INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

Nuestro noviembre distanciadxs también fue orgulloso

Pedimos que no nos maten por ser tortas, travas, gays, etc., pedimos ESI efectiva en las escuelas para tener infancias libres de abusos, pedimos cupos laborales, pedimos leyes que nos habiliten a vivir dignamente.


Por Amparo Agüero Solis

#pridemonth #expresspride

Cada 28 de junio se conmemora el Día Internacional del Orgullo LGTBIQ+. La fecha fue elegida porque un 28 de junio de 1969 la policía irrumpió en el bar Stonewall Inn (Nueva York, Estados Unidos) que era frecuentado por la comunidad gay. No era la primera vez que la policía tenía este comportamiento (ni fue la última, como experimentamos día a día), pero fue un viernes a la madrugada, cuando el bar se encontraba repleto de gente. Lesbianas, gays, trans, drag queens, adolescentes fugadxs, acostumbradxs a huír de la policía, esa noche se dieron cuenta de que eran más y fueron los oficiales quienes tuvieron que refugiarse en el bar para resguardarse de una multitud que empezaba a decir basta.


Un año después, aproximadamente diez mil personas se congregaron frente a las puertas del Stonewall en la calle Christopher. Marcharon espontáneamente, por la Quinta Avenida hasta el Central Park. Esa fue la primera marcha del orgullo lésbico, gay, travesti, transexual de la historia. Desde entonces, centenares de ciudades en el mundo entero se han ido sumando a ese festejo, a esa jornada de lucha.


En Buenos Aires hubo que esperar hasta 1992. El 2 de julio de ese año, unas 300 personas marcharon desde Plaza de Mayo hasta Congreso bajo la consigna “Libertad, Igualdad, Diversidad” y, desde entonces, la marcha se ha sostenido ininterrumpidamente sumando cada vez a más personas y consignas. El origen se encuentra en 1984, en el marco de la vuelta a la democracia. Los activistas Carlos Jáuregui y César Cigliutti (que se nos fue hace apenas unos meses) formaron la Comunidad Homosexual Argentina con el objetivo de luchar contra la represión y los edictos policiales heredados de la dictadura militar. Ellos fueron los impulsores de la primera marcha junto con otras organizaciones.


En 1997 se consensuó mover la marcha a noviembre. Si bien, por un lado, el cambio de fecha tuvo que ver con las frías temperaturas de junio/julio, sirvió también para conmemorar, la fundación, el 1 de noviembre de 1967, del colectivo Nuestro Mundo: la primera organización disidente de nuestro país y de América Latina. Desde entonces, si bien en junio todxs lxs miembros de la comunidad conmemoramos lo acontecido en Estados Unidos, se ha mantenido noviembre como mes del orgullo en Argentina. En las distintas provincias se fueron replicando las marchas con el paso del tiempo.

Este año, a diez años de la Ley de Matrimonio Igualitario y a unos meses de la muerte de César Cigliutti, el evento principal en CABA fue un desfile virtual, el pasado 7 de noviembre, bajo la consigna “Nos cuidamos entre todes, nos sostiene nuestra comunidad”. El principal reclamo fue por la sanción de la Ley de Cupo e Inclusión Laboral Travesti Trans. Algunas organizaciones, no obstante, convocaron a actos presenciales en la plaza.


La celebración de la diversidad sigue siendo una necesidad, un “atrevimiento” que nos tomamos todos los años para hacernos visibles y reclamar por los derechos que nos siguen faltando y los que nos son sistemáticamente arrebatados. Este año dejó al descubierto situaciones más complicadas de las que ya teníamos. Todas las personas en situación de prostitución, y también compañeres travestis y trans que hacían otros trabajos como peluquería, manicuría, se quedaron sin ingresos y necesitaron apoyo para los elementos más básicos como la alimentación. Porque lxs diversxs seguimos siendo ciudadanxs de segunda y la discriminación a nivel social y estatal sigue siendo el orden del día.


En Córdoba, por ejemplo, desde donde escribo estas líneas, el pasado 20 de noviembre un reaccionario grupo de personas antiderechos prendió fuego la bandera LGTBQI+, izada en el Parque Sarmiento (uno de los principales espacios verdes y de esparcimiento de la ciudad) el pasado mes de junio en conmemoración del 51 aniversario de Stonewall. No es la primera vez que esto ocurre, de hecho, el mismísimo 29 de junio (un día después de que fuera colocada) tiraron cadenazos y agredieron a quienes pretendían que se mantenga izada. Luego sufrió robos e incluso fue tajeada. Se le había colocado una traba en la roldana para que no la puedan sacar, pero ahora hicieron una escalera humana para poder prenderla fuego.


El 21 de noviembre fue en Córdoba la 12a Marcha del Orgullo Disidente que consistió en una caravana de autos y bicicletas por la tarde y un festival virtual por la noche. El año pasado, en la marcha número 11 y la segunda a la que yo asistí fuera del closet, mi compañera me señaló cuántas “muertes” podían verse en un evento como este. Muchas, lamentablemente, en el sentido literal. Pero muchas también en el sentido metafórico de despojarse de todo lo que se creía ser para animarse a ser quien se es. Como dijera Jáuregui, “en un mundo que nos educa para la vergüenza, el orgullo es una respuesta política”.


Y por eso acá seguimos, orgullosxs, resistimos, luchamos; para que dejen de matarnos en el sentido real (sí, porque en el siglo XXI a las mujeres, a las lesbianas, a lxs trans, travas, gays, bi, nos siguen matando por ser lo que somos), y para podamos dejar de vivir vidas prestadas bajo las reglas impuestas por esta sociedad que, si la corrés un poco de su binomio cisheteronormado, activa un plan macabro de exterminio de todo lo que se escapa a “lo normal”. Pedimos que no nos maten por ser tortas, travas, gays, etc., pedimos ESI efectiva en las escuelas para tener infancias libres de abusos, pedimos cupos laborales, pedimos leyes que nos habiliten a vivir dignamente. Decimos basta y queremos que se derrumbe este cistema que nos oprime.

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