INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

Nos estamos quemando

La Amazonia está ardiendo. Lo ha estado haciendo hace ya casi un mes. Aun así, hace solo una semana que los grandes medios comenzaron a hablar sobre el desastre ambiental que está ocurriendo allí. ¿Por qué debería preocuparnos esto? ¿Acaso preocuparnos por la crisis económica que está atravesando nuestro país no basta? Chocolate por la noticia: esto nos afecta a todos y a todas, incluso a nuestro sistema económico. Así que prestemos atención.


Por Agustina Buscaglia


Volviendo a la escuela


La Amazonia es la selva tropical más extensa en el planeta y cubre una totalidad de 6.7 millones de kilómetros cuadrados. Está repartido entre nueve países pero la mayoría se encuentra en Brasil y Perú, luego en Bolivia, Colombia, Venezuela, Ecuador, Guyana, Guyana Francesa y Surinam.


A pesar de que cada país tenga soberanía dentro de su territorio, la Amazonia es patrimonio de la humanidad. Es de las zonas geográficas con mayor biodiversidad en el planeta ya que alberga 40.000 especies de plantas y 6.000 especies de animales (Fondo Mundial para la Naturaleza) y es el hogar de 400 pueblos originarios (Survival International). Es también considerado el “pulmón” del mundo. En su libro Viaje al Fin del Amazonas, Silvina Heguy cuenta que “en la cuenca más grande del planeta hay ríos en la tierra y también en el cielo.” Como bien describe Heguy, la Amazonia no solo alberga una de las reservas de agua dulce más grande del planeta –entre el 17% al 21%, según la Fundación Vida Silvestre Argentina–sino que absorbe una gran cantidad de dióxido de carbono y libera 20 toneladas de lluvia: dióxido de carbono transformado en oxígeno por proceso de fotosíntesis, que al acumularse genera precipitación (ciclo del agua, chiques) a la atmósfera por día (Ministerio de Ciencia, Tecnología, Innovaciones y Comunicaciones de Brasil, MCTIC).


Los incendios y la deforestación van de la mano


Ahora bien, existe una relación estrecha entre los incendios y la deforestación. Insisto, los incendios naturales en la Amazonia son poco comunes por su clima húmedo. Por lo tanto, no puede haber otra explicación posible que la actividad humana. Veamos el ejemplo de Brasil. La selva amazónica representa el 60% del territorio brasileño. Según el Center for International Forestry Research (CIFOR), se ha deforestado un 20% de la selva desde 1970. El Instituto de Investigación Espacial de Brasil (INPE) decretó que la deforestación creció un 82% desde que asumió Bolsonaro como presidente en enero de 2019. En comparación con el mismo periodo durante el año anterior, se pasó de 596,6 km2 deforestados en julio de 2018 a 2254,8 km2 deforestados en julio de 2019. A su vez, la cantidad de focos registrados en la Amazonia en 2019 aumentó en un 145%, en comparación con el mismo período en 2018.


Lo que está ocurriendo es una catástrofe ambiental, y ya se están viendo sus efectos. Son varios los periodistas que están documentando las escenas y muestran imágenes tenebrosas: kilómetros y kilómetros de vegetación incendiada, animales muertos, personas despojadas de sus hogares. Las ciudades no están exentas. Santiago Gasso, investigador del centro de Goddard NASA, advierte que una nube de humo cerca de unos 3,2 km2 cubre Latinoamérica. Ya la ciudad de San Pablo, a varios kilómetros de distancia de los focos de incendios, estuvo cubierta por una nube de humo arrastrando partículas de quemas del Amazonas (AFP).


En el informe del IPCC se cita una investigación de Soares-Filo et al. (2006) en donde predicen que si Brasil sigue deforestando a este ritmo, para el 2050 se eliminará el 40% de toda la selva amazónica y se liberarán entre 87.000 y 147.000 mt. de dióxido de carbono a la atmósfera. Además, Científicos de la Universidad de Maryland advierten que la Amazonia puede llegar a convertirse en una sábana seca si sigue el nivel de deforestación.


Las raoznes de la deforestación son sumamente sospechosas. Por un lado, se habla de que los días 10 y 11 de agosto se celebró el “Día del Fuego”, evento en el que campesinos a favor del modelo económico de Bolsonaro (promoción de tala y deforestación para la explotación de tierras) incendiaron áreas preservadas para trabajar las tierras con el fin de desarrollar la industria minera, la ganadería y la soja. Según la Fiscalía Federal de Brasil, prender fuego a un área de 1.000 hectáreas vale cerca de un millón de reales (US$ 241.705,00) en el mercado negro.


Este fenómeno no está ocurriendo solo en Brasil. Bolivia también cuenta con 460,000 hectáreas incendiadas actualmente, afectando partes del departamento de Santa Cruz para actividades de cultivo y pastoreo; según el Gobierno Autónomo Departamental de Santa Cruz, ello se ha intensificado por fuertes vientos y sequía. Argentina, por su parte, está entre los diez países que más deforesta, especialmente en la zona del Chaco. Según la Fundación Vida Silvestre e INTA, se registró entre 2007 y 2014 una pérdida de 1,95 millones de hectáreas de bosques nativos y, si seguimos así, proyectan que para el 2028 habremos perdido una extensión equivalente a 200 veces la superficie de la Ciudad de Buenos Aires (Diario La Nación, 27 de Agosto).


Un bosque en llamas cerca de Porto Velho, una ciudad de la Amazonía brasileña. Fuente: New York Times.


