INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

Libres e independientes

Hace 204 años se firmó en el Congreso de Tucumán el acta de independencia, por la cual Argentina rompió los vínculos con España y asumió su soberanía. Era el 9 de Julio de 1816 y las Provincias Unidas del Río de la Plata se preparaban para años clave de resistencia.


Por Lisandro Machado


El 25 de Mayo de 1810, el Cabildo Abierto en Buenos Aires marcó un antes y un después. Con Fernando VII apresado por Napoleón Bonaparte, la Primera Junta generó un camino de resistencia al invasor francés que luego fue precedido por dos Triunviratos, la figura posterior del director supremo y diversas Asambleas importantes (sobre todo la del año XIII). Las diferentes formas de gobierno en sus trabajos diplomáticos habían logrado cierto reconocimiento en una Constitución de 1812 jurada en España; esto le daba al territorio del Virreinato del Río de la Plata estatus legal casi igualitario al resto de los peninsulares. Pero, en 1814, el rey recuperó su libertad, anuló la nueva letra magna, lanzó una contraofensiva a la colonia y terminó de convencer hasta a los más reacios a una independencia.

Antes de continuar con la periodización, bien vale mencionar que tanto la Asamblea del año XIII como el Segundo Triunvirato, según apunta Tulio Halperín Donghi en Revolución y guerra. Formación de una elite dirigente en la Argentina criolla, habían tenido intenciones de separarse. El autor menciona que el pacto de sujeción (es decir, de fidelidad) con Fernando VII se había roto con la Asamblea y que el Triunvirato había intentado infructuosamente hacer una Constitución e independizarse. Estos serían los antecedentes más inmediatos de lo que vendría en 1816 (Halperín, 1972).

Retomando en el tiempo, para cuando Fernando VII recuperó el trono en España, en América los focos revolucionarios ya tenían su propia lógica. A esa altura, Mariano Moreno y Cornelio Saavedra habían separado aguas de los juntistas; José Gervasio Artigas tenía su propia aventura en la Banda Oriental para, en 1815, llevar adelante el Congreso de los Pueblos Libres; y Martín Miguel de Güemes ya estaba comenzando con la resistencia en el norte (Chiaramonte, 2008). Precisamente, la situación de conflictos internos comenzaría a destrabarse cuando Güemes firmó el Pacto de San José de los Cerrillos con José Rondeau en marzo de 1816. Según el primer artículo del pacto, el objetivo era “una paz sólida, la amistad más eterna entre el Ejército Auxiliar y la benemérita provincia de Salta, echando un velo sobre el pasado en virtud de una amnistía general”.

Acta original de Independencia en español y quechua

Con las asperezas un poco más limadas, y para decidir el futuro ante avances realistas en Chile y el Alto Perú y portugueses en la Banda Oriental, cada provincia eligió un diputado cada 15 mil habitantes. El 24 de marzo de 1816, con 33 representantes, comenzó a sesionar el Congreso General Constituyente de las Provincias Unidas en Sudamérica en San Miguel de Tucumán. Afuera del Congreso quedaron Potosí, Cochabamba y La Paz por estar invadidas por españoles; Corrientes, Misiones, Entre Ríos y Santa Fe por suscribir al Congreso de los Pueblos Libres de Artigas; y Gran Chaco, Comahue y Patagonia por estar prácticamente en su totalidad pobladas por indígenas. Finalmente, luego de presiones internas y varias discusiones, el 9 de Julio de ese año se firmó el Acta de Independencia con 29 de los diputados presentes. En el documento figuraba la intención de “investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli”, a lo que 10 días más tarde se añadió “y toda otra dominación extranjera” (Gibelli, 1968). Además de las actuales provincias argentinas San Juan, Salta, Buenos Aires, Catamarca, Córdoba, Jujuy, La Rioja, Mendoza, Santiago del Estero y Tucumán; entre las firmantes aparecen Mizque, Charcas, Chichas (incluyendo Tarija) y Cochabamba, todas actualmente de Bolivia.

Algo que pocas veces se menciona y que marca el carácter inclusivo de los congresistas es que la proclama no solo fue publicada en español, sino que también fue lanzada en quechua y aymará para sumar a los pueblos originarios. Incluso existió dentro del Congreso una famosa propuesta de Manuel Belgrano que postulaba que el territorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata fuera gobernado por un rey inca, adaptándose a la restitución absolutista de Europa. Aunque contó con el apoyo de José de San Martín, Güemes y las provincias del norte, el plan encontró resistencia de Buenos Aires y finalmente se adoptó un Estado republicano y centralista.

Otra de las historias que se desprenden del 9 de Julio tiene que ver con el reconocimiento internacional. Se habla mucho del gran apoyo que resultó la aceptación de la independencia por parte de Estados Unidos, en 1822; pero el primer Estado que reconoció la proclama fue Hawaii. En agosto de 1818, Hipólito Bouchard llegó al por entonces llamado Reino de Sandwich al mando del buque La Argentina. Para intentar recuperar un navío de origen español retenido allí, se reunió con el rey Kamehameha I. No solo recuperó con una indemnización económica el barco, sino que obtuvo el primer reconocimiento como territorio independiente de las Provincias Unidas. Posteriormente, llegaron otros más de Portugal en 1821, el ya nombrado de Estados Unidos en 1822 y de Inglaterra en 1823. España recién haría el correspondido reconocimiento en 1859.

Con la declaración formal, las guerras de independencia siguieron en algunos puntos, durante diferentes períodos de tiempo. Luego, quedaría lugar para constantes disputas, como unitarios contra federales o peronistas contra radicales. Sin embargo, durante ese 9 de Julio de 1816, tras años de colonización, existió unidad y un camino común por la libertad del territorio argentino y del territorio americano.

Bibliografía

Chiaramonte, J. C. (2008). Autonomía e independencia en el Río de la Plata,1808-1810. Historia Mexicana, LVIII, 229, 325-368.

Halperín, T. (1972). La crisis del orden colonial, Revolución y guerra. Formación de una elite dirigente en la Argentina criolla (pp. 139-188). Buenos Aires, Argentina: Siglo XXI.

Gibelli, N.J. (1968). Crónica Histórica Argentina. Tomo II. Buenos Aires, Argentina: CODEX.


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