INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

La semana bisagra

Hace 210 años, la semana del 18 al 25 de mayo cambiaría para siempre la estructura política del virreinato del Río de la Plata con la conformación de la Primera Junta. Esos días serían vitales para cerrar una etapa y dar comienzo a las luchas revolucionarias en América.


Por Lisandro Machado


La Revolución de Mayo, óleo de Francisco Fortuny

Desde dónde...

La Semana de Mayo no fue una sucesión de hechos aislados y los revolucionarios de 1810 no fueron “lobos solitarios”. Sus acciones fueron el resultado de siglos de situaciones. Para hablar de lo ocurrido del 18 al 25 de ese mes hay que trasladarse bastante tiempo atrás.


En 1700, Felipe V se convirtió en el primer rey de España de la Casa de Borbón al recibir el reinado de parte de Carlos II de Asturias. Ese importante cambio político en la península ibérica trajo consigo intentos de obtener mayor ganancia de la colonia americana y dio origen a las llamadas Reformas Borbónicas. Dos modificaciones, en particular, afectaron sensiblemente la temperatura social en América. La primera, en 1767, fue la expulsión de los jesuitas. Estos eran muy queridos entre los indígenas del Chaco y otras regiones, por lo que su expulsión provocó serias reacciones populares. La segunda modificación, en 1776, consistió en la creación del virreinato del Río de la Plata. Con Buenos Aires como capital, se generó un gran crecimiento económico del puerto en parte, debido a que Potosí, la mina más importante del continente, había quedado dentro del virreinato y obligaba a exportar hacia Europa desde allí.


A este germen hay que sumarle dos momentos más, de fines del siglo XVIII y principios del XIX. En 1781, grupos de los indios tupamaros atacaron Charcas (hoy Sucre) y La Paz. Ante la incapacidad de defensa de los colonizadores, el ataque fue repelido por milicias urbanas. Lo mismo se repetiría en Buenos Aires, en 1806 y 1807, en los eventos que hoy conocemos como las Invasiones Inglesas. El nombramiento como virrey de un héroe de la reconquista, Santiago de Liniers, en “elección popular” por Cabildo Abierto fue su resultado. El atenuante de ambos fue la instalación de una conciencia de autodefensa en todo el territorio sur de la colonia: las fuerzas criollas podían ser superiores a las españolas y no se las necesitaba para expulsar agresores. A todo esto, se añade que hacía años que el contrabando en el puerto era moneda corriente y que, económicamente, el amparo español era más un problema que un beneficio.


Ataque por los ingleses a Buenos Aires, de Madrid Martínez

A raíz de la invasión británica, en la capital del virreinato se establecieron milicias fijas, con participación en tercios de todos los sectores sociales, que esperaban un nuevo ataque en 1808. Sin embargo, lo que pasaría ese año iba a ser muy diferente. En Europa, la Francia de Napoleón Bonaparte y Gran Bretaña se disputaban el dominio económico. Para dañar a su rival, el emperador galo impuso un bloqueo a las islas. Todos sus aliados costeros, con la excepción de Portugal, cumplieron. Esto motivó al francés a pedir autorización de Fernando VII, por entonces rey de España, a pasar por su territorio e invadir a los lusos. Lo que hizo en ese trayecto varió del pedido original: Napoleón tomó prisionero al rey Borbón y lo reemplazó en la corona por su hermano, José Bonaparte. Lejos de jurarle lealtad al nuevo monarca, los españoles fieles a Fernando VII formaron la Junta Central de Sevilla, y otras juntas en diversas ciudades, para gobernar en su nombre. Para 1810, esta cayó y el poder se trasladó a Cádiz.


...y hacia dónde


En aquel tiempo, las noticias tardaban mucho en llegar a América. En general, venían desordenadas y algunos de los datos eran poco verídicos. En abril, ya se sabía de la caída de Sevilla pero no había fuente oficial para verificarlo. Esta novedad por confirmarse se sumaba a la lista de razones ya mencionadas y las reuniones en Buenos Aires, en la ahora extinta jabonería de Vieytes, se vieron debidamente motivadas. Asimismo, la caída juntas en Chuquisaca y La Paz mantenía a los asistentes aguardando, en lugar de entrando en acción. Pero, el 13 de mayo, un navío inglés llegó con La Gaceta de Londres; la noticia era tapa y lo mismo sucedió al día siguiente con otro buque de la misma bandera.


La Junta de Sevilla era la que había nombrado al, hasta ese momento vigente, virrey Baltasar de Cisneros. Frente a la inexistencia de la Junta, su legitimidad corría peligro. Por eso, el 17 hizo imprimir una proclama y una traducción del diario, en un intento de capitalizar la novedad. Pero, el viernes 18[1], los futuros revolucionarios decidieron que lo mejor era llamar a un Cabildo Abierto para sustituir al virrey por una Junta de Gobierno. En ese mitín, había representantes de todos los sectores sociales y los más variados proyectos: Cornelio Saavedra, jefe de los Patricios (regimiento de clase alta), quería un cambio político más moderado; Mariano Moreno, deseaba una revolución total, con reconocimiento a los indígenas explotados; otros tantos, buscaban jurarle fidelidad a Fernando VII.


