INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

No mires para otro lado

Ya es de público conocimiento lo que muchas personas piensan acerca de las vacunas y su respectiva aplicación. ¿Son necesarias? Mucha gente, cree que por el contrario resultan ser contraproducentes y que además generan efectos colaterales. Uno de ellos, el Trastorno del Espectro Autista (TEA).


Por María Eugenia Rodríguez Jovanovich


Fuente: RedEA. Campaña de concientización "MIRAME"

¿QUE ES EL AUTISMO?

La nueva clasificación de los trastornos Autistas del último Manual Diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM), ha traído consigo ciertos debates en cuanto a la adecuación de los mismos. El DSM presenta una clasificación de trastornos mentales que sirve de referencia a muchos profesionales de la salud, e incluso se ha utilizado para diversas investigaciones y para establecer estadísticas de salud pública.


La cuarta edición del DSM (1994), nombraba al autismo y sus variantes como trastornos generalizados del desarrollo (TGD). Hoy en día, el DSM V, ha reemplazado esta definición por “Trastornos del espectro autista” (TEA), estableciendo consigo tres niveles de gravedad en los síntomas. No hay dudas de que el manual ha sido de mucha ayuda a la hora de arribar a un diagnóstico, pero esta nosología que se pretende imponer es estar reduciendo niveles y niveles de particularidades diagnosticas que no se toman en cuenta y son clasificados inadecuadamente en una categoría. Pues verán, no se puede etiquetar a una persona de acuerdo a la agrupación de síntomas y malestares, pues se olvidan del factor subjetivo.


Cuando hablamos de subjetividades, nos referimos a aquello que no puede ser cuantificable, medible. Es particular de cada sujeto el factor humano que lo constituye. Esto sin dudas, es algo que diferenciaría a las ciencias duras como lo es la medicina de aquellas sociales, como la psicología. El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría debería constituir solo una referencia y ayuda para un diagnostico diferencial. Pero de ninguna manera, podrá suplir aquello singular que recae en la figura del analista.


Desde el Psicoanálisis, el autismo es concebido bajo otra percepción. Estas personas se caracteriza por no establecer contacto con la realidad, y por presentar sobre todo trastornos en relación con otro (rechazo de la mirada, ausencia de conductas espontáneas o falta de reciprocidad social y emocional). Otra característica recae en lo que es la comunicación, donde puede haber retraso, ausencia de lenguaje oral, o incapacidad para establecer conversaciones). Lacan decía que ellos viven en un silencio obstinado porque no mantienen deseo de devolver la palabra. Están sumergidos a un semi-mutismo y activan una defensa contra la voz y la mirada de Otro, porque lo sienten como invasivo.

El diagnostico en el psicoanálisis, se logra a través de la presencia de síntomas positivos singulares al sujeto. La tarea del analista recae entonces, en devolver la palabra pero sin posicionarse como interlocutor, de otra forma, podrían sentirlo como una invasión a su mundo. Muchos tratamientos, se realizan mediante el juego, actuando este como borde para establecer contacto con la realidad y con el otro.


El niño, cuando es pequeño, va configurando su cuerpo como si estuviera reflejado en un espejo, en sus padres. Lentamente, se realizan a imagen y semejanza de ellos y la madre, va introduciéndolo a una cadena de lenguaje, de significados. Le da su lugar en el mundo. Aquí hablamos de otra forma de constitución, y de un cuerpo que no ha sido tomado por la palabra y que por momentos les puede resultar ajeno.


En mis noches de seminarios en la facultad, recuerdo que mencionaban a un pequeñito quien le temía a la rejilla del baño. Un día, apoyo su mano en ella y su madre vertió agua para que viera el recorrido que ésta hacía. El estado de angustia y pasmación que sufrió el niño frente a esa imagen no tiene palabras. Pues creía, que su mano se iba a ir por la rejilla como el agua. Aquí se ve claro, como está afectada la imagen del cuerpo.


¿Cómo reducir algo así, algo tan humano y que aún hoy mantiene el misterio de su origen, a una vacuna? Pues verán, lejos de ser una enfermedad, es necesario concebir estas personas como excepcionales. Simplemente, no es que su realidad sea diferente a la nuestra, sino que mantienen otras formas de percepción de la misma y eso es algo que aún no tiene explicación pero que sin dudas, la respuesta no está en la dureza de un fármaco.


CASO WAKEFIELD: EL INICIO DE UNA FALSA CREENCIA


En los últimos tiempos, un movimiento antivacunas se ha ido gestando alrededor del mundo lentamente. Frente a un brote de sarampión letal para muchos niños, diversas familias comenzaron a cuestionarse la efectividad de la triple vírica (Sarampión, rubeola y paperas). Esta creencia, se fue agravando aún más con el famoso caso Wakefield: un estudio que resultó ser falso y que vinculaba a la vacuna triple vírica con el trastorno del espectro autista (TEA).


Años después, Brian Deer´s descubrió que Wakefield no solo había falseado cosas en su artículo, sino que además su muestra se encontraba sesgada, no tenía permiso del Comité Ético del Hospital como afirmaba en su publicación y había recibido importantes cantidades de dinero en una disputa contra las droguerías productoras de la vacuna.


