INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

Legalización de la marihuana recreativa en Colombia: una oportunidad de optimización

Colombia ha demostrado su capacidad para ser productora y exportadora de marihuana. Desde 2016, es legal en su territorio el uso medicinal y científico de la planta, mas no el recreativo. Este último campo constituye un mercado que genera grandes ingresos, pero por su condición ilegal conlleva prácticas que dan espacio a distintas problemáticas sociales. Por este motivo, la legalización sería una herramienta para fortalecer el tejido social, que –en un contexto de crisis como el coronavirus– evidencia la necesidad de asumir nuevos retos para transformar crudas realidades.


Por María Paula Castañeda Araque, corresponsal de Política en Jaque en Colombia


Contexto frente al coronavirus


En la actualidad, es inevitable hacer mención a la crisis que se está viviendo al abordar cualquier tema. El coronavirus ha puesto en jaque al mundo entero, cambiando las dinámicas sociales, políticas, económicas y ambientales. Se ha convertido en un verdadero reto para todos los gobiernos y –a la vez– en un medidor de la pertinencia de sus políticas públicas e intereses, ya que deben apostar por todas las acciones que mitiguen las consecuencias de esta crisis en todos los aspectos anteriormente mencionados. Aunque el surgimiento de la pandemia fue una sorpresa para el mundo entero y ningún país estaba preparado para afrontar una emergencia sanitaria semejante, es claro que América Latina tiene particularidades de base que la ponen en desventaja, como su alta tasa de desempleo y trabajo informal, la deficiencia de sus sistemas de salud, las debilidades de sus políticas públicas y su alto déficit fiscal, caracterizado por su poca capacidad de gasto.

Colombia es una muestra de la realidad existente en América Latina, puesto que es una economía de ingreso medio con porcentajes altos de población pobre (27%) y vulnerable (39,8%). Precisamente este último sector se encuentra expuesto a un alto riesgo de caer en la pobreza ante cualquier circunstancia (en este caso, el coronavirus). Cabe mencionar también que más del 60% de la población colombiana está compuesta por trabajadores/as informales e independientes. Por esta razón, las acciones que ha tenido que realizar el gobierno han sido arduas, ya que ni siquiera en un contexto “normal” estaba garantizado el bienestar social. Dentro de las medidas tomadas hasta el momento, pueden mencionarse: la entrega de subsidios, mercados, líneas de créditos y alivios financieros a las firmas y medios de comunicación, la fijación de una tasa de interés baja para los bancos con el fin de que estos cobren menos a las personas, descuentos de servicios públicos, dotación y mejora del sistema de salud, devolución del I.V.A. a familias de bajos recursos, entre otras. Pero,en realidad, estas acciones no están siendo efectivas porque no se están cumpliendo a cabalidad y tampoco pueden sostenerse por tanto tiempo. Por ende, el gobierno ha comenzado poco a poco a poner el país de nuevo en marcha, habilitando algunas actividades económicas con todos los protocolos de bioseguridad. Esto implica una inversión mayor y asumir el riesgo que trae aparejado en materia de salud, de manera que es innegable la situación crítica que está atravesando el país: los problemas que ya estaban presentes ahora se han agudizado. Si bien durante el primer trimestre de 2020, solamente se registraron 15 días de confinamiento, el crecimiento del PIB durante ese período fue de solo el 1,1%. Estos datos dan cuenta de los graves efectos negativos que tendrá la cuarentena en la economía de Colombia, que sin dudas llegará a doblar la cifra de la meta de déficit fiscal establecida para este año.

El contexto evidencia que el Estado colombiano no garantiza en su totalidad condiciones de vida digna, lo que hace necesario analizar nuevos escenarios no solo para amortiguar el impacto de la pandemia, sino también para trabajar sobre su solución y prevención. Después del COVID-19, todo es incierto: pueden llegar nuevas situaciones de crisis que serán aún más difíciles de afrontar debido a las condiciones en las que se encuentra el país. Por eso, es vital plantearse otras opciones que potencien la economía y transformen asuntos sociales de suma importancia: entre ellos, la legalización de la marihuana recreativa.

