INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

Orgullo(so) de vivir en democracia


A lo largo de este trabajo realizaré un recorrido histórico que comenzará con la promulgación de la unión civil y la inclusión de la orientación sexual en la Cláusula Antidiscriminación de la Constitución de Buenos Aires en 1996, pasaré por la Ley de Matrimonio Igualitario en 2010, la Ley de Identidad de Género en 2012 y concluiré con la Ley de Cupo Laboral Trans en 2018.


Por Simon Schwab



Durante el recorrido, buscaré profundizar los distintos contextos en los que se promulgaron las distintas leyes, asumiendo el papel de la democracia como modelo de recuperación de los derechos humanos. Por último, apelaré al pensamiento de M. Foucault para fundamentar mi investigación; utilizaré los conceptos de dominación, relaciones de poder y prácticas de libertad, desarrollados por el autor en “La ética del cuidado de sí como práctica de la libertad” (Foucault, 2000).


En 1983, en la Argentina asumía Raúl Alfonsín como presidente electo en democracia. Luego de varios años de dictaduras, violencia en las calles y represión, el pueblo volvía a creer en la política y en la recuperación de los derechos de las personas. Se comenzó a vivir en un país donde se podía opinar, debatir e intercambiar ideas sin problema alguno; las calles ya estaban libres de violencia y las personas creían que todo iba a mejorar con el correr de los años.


Si bien la historia argentina nos muestra que fue así, hay otro costado, el cual nunca se mostró, nunca lo vimos, y se intentó ocultar. Era el de los homosexuales, personas que viviendo en democracia seguían siendo torturados, violentados y encerrados. Durante la década de los 80, muchos gays y lesbianas fueron encarcelados y golpeados por besarse en la calle. Se continuaba con la idea represora que se aplicó durante la última dictadura en la Argentina, bajo el pretexto de disturbios en la vía pública. Travestis eran arrestados por ejercer la prostitución en la calle, según la normativa planteada por el código penal.


Por miedo a estas acciones muchos no se animaban a manifestar su sexualidad y se encerraban "en el clóset", es decir, no vivían su vida sexual plenamente por miedo a la represión social y cultural. En relación con esto, Foucault expresaba: “Cuando un individuo o un grupo social llegan a bloquear un campo de relaciones de poder, a volverlo inmóvil y fijo y a impedir toda reversibilidad del movimiento -con instrumentos que pueden ser tanto económicos como políticos o militares-, se está frente a lo que se puede llamar un estado de dominación” (Foucault, 1984, p. 259).


Las relaciones de poder determinaban que lo normal era la heterosexualidad y lo que salía de esta regla era considerado anormal, enfermo o patológico.


Este contexto, de represión y violencia, fomentó que varios jóvenes homosexuales se organizaran y comenzaran a militar por sus derechos en el país. “Ser visibles para ser libres e iguales” era el lema de cabecera de Carlos Jáuregui, fundador de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) y referente del colectivo LGBTIQ. Gracias a él y a su lucha se fueron proclamando todas las leyes en pos de obtener derechos y libertades para el colectivo. Con esto podemos decir que la resistencia aplicada por el colectivo no fue más que la obtención del poder, recuperar derechos en este caso. Foucault lo ilustraba de esta forma: “Es cierto que, en tal estado, las prácticas de libertad no existen o no existen sino unilateralmente o son extremadamente demarcadas y limitadas. Entonces estoy de acuerdo con ustedes que la liberación es a veces la condición política o histórica para una práctica de libertad” (Foucault, 1984, p. 259).


Carlos sufrió en carne propia la discriminación y la vulnerabilidad por ser homosexual en una época donde la agresividad estaba regida por la norma. La misma trataba como diferentes a quienes rompían con el criterio de heterosexualidad que regía, todo aquello que se saliera de ella era considerado una amenaza y se debía actuar en consecuencia. Dentro de su militancia, podemos destacar la organización de la primera Marcha del Orgullo Gay y Lésbico en Buenos Aires en 1992 (esta misma contó con el apoyo de la Unión Cívica Radical, partido al cual pertenecía el presidente Alfonsín).


Por otro lado, su militancia ayudó a impulsar el primer proyecto de unión civil y la inclusión de la orientación sexual en la Cláusula Antidiscriminatoria de la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires. Este proyecto sostenía que el matrimonio tenía los mismos requisitos y efectos, con independencia de que los contrayentes sean del mismo o de diferente sexo.


