INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

Otras formas de quererse (y cogerse) son posibles

Otras formas de quererse son posibles y Coral Herrera Gómez fue de las primeras escritoras que me lo transmitió. Di con su pensamiento gracias a blogs feministas que hablan sobre el amor romántico. Ella le da una vuelta más al asunto. No sólo critica la estructura patriarcal del amor romántico, cerrado, celoso y posesivo. No sólo critica la idea de la complementariedad, de la media naranja, del "único y verdadero amor". Sino que también pone sobre la mesa las formas hiperliberales y dañinas en que muchas veces se desarrollan las relaciones sexoafectivas en la actualidad. Así como Eva Illouz en Francia, Luciana Peker y Tamara Tenenbaum acá en Argentina, entre muchas otras, Coral desde España reflexiona sobre estos dos polos: una especie de conservadurismo romántico y opresivo, y un hiperliberalismo desalmado (e igualmente opresivo).


Por Aldana Giovagnola


Fuente: EcoFeminismo Radical


El 80% de mi tiempo me la paso pensando y repensando en el individualismo feroz en el que estamos inmersxs. En todos los ámbitos de nuestras vidas. Los vínculos que formamos a nivel amistoso, sexo-afectivo, familiar, laboral, están teñidos de esto. Y es sumamente difícil escaparle a esas lógicas. Es difícil desarrollar empatía en un contexto de competencia laboral feroz, en contextos de precarización, a la deriva y en la incertidumbre. Es difícil pensar en lxs demás cuando se nos bombardea para preocuparnos sólo por nosotrxs mismxs, para ser extremadamente felices, para estar bien y mostranos perfectxs.


En esa ecuación les otres se convierten en objeto de consumo para nuestra propia satisfacción personalísima y para mostrar cuán bien seguimos el libro de reglas. Sobre todo cuando hablamos de las relaciones sexoafectivas actuales, cuando vemos nuestro comportamiento en las redes sociales y en las apps como Tinder y Okcupid, es visible que les otres están en una vitrina y nosotrxs eligiendo a quién vamos a consumir hoy.


Hace muy poco leí el libro "El fin del amor" de Tamara Tenenbaum, en el que ella reflexiona sobre estos temas. Es tan necesario que, como decisión política, desarrollemos otras formas de vincularnos con les otres. Las únicas opciones no pueden ser relaciones cerradas y opresivas, o el uso y abuso de los cuerpos de lxs demás. No podemos creer que la alternativa al amor romántico salido de Disney es ignorar la subjetividad de lxs demás y usarlxs para nuestra satisfacción inmediata.


En el afán de la “libertad sexual”, interpretada como sexo casual “sin compromisos”, creo que vamos perdiendo un poco de humanidad. Y esto no significa una añoranza a “viejos y mejores tiempos”, significa que dadas estas circunstancias resulta necesario repensar las maneras que tenemos de vincularnos. Detenernos dos minutos a reflexionar sobre las implicancias de estas formas: a nivel personal, social, cultural, político, económico.


¿No es acaso este desapego y esta búsqueda de separarnos de la subjetividad de le otre algo muy similar a los argumentos del libre-mercado, la supervivencia del más apto y la competencia feroz? ¿No está relacionada la insensibilidad social con la forma en que desarrollamos nuestras relaciones interpersonales a nivel sexo-afectivo? ¿No impacta un poco el sentirnos desechables y usadxs en, por ejemplo, nuestras posibilidades de hacerle frente colectivamente a jefxs y lugares de trabajo opresivos?


Y empatizar con las personas con las que nos relacionamos no significa que vamos a querer necesariamente pasar mucho tiempo con ellas, ni estar en pareja, ni casarnos y tener hijxs. Pero hay que dejar de ver el “compromiso”, del que tanto parecemos estar escapando, como ataduras y limitaciones. Compromiso no es jurar amor eterno, compromiso es entender que le otre es un ser humano con subjetividades, inseguridades, problemas y deseos. Quizás deberíamos ponernos a pensar qué es lo tan terrorífico de reconocer la humanidad de les otres. Y a qué estamos siendo funcionales cuando nos negamos a reconocerla.


Hay un concepto que se usa mucho actualmente y que yo también tengo muy incorporado que es la responsabilidad afectiva. No es fácil entenderla, no se sabe bien qué es, no hay recetas mágicas ni un librito de reglas. Pero creo que muchxs de nosotrxs podemos empezar, colectivamente, por intentar vernos como sujetxs y dejar de usarnos como objetos. Dejemos de buscar satisfacción primaria y empecemos a buscar conexión, aunque sólo queramos que sea por un par de horas.


Ni de cerca promulgo una cuestión individualista de “pongamos nuestro granito de arena”. Creo que esto es eminentemente colectivo. Como casi todo, de hecho. Somos una juventud atravesada por discusiones que fueron silenciadas por mucho tiempo: la crítica al amor romántico, la visibilización de la violencia machista en las relaciones sexo-afectivas, la puesta en jaque de la mononormatividad y la heteronormatividad. Y todavía nos cuesta darnos la discusión de la hiperliberalización en la forma de relacionarnos con otrxs.


Quizás a esta altura se preguntan si estoy criticando el sexo casual o la calentura de una noche. Y creo que en un punto sí. Pero no desde una perspectiva moralista conservadora, sino desde permitirme preguntarme hasta dónde funciona esta cuestión del "cada unx hace lo que quiere". Me gustaría que pongamos en tela de juicio la idea que todxs consienten a ser “usadxs” y a usar para “cumplir necesidades básicas”. Sobre todo cuando sabemos que en realidad estamos todxs inmersxs en este sistema con estas lógicas, y la mayoría de las veces hay muchas cosas que no las podemos elegir. Porque no queremos ser pesadxs, porque no queremos quedar como "necesitadxs" o intensxs, porque nos afloran todas las inseguridades sobre nuestros cuerpos, nuestras personalidades, nuestro valor como personas.


Retomo lo que dije al principio: Otras formas de quererse son posibles. Pero no es una cuestión de voluntad meramente individual, sino de construir una nueva forma de vincularnos, de manera amplia, comprensiva, integral y principalmente colectiva.

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