Marihuana recreativa: política antidrogas y avances en el Congreso


Por años, la marihuana en Colombia ha sido vista como una problemática derivada del narcotráfico. De este modo, ha sido estigmatizada por su condición ilegal y su vínculo con la violencia, dado que la cadena de producción y distribución hasta llegar al consumidor/a implica desarrollar actividades que denotan tres tipos de violencia: la primera es la directa (microtráfico, pandillas y disputas por venta en los territorios), la segunda es la simbólica (la estigmatización hacia la persona consumidora) y por último la estructural (la negligencia del Estado frente a esta situación, ya que su respuesta para “detener” la oferta y la demanda simplemente ha intensificado la problemática sin darle ningún tipo de solución). La política antidrogas prohibicionista ha sido el peor método porque se ha limitado a perseguir a la mafia buscando debilitar sus estructuras, “dando de baja” a los grandes capos, realizando extinciones de dominio, fumigando cultivos ilícitos y atacando el microtráfico, a los/as campesinos/as e incluso al consumidor/ar. En última instancia, le ha generado al país grandes costos no solo en el campo económico, sino también en el humano. Esta táctica ha dado como resultado golpes momentáneos que no brindan mayor solución, demostrando que –por el contrario– las cifras de consumo van en aumento, sobre todo en menores de edad. Para el 2019, el 11,7% de los escolares colombianos/as habían consumido marihuana alguna vez y el 12,4% de los/las consumidores/as de marihuana la había probado antes de cumplir los 10 años. Es cierto que desde la firma del proceso de paz, se han implementado cambios en la política antidrogas que intentan que esta sea más integral, centrándose en el/la consumidor/a y la protección de menores, de conformidad con el cuarto punto del acuerdo que crea el Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos Ilícitos (PNIS). No obstante, la problemática sigue sin resolverse.

La efectividad y pertinencia de la política antidrogas ha empezado a ocasionar cuestionamientos que han desembocado en acciones que presentan un avance en el tema. Por ejemplo, sectores políticos progresistas han radicado un proyecto de ley ante la Cámara Alta para la legalización de la marihuana recreativa en el año 2019, con el objetivo de establecer un marco regulatorio para controlar el consumo, producción, distribución, comercialización y expendio recreativo de la planta, siguiendo el ejemplo del uso medicinal. A pesar de ello, es muy probable que el proyecto no se sancione, puesto que la oposición es más fuerte y realmente no se ha llevado a cabo un proceso de base que genere concientización frente al consumo. Sin embargo, la postura que ha adoptado el ex presidente Juan Manuel Santos ha aportado a la causa en cierta medida, pues él ha insistido en la legalización con el propósito de acabar con el narcotráfico y la violencia, asegurando que el valor del negocio ilegal en el mundo subió de US $320.000 millones a US $625.000 en los últimos años.

Es necesario aclarar que la legalización de la marihuana recreativa no va acabar inmediatamente con el narcotráfico, ya que la coca también mantiene el negocio. Simplemente sería un punto de partida para comenzar a resolver este asunto: después de que se logre regular una de las sustancias, se puede ir por las otras. Pero para eso, es necesario asumir que el consumo no va a desaparecer, por más que se endurezcan las políticas de persecución al narcotráfico. Estas iniciativas que buscan presentar proyectos de ley o tomar postura no solo abren el debate en el Congreso, sino que también lo sitúan ante la opinión pública.

Foto: EFE

La marihuana medicinal es legalizada: se abre una puerta


Siguiendo esta lógica que busca visibilizar avances en la materia, es necesario mencionar el más importante que hasta ahora ha sido alcanzado: la legalización de la marihuana con fines medicinales y científicos. Por medio de la ley 1787 del 6 de julio de 2016, el Congreso de la República avaló su uso, reconociendo su auge y –por ende– la gran oportunidad que representaba para el mercado nacional de la floricultura. Es así como se crea uno de los mejores marcos regulatorios en el mundo, que hizo de Colombia en ese sentido un referente para otros países interesados en seguir el mismo camino. Esta legalización se realizó con el fin de conseguir una apertura económica que logre fortalecer el desarrollo local, generando empleo e incentivando a la investigación científica. No avala la exportación de materia prima, sino únicamente de productos derivados que han sido procesados, eliminando casi por completo el psicoactivo THC y reemplazandolo por el compuesto CBD, utilizado en aplicaciones farmacéuticas y cosméticas.

