INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

El dilema de la libertad de expresión


"(...) La cuestión práctica de colocar el límite -como hacer el ajuste exacto entre la independencia individual y la intervención social- es un asunto en el que casi todo está por hacer."


John Stuart Mill, Sobre la libertad, 1859


Por Hernán Fuentes Araujo


Créditos: Eric Drooker

A casi dos siglos de la publicación de uno de los textos más influyentes sobre la concepción de la libertad de expresión, y a pesar del incesante trabajo de movimientos emancipatorios y de la filosofía en los aportes para resolver los límites de la libertad de expresión como existe hoy en día -encarnizada en inconsciente popular y la jurisprudencia-, pareciera que la luz al final del túnel sigue muy lejos.


En su ensayo Sobre la libertad, Mill argumenta de manera extensa sobre los beneficios y, de hecho, la necesidad de mantener una sociedad libre de cualquier tipo de censura del discurso. Si bien era imposible para Mill anticipar algunos eventos socioculturales que emergieron de la evolución de discursos discriminatorios (como lo fue el nazismo en Alemania, o el movimiento de los confederados en Estados Unidos), sí opina fuertemente que la libre discusión de ideas consideradas "perniciosas" siempre supone una alternativa mejor que la censura.


Es en vista de esta concepción permisiva de la libertad de expresión es que emergen las dudas y las contradicciones, en una sociedad post-moderna en la cual la emancipación de minorías y la visibilización de nuevas problemáticas estructurales dentro del capitalismo trae a la mesa una batalla encarnizada por el reconocimiento y la inclusión de grupos sociales que vienen luchando por la conquista de la esfera pública desde hace más de un siglo.


"Negar el holocausto no es una opinión".

"Negar la cultura de la violación no es una opinión".

"Reclamar la inferioridad de grupos sociales minoritarios no es opinión, es racismo"


En las últimas décadas, la discusión presenta un fuerte cuestionamiento a favor de la existencia de límites en la libertad de expresión. Es en este contexto que surge una re-invocación de las ideas de Popper sobre la paradoja de la intolerancia (La sociedad abierta y sus enemigos, 1945), según la cual una sociedad no puede mantener una actitud enteramente tolerante respecto de las opiniones, ya que corre el riesgo de que las opiniones intolerantes establezcan dominación, y así convertirse en una sociedad intolerante. Lejos de dar luz al asunto, Popper no hace más que mencionar esto en una cita, dejando al lector la importante tarea de definir los conceptos de tolerancia e intolerancia.


Es de este lado de la cerca, además, que se tratan de ubicar los movimientos emancipatorios, cuya base ideológica se apoya en las observaciones realizadas por filósofos tales como Jean-François Lyotard (La condición post-moderna, 1979) acerca de la degradación de la libertad de expresión como bien común, cuando la misma inferioriza el discurso de minorías y Nancy Fraser (Repensando la esfera pública, 1992), que pone de manifiesto la importancia de generar espacios de discusión que incluyan a los grupos sociales oprimidos para poder acudir al debate en la esfera pública como mecanismo de fortalecimiento de la democracia.


Lejos de un problema que pueda resolverse discutiendo exclusivamente las controversias sociológicas de la libertad de expresión, otras problemáticas se asoman de manera recelosa al invocar el tema.


La influencia de las redes sociales en la conformación del discurso público también ofrece una rica arista de conflicto cuando se tiene en cuenta que las mismas son capaces de priorizar manifestaciones de opinión política (de manera oscuramente evolucionada a la de otros medios de difusión como la televisión y la radio), al mismo tiempo que pueden segmentar la opinión pública y la mantener la visibilidad de distintos discursos al margen de otros, y también condicionar la difusión de opiniones contaminando el espacio de difusión con información irrelevante. Ni siquiera existe un consenso acerca de cómo generar un balance de información (eliminación de ruido vs. libertad de opinión) en los debates de una sociedad globalizada, mucho menos podríamos fiarnos de corporaciones multinacionales haciéndolo por nosotres a través de métodos que no deciden revelar.


Y teniendo en cuenta la influencia de los medios de comunicación, no podemos dejar de lado la teoría de la Espiral del silencio (Elisabeth Noelle-Neumann, 1974), según la cual la opinión de los individuos puede evitar manifestarse en la esfera pública si existe una mayoría disidente para evitar el aislamiento propio. En este sentido, y teniendo en cuenta que la opinión pública es tanto como capaz de censurar (no necesariamente de manera negativa) en gran manera las libertades individuales, no se debe perder de vista la importancia de trazar la responsabilidad de cómo y cuándo dibujar o aportar a las opiniones mayoritarias en ciertos contextos, teniendo en cuenta que existen hipótesis que le adjudican la presidencia de Trump a una espiral del silencio generada por los movimientos de izquierda. Nos da mucho para pensar en los aspectos relacionados a la opinión pública. ¿Cómo podemos combatir ideas peligrosas si no las mencionamos?


En vista de esto podemos volver a la teoría de Fraser, y mencionar los llamados "espacios de deconstrucción", que apelan a proveer un espacio de debate autocrítico para grupos privilegiados, en los cuales se pueda debatir sin violentar los espacios de discusión de las minorías. Sin embargo, está siempre en juego el hecho de que los grupos privilegiados por la opinión ya forman parte de la esfera pública y, por lo tanto, espacios en los que predominen los mismos pueden ser cuestionados fácilmente por seguir poniendo en jaque o atentando contra la inclusión de una minoría. Como reflejo de los mismos están los ya mencionados espacios seguros, en los cuales se trata de aplicar la teoría de Fraser y aportar a la libertad de expresión desde la inclusión, manteniendo la importancia de reconocer los distintos grupos sociales oprimidos dentro de la esfera pública y condenando expresiones de minimización o inferiorización que reincidan en la deslegitimación de su identidad. Es así que muchas universidades en Estados Unidos han sido cuestionadas por reglamentar contra la mención o el debate de ciertos temas que son de sensibilidad para grupos sociales oprimidos, con el fin de generar un espacio seguro en sus campus, alegando que representa una violación contra la libertad de expresión.


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