INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

Mi psicólogo es un ordenador: ¿pueden las TICs reemplazar el factor humano?

A comienzos del siglo XXI ya se vislumbraban las primeras herramientas tecnológicas de la humanidad y cómo éstas empezaban a meterse dentro de los ámbitos académicos. Es de público conocimiento cómo las tecnologías de la información y comunicación (TICS) se han ido apoderando de la vida cotidiana resultando ser facilitadores bajo ciertas perspectivas, pero a su vez nos han encadenado a la dependencia absoluta.


por María Eugenia Rodriguez Jovanovich

Computadoras portátiles, ordenadores, proyectores, pantallas táctiles, videoconferencias, llamadas y videollamadas son algunas de las aplicaciones que más se usan a la hora de comunicarnos.


¿Pero que pasaría si estos aparatos lentamente reemplazaran la actividad humana? Hay algo que todos sabemos y es que, a medida que pasan los años, nos es más difícil vislumbrar nuestra vida cotidiana sin estar sumergidos en la web, en las redes sociales, es decir, conectados. Hay cierta satisfacción en trabajar desde casa sin tener que movernos de nuestra cama o sin tener que salir a la calle bajo condiciones climáticas desfavorables. El encuentro cara a cara con personas ya no suele ser tan frecuente como lo era antes pues ahora existen videoconferencias que posibilitan la conexión de una parte del hemisferio al otro, teléfonos celulares que funcionan con redes de datos móviles posibilitando que compartamos imágenes en tiempo real, e incluso sistemas de navegación que nos permiten detectar y compartir nuestra ubicación.

Escena de la célebre saga "Star Wars"

Y si todo esto no fue suficiente, ahora se nos presenta la nueva tecnología holográfica que nos permite poder visualizar, al otro, en 7D como lo vemos en la Saga Star Wars, lanzada al público en 1977. Tal vez George Lucas no estaba tan errado después de todo.


La tecnología ha llegado a modificar nuestra forma de operar y relacionarnos con el resto y esto, sin dudas, viene con un precio a pagar. Los casos de introversión, exclusión social o las llamadas fobias sociales son más frecuentes hoy en día que hace 50 años. El avance de las TICs ha traído consigo otro tipo de enfermedad a la que me gusta llamar “alienación en red”. Somos esclavos de nuestro propio tiempo, pues ahora pasamos horas y horas mirando la pantalla de un celular, o jugando juegos online, o incluso pensando cuál será la próxima cámara, teléfono o aparato que nos vamos a comprar. Y si todo esto tampoco fuera suficiente, ahora también hay robots que hacen tu trabajo de forma perfecta y dinámica, como también plataformas web que… ¡te ayudan a tratar la ansiedad!


Todo esto y mucho más es lo que te ofrecen las nuevas tecnologías de realidad virtual, realidad aumentada e internet.


La tecnología avanza en el mundo Psicológico


Muchas de las tecnologías nombradas se han ido insertando en el plano de la psicología sirviendo de ayuda a los profesionales de la salud. Sin embargo, siguen poniendo en evidencia el agujero con el que se encuentran a la hora de toparse con lo real. A continuación, mencionaremos algunas de ellas.


Realidad virtual y Realidad aumentada.


Es notorio que los avances en materia tecnológica han traído severos beneficios en el ámbito psicológico. Un ejemplo de ello es la realidad virtual y cómo esta simulación permite realizar diferentes tareas una y otra vez con la intención de perfeccionarla y que no sea tan aversiva a la hora de enfrentarla en la realidad. Estas situaciones, varían según las necesidades del paciente y le permiten superar obstáculos introduciendo elementos virtuales a la situación real (realidad aumentada).


Pero hay un motivo por el que siempre se reitera la palabra “virtual” y es que estas realidades son justamente artificiales, recreadas como las situaciones experimentales cuyas variables se encuentran contempladas a fines de evitar sesgos. Se olvidan de lo singular de la persona y del caso en particular. El factor humano que se juega en las relaciones sociales es ese factor imprevisible de la conducta que puede o no estar contemplado en los estereotipos de respuesta.


Si bien esto puede traer avances como por ejemplo en lo que es el trastorno de ansiedad para ayudar a alivianarlo, lo cierto es que las situaciones no dejan de ser recreadas a gusto y esto es muy difícil de controlar. Si en la vida real algo no sucede como lo planeado y practicado, puede generar mucha angustia en el menor de los casos. Y ni hablar de que se sigue perpetuando un sistema de encapsulamiento del mundo real, ya que con el paso del tiempo mantendremos menos contacto con lo social.