Pero, continuando con el recorrido, nos vamos al año 2010, donde se promulga la Ley de Matrimonio Igualitario. Ya en una sociedad muy distinta a la que veníamos describiendo, donde las normas y maneras de ver las cosas habían cambiado. Si bien la discriminación aún estaba presente en sectores de la sociedad, ya se habían naturalizado ciertas prácticas homosexuales pero todavía no gozaban en plenitud de la igualdad. Por eso, el colectivo LGTBIQ siguió con su lucha por tener los mismos derechos que tiene una persona heterosexual. Como dije en el párrafo anterior, la CHA, en sus distintas luchas, logró impulsar ocho años antes en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el proyecto de ley de unión civil entre personas del mismo sexo. Buenos Aires se convirtió así en la primera jurisdicción de América Latina en legalizar la unión civil entre personas del mismo sexo.


Dos años más tarde, se sancionó la Ley de Identidad de Género. Esta brindó reconocimiento legal al colectivo LGTBIQ, los genitales y la orientación sexual ya no determinaban la identidad. Reconoce como legítima a la autopercepción de identidad de género. La ley entiende cómo la vivencia interna e individual del género, tal como cada persona la siente, puede corresponder o no al sexo asignado al momento del nacimiento, explicitado en el artículo 2. Hay un reconocimiento legal de la identidad de género en el campo de los Derechos Humanos.


Esta ley plantea que no importa cómo nacieron biológicamente, ni cómo los define la cultura (femenino-masculino). Ahora las personas son libres de identificarse con el género, a partir del cual se autoperciben. Van a poder desarrollar su personalidad conforme a su identidad y deberán ser tratadas como tal (características expresadas en el artículo 1), aun cuando haya sectores de la sociedad que continúen discriminando.


Por último, y ya terminado con este recorrido, llegamos a la actualidad, donde hace muy poco tiempo se sancionó la Ley Diana Sacayán de cupo laboral trans, en donde se exige que se otorgue un 1% de los puestos de la administración pública para personas travestis, transexuales, transgéneros y masculinidades trans. Diana y otros activistas trans luchaban por el “basta de travesticidios”, para hacer visible un tipo específico de odio criminal. Un odio hacia otras personas que se identificaban con una identidad de género que no depende, en exclusivo, de los genitales que se portan al nacer. La Ley de Identidad de Género no busca qué cuerpos van a representar la democracia de ahora en adelante, quiere lograr un país diverso y que nos iguale. Entendemos que, en esta democracia, las personas trans como Diana tienen derecho a recibir un DNI, los cuerpos trans son y deben ser reconocidos. Entendemos, también, que aún falta para lograr una completa igualdad en lo social.


Ya que, en lo cultural, el reconocimiento que da un DNI no es suficiente; Diana luchaba también por reivindicar sus derechos y revertir el contexto cultural, de ahí que surja la ley. En octubre de 2015, fue asesinada de 13 puñaladas y, por primera vez en la ciudad de Buenas Aires, se usó la figura de “travesticidio”. Se juzgó su asesinato como crimen de odio por su identidad de género y violencia de género en un fallo histórico, en junio de 2018. En octubre de ese mismo año se produjo el Encuentro Nacional de Mujeres en Trelew. Fue la primera vez en la historia de los encuentros que la marcha contra los travesticidios y transfemicidios formó parte de la agenda oficial. En esta movilización se denunciaron 60 víctimas trans en lo que iba del año, aunque no hay un registro oficial.


Por esto, puedo decir que esta ley surge en el contexto de una gran deuda que tiene la democracia con el colectivo trans-travesti. La gran discriminación que sufren aquellas personas que son travestis o transexuales imposibilita que puedan ingresar a un trabajo formal y en blanco. Esto hace que la prostitución quede como una salida laboral para poder subsistir. En los fundamentos, entre otros puntos, el proyecto señala que el 98% de las personas trans no tiene un trabajo formal y que esta comunidad se encuentra entre una de las poblaciones más vulneradas del país.