#ActForTheAmazon


#PrayForAmazon se volvió la principal tendencia global en Twitter el 21 de agosto. Muchos criticaron este hashtag dado que hoy, más que nunca, se deben tomar decisiones políticas sobre cómo solucionar este problema más que dejarlo en manos de la fe. Entonces, #ActForTheAmazon. Alemania y Holanda, de los países con mayor aporte económico a la protección de la selva amazónica en Brasil, ya retiraron sus fondos. Francia amenaza con retirar su acuerdo MERCOSUR–Unión Europea. Por su parte, el G7 donó 22 millones de dólares en ayuda de emergencia; cabe decir que representa un monto pequeño, lo que nos lleva a preguntarnos si crear soluciones para proteger esta zona es realmente una prioridad para los gobiernos. Es más, es muy probable que Bolsonaro rechace esta donación.


Desde la sociedad civil, no podemos quedarnos de brazos cruzados. Existen alternativas institucionales para salvar la selva amazónica. Entre ellas, Brasil cuenta con el Consorcio Interestatal de Desarrollo Sostenido de la Amazonía Legal, una agrupación regional de los estados amazónicos. También existen una cantidad de organizaciones que protegen el Amazonas, como Greenpeace, Earth Alliance, Rainforest Trust, Rainforest Action, entre otras. En nuestro país también existen numerosas organizaciones dedicadas a esta labor, entre ellas Fundación Vida Silvestre o Reforestar.


Más allá de la cuestión ambiental, esta catástrofe nos invita a repensar nuestro modelo económico. ¿Cómo puede ser que sea más premiado quemar áreas protegidas en vez de efectivamente protegerlas? Los gobiernos con soberanía territorial sobre la Amazonia deben tener incentivos para proteger estas zonas. Hoy estos incentivos no existen.


Para finalizar, un amigo publicó una reflexión en una historia en Instagram que quiero compartir:


Para la comunidades originarias el fuego es sabio, es más, se lo llama “el abuelo”. El hecho de que se esté quemando una de nuestros más preciados tesoros solo significa que la Tierra nos está hablando, nos está haciendo despertar. Despertemos de esta pesadilla antes de que sea demasiado tarde.


Manifestación en reclamo por la situación del Amazonia en Río de Janeiro. Fuente: EFE.


Ahora bien, ¿qué puede hacer el ciudadano común?


Reducir o eliminar el consumo de carne. Gran parte de la deforestación de la selva amazónica se debe a que esas tierras luego son explotadas para la actividad ganadera. Si no hay demanda, no hay oferta. Revisemos nuestros hábitos (Ver reporte del IPCC “Forestry”).


Informarnos como consumidores. Dejemos de consumir productos elaborados por industrias que promueven la deforestación en la Amazonia.


Distinguir el verdadero desarrollo del falso. Un desarrollo económico que no contemple el bienestar de todos los que forman parte de él –y, por lo tanto, no sea sustentable– no es desarrollo.


Apoyar instituciones científicas y universidades. Las investigaciones y el trabajo académico son fundamentales para tomar decisiones políticas respaldadas en datos empíricos y, por lo tanto, más eficaces. Entre ellas, se destacan el INPE en Brasil y el CONICET en Argentina.


Apoyar económicamente. Realizar donaciones a organizaciones internacionales, regionales y nacionales que trabajan con personas locales en la protección, conservación y restauración de este santuario forestal. Mencioné un par anteriormente.


Votar de manera sustentable. Es decir, votar pensando en las generaciones tanto de ahora como de las futuras. Votemos candidatos/as con propuestas serias y profundas para conservar y regenerar nuestros tesoros naturales.


Referencias


Gobierno Autónomo Departamental de Santa Cruz, Bolivia. http://www.santacruz.gob.bo/sczturistica/medioambiente/riesgos_focoscalor/300440

Incendios en el Amazonas: los bosques del Chaco también están en peligro. https://www.lanacion.com.ar/sociedad/bosques-el-chaco-es-uno-de-los-11-lugares-con-mayor-deforestacion-nid2281703

Instituto de Imagenes Satelitales Brasil.http://www.inpe.br/queimadas/bdqueimadas/

Greenpeace. https://www.greenpeace.org/argentina/issues/bosques/2297/sobre-los-incendios-forestales-en-el-amazonas/

Nabuurs, G.J., O. Masera, K. Andrasko, P. Benitez-Ponce, R. Boer, M. Dutschke, E. Elsiddig, J. Ford-Robertson, P. Frumhoff, T. Karjalainen, O. Krankina, W.A. Kurz, M. Matsumoto, W. Oyhantcabal, N.H. Ravindranath, M.J. Sanz Sanchez, X. Zhang, 2007: Forestry. In Climate Change 2007: Mitigation. Contribution of Working Group III to the Fourth Assessment Report of the Intergovernmental Panel on Climate Change [B. Metz, O.R. Davidson, P.R. Bosch, R. Dave, L.A. Meyer (eds)], Cambridge University Press, Cambridge, United Kingdom and New York, NY, USA.

Soares-Filho, B. S., Nepstad, D. C., Curran, L. M., Cerqueira, G. C., Garcia, R. A., Ramos, C. A., ... & Schlesinger, P. (2006). Modelling conservation in the Amazon basin. Nature, 440(7083), 520

Para seguir leyendo

Imágenes áreas de focos de incendios en el Amazonas (2001-2019). https://www.nytimes.com/es/interactive/2019/08/26/espanol/america-latina/incendios-brasil-mapas.html

The Climate Change Service and Atmosphere Monitoring Service of the European Union muestra concentración de distintos indicadores, entre ellos, dióxido de carbono, en vivo. https://atmosphere.copernicus.eu/global-forecast-plots

Nombres de periodistas en terreno: Victor Moriyama (The New York Times) y Joaquín Sánchez Mariño (independiente).


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