Debido a las malas condiciones que mantuvo con los niños al someterlos a pruebas innecesarias e invasivas que ponían en peligro su salud, y el haber violado los códigos de ética que se mantienen en una investigación pagando 7 euros a los niños para poder extraerles sangre, se decidió quitarle no solo su matrícula sino también la posibilidad de practicar la medicina en el Reino Unido. Aun hoy, sigue trabajando en el Estado de Florida (EEUU), donde fue nombrado director de investigación y llamado “Director de las buenas noticias”. Aún hoy me pregunto si es irónico.


El trastorno del espectro autista, no puede ser reducido a mí parecer a la simple aplicación de una vacuna. Y por ello, hay estudios que respaldan esta teoría.


Autism Occurrence by MMR Vaccine Status among US Children with Older Siblings with and Without Autism


El siguiente estudio, se realizó en el año 2015 y maneja una muestra de 95.727 niños con hermanos mayores. Los grupos de estudio, se dividieron en: Niños con TEA y hermanos sin trastorno, Niños sin TEA y hermanos con trastorno, y niños con TEA y hermanos con trastorno.


Los niños fueron visitados entre 2001 y 2012. Algunos habían recibido las dos dosis de triple vírica, otros una y los demás ninguna. Se cruzaron los datos con aquellos que no recibieron dosis y los que sí, y se evaluó si hubo diferencias a la hora de ser diagnosticados. En teoría, de ser los planteos de Wakefield ciertos, los resultados demostrarían que los niños vacunados sufrirían en mayor porcentaje y esto se daría probablemente con más fuerza en los casos de alto riesgo, que son aquellos en que los niños tienen ya un hermano con TEA.


Lo que se halló en el estudio, no fue esto. Las tasas de vacunación en niños cuyos hermanos mayores no poseían TEA, era casi del 84% a los 2 años y del 92% a los 5 años. En cambio cuando el hermano mayor tenía TEA, las tasas de vacunación se reducían considerablemente. A los 2 años del 73% y a los 5 años del 86%. Estos datos parecieran coincidir con la decisión de algunos padres, quienes no vacunaron a su hijo más pequeño por la procedencia del primero como consecuencia de los estudios realizados por Wakefield.


A la hora de contrastar los datos, no hubo correlación alguna de la vacuna triple vírica con el hecho de poseer o no TEA. Ni a los 2 años ni a los 5. Tampoco se demostró que los niños con hermanos afectados con el trastorno, lo padecieran más por vacunarse que por no hacerlo.


Puede haber factores genéticos que determinen la procedencia del Autismo, pero este trastorno sin dudas no depende de una vacuna que incluso, ha ahorrado en la historia de la humanidad muchas enfermedades.


PENSAR LA INTEGRACIÓN


Es difícil desarmar ese paradigma de “Normalidad” que nos atraviesa como sociedad. Difícil es aceptar que somos diversos y que como personas nos atraviesan deseos diferentes así como también necesidades. El problema del autismo no es biológico, por el contrario, se encuentra en la sociedad que de alguna manera no da los mismos derechos. Según como fue cambiando el manual diagnóstico, el trastorno del espectro autista alcanza hoy en Argentina alrededor de 400 mil personas de acuerdo a las estadísticas de la asociación argentina de padres de autistas (APAdeA). Como se trata de un espectro, la realidad de cada persona es diferente según su grado de interacción, comunicación y comportamiento. Aun así, muchos de estos jóvenes son auto-válidos por lo que ya hace unos años, la asociación de padres ha realizado convenios en el país para que muchos de estos chicos puedan ser integrados a empresas que confeccionan softwares, sobre todo aquellos que poseen Trastorno de Asperger (que es una de las variantes del trastorno del espectro autista).

Según la Ley 27.043 sancionada el 19 de noviembre del 2014, se declara de interés nacional no solo el abordaje interdisciplinario e integral de las personas que presentan TEA, sino que también la posterior inclusión a los diferentes niveles educativos, laborales y sociales de acuerdo a lo establecido en la Convención sobre Derechos de las Personas con Discapacidad, aprobada por la ley 26.378.

Bajo esta concepción, lejos de excluir a estas personas, se debería fomentar el compartir y generar lazos que puedan volver a restablecer el vínculo social y con la realidad que tanto se añora. El hecho de establecer las causas del trastorno a una vacuna sin sustentación empírica y con una muestra sesgada, no va a mejorar la situación de miles de personas que padecen el trastorno. Por el contrario, genera un efecto adverso y modos de exclusión aún más violentos.

Toda persona tiene el derecho a poner en tela de juicio la efectividad de las vacunas o de lo que fuera. Pero no llegar al límite de establecer en ello la causa de un padecimiento que aun hoy, su origen se mantiene inexacto.

Hay que dejar de ver el trastorno como algo defectuoso, dejar de tratarlos como algo que puede romperse fácilmente, porque esto solo genera más exclusión, más rechazo y más miedo.


Una profesora alguna vez me dijo: "Genuinamente pienso, que las personas Autistas se encuentran en el plano correcto de la realidad. Todos los demás, estamos mal."

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