INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

Política, ¿una asignatura más en la escuela?

La reputación social de las diferentes disciplinas se refleja en el valor dado a las materias cursadas en la escuela. Las horas invertidas en enseñar determinadas asignaturas establecerá el conocimiento de los niños y jóvenes frente a ellas. Por este motivo, es muy importante fomentar la formación de ciudadanos críticos en todas las áreas, a fin de generar el sentido práctico.


Por Ada Font Burdoy, corresponsal en España

Fotograma de la popular serie catalana "Merlí", en la que el profesor desafía a sus estudiantes de secundaria a pensar críticamente en términos políticos y filosóficos. Foto: La Vanguardia

En la actualidad, en España no existe una asignatura íntegramente dedicada a la política en los planes docentes, ni como materia obligatoria ni como optativa. Sin embargo, existen lecciones de política en asignaturas como historia, sociales o geografía, que están mayoritariamente encaminadas a tener un conocimiento básico de las instituciones para entender mejor el contexto histórico.


Sin embargo, estas lecciones son insuficientes y tienen un carácter claramente reduccionista. Un ejemplo claro de ello es el modo somero en el que se enseña la separación de poderes de Montesquieu: el Poder Legislativo se encarga de legislar, el Ejecutivo de ejecutar y el Judicial de hacer cumplir las leyes; en algunos casos, también se menciona que en el Legislativo se aprueban los presupuestos generales del Estado. Además, no se aclara la diferencia entre separación y división de poderes. En este sentido, las lecciones no plantean correctamente el pensamiento de Montesquieu, el cual proponía la división porque quería que los revolucionarios no pudieran ser juzgados por causas políticas.


Lo que sucede, sin lugar a dudas, es que no se estudia las tres ramas del poder de forma clara y acorde a la realidad de sus verdaderas funciones. Sería más adecuado profundizar sobre los tres poderes y dar una enseñanza más amplia que explique de qué modo el Legislativo se encarga de aprobar las leyes, organizar sesiones de control al gobierno, aprobar los presupuestos generales del Estado, realizar mociones de censura al presidente en el caso de que lo desee una mayoría parlamentaria suficiente, entre otras funciones. También de cómo el Ejecutivo se encarga de dirigir el país y marcar la agenda pública. Y, por último, de qué manera el Poder Judicial se encarga de la justicia, interpretando las leyes y dictando sentencias.


De todas maneras, cabe recalcar que esta separación de poderes no es perfecta, sino que sufre de numerosos desajustes y errores. Un buen ejemplo es la composición del Tribunal Constitucional: de los 12 miembros, cuatro son a proposición del Congreso de los Diputados, cuatro del senado, dos del Gobierno y finalmente solo dos a propuesta del Consejo del Poder Judicial. Es necesario generar estos debates en los que se cuestione el accionar de cada rama de poder.


Otro gran error en las lecciones de política es transmitir a los estudiantes enunciados incorrectamente universalizables. Por ejemplo, la afirmación de que lo que escogen directamente los ciudadanos en las urnas son las Cortes Generales. Ello solo se produce en sistemas parlamentarios como el de España y otros países de Europa, dado que también encontramos sistemas presidencialistas, como el caso francés.


Cuando recibí lecciones de política en la escuela, me pareció poco el tiempo dedicado a esta disciplina. Summado a ello, eran lecciones con un contenido básico impartido dentro de materias como geografía e historia. Concretamente, casi todo lo que enseñaban de política ya lo conocía, porque siempre tuve un fuerte interés por investigar por mi cuenta sobre el tema. Sin embargo, veía a mis compañeros con un desconocimiento y desinterés absoluto ante las lecciones en clases, puesto que no había una materia sólida que impartiera un conocimiento amplio, sino que se limitaba a lo que siempre ha caracterizado al sistema de enseñanza español: memorizar para el momento. En lugar de un aprendizaje, ello generaba un sentimiento de apatía, debido a que se veía de forma indiferente (comparada a otras materias) una disciplina tan importante como es la Política.


Ha habido numerosas polémicas alrededor de la educación en los últimos años, pese a que varias reformas educativas de las cuales ninguna ha resultado exitosa. La importancia de la educación como asunto público se debe a que constituye uno de los pilares del Estado de bienestar, junto a otros como la sanidad, las pensiones y el trabajo. Todos estos asuntos habitualmente forman parte de la agenda de los diferentes partidos.


A continuación, me interesa comentar la propuesta del partido Ciudadanos de realizar una asignatura de Constitución Española. El objetivo de esta materia era claramente patriótico, reforzando el conocimiento de la nación entre los estudiantes. Más allá de esta visión, resulta interesante la propuesta de una asignatura que trate de manera más específicamente la política, en este caso, desde el ámbito constitucional.


En España, hay muchas disciplinas que se quedan sin instruir, entre ellas: el Derecho, la Sociología o la Antropología. Por el contrario, se le da mucho peso a ciertas asignaturas troncales como Matemáticas, Lengua, Ciencias (sin menospreciar la importancia de estas materias, claro). En particular, en la enseñanza preuniversitaria no se cursan áreas que pueden resultar claves para escoger posteriormente un grado universitario: la política o el Derecho son ejemplos claros. En contraste con ello, en el sistema escolar de EE.UU., sin dejar de obviar sus fallas, podemos ver cómo desde una edad bastante temprana se pueden estudiar áreas del conocimiento humano muy diversas y específicas.


En la actualidad, cuando se desea hablar de política en las aulas, aunque sea solo momentáneamente y no como una asignatura troncal, se acusa a los centros educativos de adoctrinamiento ideológico. Muchas veces, estas acusaciones son falsas. Aunque la neutralidad al 100% no existe, estas acusaciones solo alejan más a los estudiantes del conocimiento e interés hacia la política. Estas incriminaciones se han dado particularmente en Cataluña, a raíz del surgido ideario independentista.


Algunos partidos llevan el asunto más allá, al querer restringir aún más aquello que se enseña a los estudiantes. Hablamos del partido político Vox y el controvertido pin parental, que consiste en que los padres tengan que dar su consentimiento sobre la educación en asuntos no curriculares. Esta iniciativa supone que, si los padres lo desean, los estudiantes no tienen por qué asistir a conferencias sobre violencia de género, machismo, sexualidad, asuntos vinculados al colectivo LGTBIQ+, etc. Los padres pueden imponer su particular visión del mundo a los menores, sin que estos tengan la posibilidad de contrastar esas enseñanzas con otros puntos de vista. Cabe mencionar que medida se aplicó en la comunidad autónoma de Murcia, pero ha sido suspendida cautelarmente desde el pasado mes de marzo.


Para finalizar, me gustaría poner sobre la mesa la idea de una posible asignatura pragmática dirigida al voto, en la cual se podrían tratar las instituciones básicas del Estado, el sistema electoral y el sistema de partidos, entre otras cuestiones. A su vez, al estar destinada a estudiantes que en un futuro serán votantes, generará un conocimiento básico más alto de la política y, con suerte, una reducción de la abstención en España (que actualmente ronda el 40%).


Si queremos ciudadanos informados y conscientes, la educación es lo primero que se ha de cambiar. Como decía Nelson Mandela: “la educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”.


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