Para finalizar, quiero que pensemos en nuestra historia, en cómo nos hemos criado, lo que hemos aprendido en la escuela, las cosas que vimos en televisión y escuchamos en la calle. Toda nuestra vida fuimos aprendiendo de sexo, de sexualidad, de cómo tener relaciones sexuales y de cómo entender el cuerpo propio y ajeno. Lo que nunca nos pusimos a pensar, y es a lo que quiero llegar, es cómo, de a poco, nos han disciplinado; cómo hemos normalizado los géneros masculinos y femeninos de acuerdo a nuestros genitales; cómo estamos acostumbrados a que cuando se habla de sexo sea de una única manera, la heterosexual, y cualquier otra idea distinta que quiera aparecer va a ser censurada.


Pero, más allá de todo, avanzamos como sociedad. Hoy en día, ya se puede hablar de cuestiones que antes no se podían y se puede vivir la sexualidad sin represión, o eso debemos creer.


“Si se toma el ejemplo de la sexualidad, es cierto que ha habido cierto número de liberaciones en relación al poder del varón, que se ha debido liberar de una moral opresiva que concierne tanto a la heterosexualidad como a la homosexualidad; pero esta liberación no hace aparecer al ser feliz y pleno de una sexualidad donde el sujeto habría alcanzado una relación completa y satisfactoria. La liberación abre un campo para nuevas relaciones de poder, que se trataría de controlar mediante prácticas de libertad” (Foucault, 1984, p.260)


Cuando hablamos de democracia debemos hablar del ejercicio de los derechos, y no solo en forma de leyes, sino en su aplicación social y cultural. La democracia es el gobierno del, por y para el pueblo. Así lo entendían militantes como Carlos Jáuregui o Diana Sacayán, que luchaban para la liberación LGTBIQ. Foucault nos habla de las prácticas de libertad en relación a las prácticas de sí. Estas últimas sirven para autoconstruirse, porque es a través de ellas que los sujetos se forman a sí mismos. Las prácticas siempre van a estar reguladas por la aceptación o el rechazo según el contexto.


El sistema médico hegemónico, las leyes y el poder estatal determinaban que si estabas por fuera de la heteronormativa no podías ejercer los mismos derechos. Pero eso está cambiando, y lo vemos en el recorrido que se encuentra reflejado en este trabajo. Ahora gozan de más derechos, aunque falta para lograr un país totalmente igualitario.


Cuando hablamos de las prácticas de sí, hay que tener en cuenta el contexto, ya que, dependiendo del momento histórico y la cultura, las prácticas que se lleven a cabo serán muy diferentes. Por eso es importante el contexto en el cual se desarrolló cada ley para entender la importancia de las conquistas de un nuevos derechos. La forma con la cual nos reconocemos y construimos como sujetos es muy importante y diferente según el momento de la historia.


Argentina, C. H. (2013). Comunidad Homosexual Argentina. Obtenido de Documentos: http://www.cha.org.ar/documentos/

Del Barco, O., Cosacov, G., Longhini, C., Sanchez, S., Scotto, C., & Tatian, D. (Octubre de 2000). "La ética del cuidado de sí como practica de la libertad" (diálogo con H. Becker, R. Fornet-Betancourt, A. Gomez-Müller 20 de enero de 1984). Obtenido de Nombres Revista de Filosofia: https://revistas.unc.edu.ar/index.php/NOMBRES/article/viewFile/2276/1217

Jáuregui, C. (2013). Comunidad Homosexual Argentina. Obtenido de http://www.cha.org.ar/nosotros/carlos-jauregui/

Ley 14783 Cupo laboral trans Boletin Oficial. 17 de septiembre de 2015. Buenos Aires.

Ley 26618 Matrimonio Igualitario Boletin oficial. 15 de julio de 2010. Buenos Aires.

Ley 26743 derecho a la Identidad de Genero Boletin oficial.23 de mayo de 2012. Buenos Aires.

Lopez, V. (18 de junio de 2018). El caso Diana Sacayán: perpetua en la primera condena por un travesticidio. Diario Clarin.

Presentes, A. (14 de octubre de 2018). #ENM2018 Histórica y masiva marcha contra los travesticidios. Agencias Presentes.

primer proyecto de unión civil y la inclusión de la orientación sexual en la cláusula anti-discriminatoria de la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires. (20 de agosto de 1996). Buenos Aires, Argentina.

PRODUCCIONES, U. (Dirección). (2013). Historia Clinica: Carlos Jáuregui - "El mismo amor, los mismos derechos" [Película].


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