INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

Malvinas: ni olvido, ni renuncia, ni perdón

Hace poco más de una semana la sociedad se movilizó para conmemorar el Golpe de Estado de 1976 que inauguró uno de los capítulos más oscuros de nuestra historia. Con el ascenso de figuras negacionistas resulta cada vez más importante recordar a nuestrxs 30.000 compañerxs detenidxs desaparecidxs: y no permitir que caigan en el olvido las violaciones sistemáticas a los Derechos Humanos perpetradas por la genocida dictadura cívico-militar-mediática-eclesiástica.


Por Luis Eduardo Esquivel

Hoy conmemoramos uno de los hitos de esta dictadura: la Guerra de Malvinas. Una insana decisión que en sólo 74 días dejó 649 argentinos muertos y 1731 heridos. Tiró por el suelo años de diplomacia argentina; vale recordar que Argentina construyó el aeropuerto en la capital de las islas; que YPF proveía el combustible al archipiélago; que nuestra aerolínea de bandera ofrecía vuelos periódicos; etc. En definitiva, contábamos con una amplia relación bilateral, tal es así que fuentes diplomáticas confirmaron que Perón recibió en 1974 comunicaciones británicas secretas que pretendían tender puentes para lograr una eventual administración compartida.


La guerra trajo como consecuencia el cierre de todo tipo de canal de negociación, a pesar de la consolidación de la cuestión de Malvinas como constante de la política exterior al regresar la democracia. La reforma de 1994 obliga a cada gobierno a mantener esta política dado que ratifica en la Cláusula Transitoria Primera de la Constitución Nacional la “legítima e imprescriptible soberanía sobre las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes, por ser parte integrante del territorio nacional.”.


En un sistema anárquico, como el actual, ¿Cómo negociar con un Estado miembro de la alianza militar más importante del Siglo XXI (OTAN), con un asiento permanente en el Consejo de Seguridad y el apoyo de importantes actores internacionales, como Estados Unidos? No podemos acudir a un “juez internacional” o un “Super-Presidente” que obligue a los británicos a negociar, y desde ya se descarta cualquier aventura bélica que un rancio nacionalismo podría imaginar.


Galtieri anuncia la invasión a las Islas Malvinas ante una plaza llena cuyos aplausos ahogaron las denuncias al terrorismo de Estado.

Más allá de los argumentos jurídicos que nos respaldan (desde la bula papal Inter Caetera de 1493 y el Tratado de Tordesillas de 1494, a la teoría de la proyección geográfica), en el mismo seno de la Asamblea General de la ONU se sancionó la Resolución 2065 que insta al Reino Unido a negociar la cuestión de la soberanía, sin lograr resultados concretos en estos años.


El comienzo de casi dos siglos de ocupación


Recordemos que la ocupación ilegal inicia en 1833, cuando el imperialismo británico, que poco conocía del respeto a la soberanía y las reglas del derecho internacional, invade las islas y en forma ilegal expulsa a los habitantes argentinos e instalando en su lugar una población propia. Este acto inicia una serie de protestas formales de nuestro país que se han mantenido en estos 186 años. Mientras que algunos de nuestros políticos añoraban (y algunos todavía lo añoran) ser la perla más brillante de la corona británica y por ello les entregaron la producción e industria nacional, no hemos logrado siquiera que el Reino Unido acepte iniciar negociaciones formales.


Nuestra respuesta debe ser diplomática: apelar al multilateralismo. Contamos con el apoyo de los países latinoamericanos, Rusia, China, entre otros, por lo que debemos establecer medidas en conjunto para lograr que el Reino Unido se siente a negociar. Recordándole en cada foro en el que tengamos voz que desde la Paz de Westfalia de 1864, todos los Estados son jurídicamente iguales y su accionar violenta claramente dicha igualdad.


El rol del macrismo y la actualidad regional


Sin embargo, para lograr esta coordinación nuestra diplomacia debe mantener una coherencia a través de los años. Cuando esto ha sucedido hemos alcanzado importantes logros: el reconocimiento de la ONU de la extensión de nuestra plataforma marítima, y los trabajos para identificar a los caídos en combate no identificados. Sin embargo, se observa en la actual gestión una indeterminación importante en el impulso de esta causa, que podría poner en peligro lo actuado a través de los años.


El giro a la derecha de la región y el llamado a la desideologización ha impactado también en la diplomacia y los organismos de integración regional. Un claro ejemplo de ello es la creación del PROSUR un organismo “sin ideología”. Esto podría implicar que en pos de lograr una integración económica sin ideología se abandone una causa de vital importancia para nuestro país.


La preocupación no carece de sustento, dado que tomándome el atrevimiento de hacer una auto referencia, al escribir esta nota descubrí que las heridas de Malvinas no sólo siguen sangrando, sino que dicho dolor no encuentra aún una adecuada expresión en la memoria colectiva.


Mientras discutimos de soberanía, muchos familiares siguen sufriendo al leer una serie de lápidas que dicen “SOLDADO ARGENTINO SÓLO CONOCIDO POR DIOS”; mientras en las escuelas romantizan la guerra y nos hablan de héroes, se esconden las torturas perpetradas por nuestras Fuerzas Armadas a nuestros combatientes; y mientras nos muestran las cartas y chocolates enviados nos esconden el frío olvido y abandono que sufrieron durante años los veteranos al regresar al continente.


El apoyo cívico, eclesiástico y mediático fue esencial en la perpetración del golpe y el sostenimiento de la dictadura.

El relato hegemónico minimiza que el 2 de abril en la misma Plaza donde se movilizaban las Abuelas y Madres, los aplausos se dirigen a Galtieri, mientras se ignoraba a las valientes mujeres que pedían por sus hijxs y nietxs. Aplausos que ahogaban los gritos de justicia y dolor, como sucedió en el 78 cuando el fútbol se lo comió todo*.


La historia condena a Galtieri, como debe hacerlo, pero sus cómplices salieron impunes del juicio histórico. El apoyo eclesiástico, mediático y cívico con el que contó la dictadura durante toda su gestión no cesó durante la Guerra, sólo basta revisar los archivos de Clarín y Gente afirmando nuestra inminente victoria.



Tapas de diarios que relataban las inexistentes victorias argentinas.

La autocrítica pendiente

Si, las Malvinas son argentinas. Si, debemos afianzar nuestras alianzas diplomáticas. Pero primero, nos debemos una verdadera autocrítica, reconocer a la Guerra en su máximo horror, reconociéndola como una política más de una dictadura, que dejó heridas que aún hoy siguen sangrando como entonces.


En la Marcha de Malvinas nos preguntamos ¿Quién nos habla aquí de olvido, de renuncia, de perdón? Muchos proponen renunciar a la reclamación territorial y entregar los recursos que legítimamente pertenecen al pueblo. Bajo la excusa de la unidad nacional y mirar al futuro nos invitan a olvidar y perdonar a aquel régimen que envió a una muerte segura a nuestros jóvenes. Los formadores de opinión nos relatan lo ocurrido en la época silenciando la complicidad cívica y mediática, contando medias verdades en beneficio de los que aún hoy se benefician con estas omisiones.


A ellos, hoy debemos decirles que enarbolamos en alto la bandera del Nunca Más y por ello no habrá jamás olvido, renuncia ni perdón; sino más bien Memoria, Verdad y Justicia.


*Referencia a la “La Memoria” - León Gieco

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