar un nuevo mundo mejor.


En fin, creemos esencial que las políticas culturales de crisis no solo pretendan mejorar la situación de lxs trabajadorxs del sector cultural y de la industria, sino también que puedan aspirar promover otros aspectos de la cultura que mejoren las condiciones de vida de todxs, como lo son las dimensiones lúdicas, recreativas y placenteras.


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