La legalización del cannabis medicinal nos permite analizar varios puntos para abordar la legalización de la planta con fines recreativos. El primero es que entre la creación de una ley y su implementación hay mucho camino por andar. La ley puede crearse y es a lo que se apunta, pero la praxis puede tener vacíos que –en definitiva– entorpezcan los procesos, haciendo que estos no tengan el impacto esperado. Todo lo establecido en el marco regulatorio es óptimo, pero ¿qué tanto se está llevando a la práctica? A comienzos del 2020, se anunció que Colombia perdería su ventaja normativa debido a que las empresas no habían podido exportar a grandes volúmenes, a raíz de que el sector estaba a la espera de modificaciones que permitieran aprovechar mejor las licencias de exportación. Esto ha generado pérdidas tanto para productores/as como para grandes inversionistas de países como Canadá. El gobierno actual ha sido totalmente negligente en este aspecto, pues no es un secreto que el mayor detractor de la legalización del cannabis en la actualidad es el presidente Iván Duque, quien representa al sector político conservador del país.

Esto nos lleva al segundo punto, que radica en que la legalización debe tener un eje transversal pedagógico, que involucre a los distintos grupos poblacionales, a los funcionarios/as públicos/as e incluso a los niños/as y adolescentes, aunque la despenalización esté destinada a quienes ya hayan adquirido la mayoría de edad. Hay que hacer a esto sectores partícipes del proceso para conocer las causas de las cifras alarmantes de consumo y trabajar la prevención. Es primordial reconocer a todos/as como actores de cambio, sujetos/as políticos/as que hablan desde sus realidades. Este eje se puede materializar de muchas formas: desde programas con instituciones educativas y universidades, hasta centros de memoria que representen simbólicamente la historia del narcotráfico, así como la marihuana desligada de la violencia. En verdad, ha sido una planta a la que se le ha dado mal uso, hasta borrar lo que representa en algunas comunidades indígenas. Abordar el asunto desde otra perspectiva le dará un enfoque pluriétnico y multicultural acorde a nuestro país, deconstruyendo el estereotipo y brindando herramientas para realizar una veeduría que permita concientizar a la ciudadanía con el objeto de evitar que los procesos se vean alterados frente a un cambio de gobierno.

En tercer lugar, las relaciones con otros países son clave en este proceso, pues las rutas del narcotráfico patentizan la fuerte demanda extranjera. Aquí hay un reto aún mayor que consiste en incentivar a otros países a que comiencen el mismo proceso de regulación. Evidentemente, se tiene que hablar desde el ejemplo. Colombia puede legalizar y manejar el mercado a nivel nacional, pero mientras otros países no legalicen el narcotráfico, este seguirá operando con el mercado internacional. Por eso, es necesario que otros países se sumen a la causa de regular el consumo. Así, se le cerrarán todas las puertas a la ilegalidad -al menos- en una forma de ingreso: la marihuana.

Riesgos y retos de la legalización de la marihuana recreativa


Como último punto, no se pueden dejar a un lado los posibles riesgos de implementar estas medidas. Cuando se habla de erradicar la violencia no se pretende lograrlo inmediatamente, porque solo se estaría quitando una de las múltiples fuentes de ingreso con las que cuenta el narcotráfico. Aún así, muy probablemente la respuesta de la mafia y de todos los implicados en este mercado ilegal (políticos, jueces, instituciones armadas) va a consistir en arremeter para buscar por todos los medios la caída de la legalización, no solo en lo que respecta a la sanción de la ley, sino en lo que concierne a su implementación. Esto generaría una pérdida de legitimidad de la propuesta, que sería alimentada por los sectores religiosos y moralistas del país. Por eso, debe haber un plan de protección de los/las campesinos/as, las empresas y los/as menores de edad, entre otros, que salga un paso adelante.

La legalización de la marihuana recreativa es un proceso que va generar cambios bruscos y, como todo, implica afrontar cierto nivel de riesgo que en algún momento se tendrá que asumir, a menos que se siga creyendo que con una política prohibicionista el consumo va a desaparecer. A la larga, sigue siendo la mejor alternativa para emprender el camino de la eliminación del narcotráfico, dado que permite manejar el consumo responsable y levantar la economía nacional. Así, se podrá mejorar la calidad de vida de las personas; aún más en el marco de esta crisis que ha evidenciado que Colombia es un país violento, no solo por el narcotráfico o las actividades ilegales, sino por su tasa alta de desempleo, pobreza, informalidad y vulnerabilidad, su pésimo sistema de salud, su debilidad institucional y su corrupción, entre otros. Estas últimas problemáticas también implican violencia. Es hora de comenzar a dar solución a estas realidades y qué mejor oportunidad para hacerlo que estos tiempos de cambio, donde lamentablemente no solo Colombia, sino todo Latinoamérica, vivirá peores condiciones que las normalizadas durante tantos años.

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