Tratamientos computarizados

Estos tratamientos son aplicados con la ayuda de un ordenador. Por ejemplo, en Reino Unido se encuentra el programa Beating the Blues para aquellos que sufren de ansiedad y depresión. Este programa mantiene 8 sesiones de 50 minutos en donde se aprenderán diferentes herramientas que deberás tratar de utilizar en la vida real a especie de “Tarea para el hogar”. Si bien este programa mantiene relevancia y sustentación empírica, también resulta mejor alternativa que muchos otros tratamientos que involucran fármacos. El programa se rige por las leyes de la terapia cognitivo conductual y por lo tanto actúa ofreciéndote herramientas que te ayudan a re-evaluar tu posición con respecto a lo que pensas de vos mismo y de las cosas que te suceden. Es decir, actúan a nivel de las interpretaciones. Para aquellos que quieran probarlo, en la página figura un DEMO que podrá mostrarles un poco cómo es el mecanismo de funcionamiento. Sólo deberán hacer click aquí y descargar el contenido para dar inicio.


Resultaría ser un programa excepcional y no tengo dudas de que podría ser efectivo a largo plazo, pero de nuevo se perpetúa esto del encapsulamiento. Nada podría reemplazar el estar cara a cara con un profesional. Freud lo dijo: “La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como lo son unas pocas palabras bondadosas”. Y, en mi opinión, muchos siglos después tampoco lo ha hecho.


Así como existe un programa para la ansiedad y la depresión en el Reino Unido, también los hay en diferentes partes del mundo. Por ejemplo, Australia cuenta con un software computarizado llamado ¨The end the anxiety program¨ que te ayuda a reducir los niveles de ansiedad, sirviéndole al lector una base que explica cuáles son los síntomas que generalmente aparecen cuando se sufre un desorden de este tipo: problemas para permanecer quieto, palpitaciones y sudoraciones, o incluso empezar a padecer actividades que antes parecíamos disfrutar.


Pero esto no es todo, también hay programas para quienes sufren ataques de pánico (The Panic Program), preocupación ansiosa (The Worry program), estrés post- traumático (The PTSD Program) y fobia social (The Shyness Program) entre otros. Este último resultaría irónico ya que un buen paso a dar para superar la fobia seria contactar con un analista y trabajar en las sesiones cara a cara. ¿Pero qué se yo de los alcances de la tecnología, no? En fin, algunos de esto programas implican nuevas apps que son completamente gratis, guías de ejercicios para descargar, y otras que son exclusivamente pagas para aquellos que quieran gozar de consultas online con un profesional.


Supongamos que un paciente no puede trasladarse a consulta. Estos métodos no serian del todo errados al momento de avanzar en un tratamiento y se podría afirmar que, bajo ciertas circunstancias, tener alternativas online supone una ventaja del nuevo siglo. Pero sigo enfatizando que tal vez se están reemplazando aspectos importantes que recaen en lo humano que necesitan el contacto con la realidad. Hoy mas que nunca en un mundo tan modernizado por la tecnología es necesario que se mantengan ciertas costumbres que hacen a la psicología en sí.


¿Costo o beneficio?


Nuestra obligación ética como psicólogos/as recae en intentar brindar ayuda de la manera más eficaz y a la mayor cantidad de personas posibles, sin violar ninguno de los códigos normativos que se nos imponen y haciendo prevalecer el secreto profesional junto con el bienestar del paciente o terceros. Claramente, las TICs podrían ayudar con la difusión y el alcance en este sentido.


Pero hoy hablé de programas que se encuentran sustentados en países más desarrollados, y que sin dudas todos estos avances sabemos que no tardan el doble, sino el triple en llegar a países como Argentina. Si es que llegan.


Imaginen, que el modelo de asistencia sanitaria solo llega a cubrir un 40% en países mas desarrollados, y aun así no logran cubrirse todas las necesidades de la población debido a los altos costos.


Según la OMS (Organización mundial de la Salud), en Latinoamérica, 8 de cada 10 personas con problemas de salud mental no logran tener asistencia, lo que pone en evidencia el serio fracaso en materia de derechos que sufrimos, ya que todos los ciudadanos tenemos derecho a una vida digna y a gozar sin distinción alguna del más alto nivel de salud. Pero esto por supuesto, no se cumple.


Si bien las TICs pueden ayudar a suplir estas carencias del Estado, no podemos dejar pasar el hecho de que no todas las personas tienen acceso a internet para poder descargarse aplicaciones en celulares y mucho menos pagar por un tratamiento online.


Es importante recalcar que estas herramientas brindan ayuda y actúan como facilitadores en muchas cuestiones cotidianas, así como también pueden brindarte en la palma de tu mano un programa para reducir la ansiedad o el estrés diario. Pero para que estos avances puedan subsistir y estandarizarse, primero hay que suplir todo un sistema que se encuentra fallando en nuestro país, cuyos establecimientos públicos, que deberían ser lo más preciado, se encuentran en decadencia y traen consigo mas padecimientos que alivios.


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