El sábado 19 fue el día indicado para contarles las decisiones populares a los empleados de la corona. Cornelio Saavedra y Manuel Belgrano se reunieron con el alcalde Juan de Lezica y Juan José Castelli hizo lo propio con el síndico Julián de Leyva. Al día siguiente, Lezica, convencido, le recomendó a Cisneros cumplir con la convocatoria.


El lunes 21 se planificó todo, para llevarlo a cabo el día siguiente. Si bien en la mitología popular este proceso incluye a todos los habitantes, en realidad solo podían participar quienes eran invitados. En general, eran representantes de las más importantes labores y sectores sociales. Con complicidad de Agustín Donado, dueño de la única imprenta de la ciudad, se repartieron 450 invitaciones entre las que se incluían varios criollos. El día 22, la reunión se llevó a cabo y hubo diversos oradores: el obispo Lué dijo que mientras hubiera españoles en pie debían jurarle soberanía a ellos, Castelli dio un discurso revolucionario (lo cual le valió el apodo de “orador de mayo”), el fiscal Villota buscó disuadirlo y Juan José Paso defendió la postura criolla. Finalmente, la votación decidió la expulsión de Cisneros y la conformación de una Junta de Gobierno.


Pero, en una maniobra final, el 23 se difundió la misma con el exvirrey como presidente, mayoría de españoles y Castelli y Saavedra como únicos representantes del sector revolucionario. Descontentos con esta decisión, el 24, en su primera reunión, los dos últimos les hicieron saber que “el pueblo” exigía otra Junta, sin españoles. Frente a la unidad de opiniones, aun en la disparidad de la radicalidad de las formas, Carlos Alberto Floria y César García Belsunce analizan que “los hechos revolucionarios tienen la virtud de reunir voluntades que no suelen tener afinidades totales” (Floria y García Belsunce, 2014, pp. 258-278) y que “en los primeros momentos el cambio político permite la coexistencia de moderados y extremistas, que derrotan a los conservadores partidarios del statu quo” (Floria y García Belsunce, op.cit.).


En el día de la patria


El pedido fue efectivo, ese mismo día renunciaron y se llamó a un Cabildo Abierto más. El 25 de mayo, unos 250 de los 450 citados se presentaron. Para evitar cualquier nueva decisión contraria, en la plaza Mayor (hoy plaza de Mayo), se reunieron otros 600, que integraron el cuerpo de “Los Infernales” bajo el mando de Domingo French y Antonio Beruti.


Sobre esta jornada, hay unos cuantos mitos. Los más comunes son que llovía no se sabe realmente y, de haber sido así, era muy improbable que tuvieran paraguas porque era un bien muy caro en la colonia y que estos dos personajes, French y Beruti, repartían escarapelas por su compromiso patriótico en realidad, fue para identificar quienes estaban a favor de la revolución y, en caso que no saliera todo según lo esperado y la violencia escalara, dispararles.


Junta Provisional Gubernativa de las Provincias Unidas del Río de la Plata, litografía de Guillermo Kraft

Finalmente, ese día quedó conformada la que se conoce como la Primera Junta: Cornelio Saavedra fue el presidente, Mariano Moreno y Juan José Paso los secretarios y Juan José Castelli, Manuel Belgrano, el militar Miguel de Azcuénaga, el obispo Manuel Alberti, Domingo Matheu y Juan Larrea los vocales. En su formación, le juraron lealtad a Fernando VII; sobre lo que hay varias teorías. Las más aceptadas tienen que ver con una jura ficticia que permitía establecer las bases y evitar represiones que especulen con que el rey nunca iba a ser liberado o que, en realidad, era un levantamiento solo contra Francia (noción rápidamente abandonada por la fe revolucionaria).


De cualquier manera, esas jornadas pusieron las primeras piedras para que en 1816 la independencia fuera un hecho y hoy podamos hablar de Argentina. Luego vendrían los conflictos, pero en ese mayo de 1810 la colonia empezaba a dejar de existir.


Referencias y bibliografía


[1] En 1812, un decreto del Triunvirato dispuso del 18 como el Día de la Escarapela, en reconocimiento del inicio de la Semana de Mayo. Sobre los colores celeste y blanco no se sabe realmente de dónde vienen: algunos historiadores sostienen que del color de la Casa de Borbón, otros que del regimiento de Patricios e incluso hay quienes dicen que lo portaban unas señoras que se reunieron con Saavedra.


Garavaglia, J.C. y Fradkin, R. (2009). Las reformas borbónicas y el virreinato del Río de la Plata. En La Argentina colonial. El Río de la Plata entre los siglos XVI y XIX (pp. 177-198). Buenos Aires, Argentina: Siglo XXI.


Serulnikov, S. (2009). Crisis de una sociedad colonial. Identidades colectivas y representación política en la ciudad de Charcas (siglo XVIII). Desarrollo Económico, 48(192), 439-469.


Floria, C. A. y García Belsunce, C. (2014). Historia de los Argentinos (pp. 258-278). Lanús, Argentina: Editorial El Ateneo.


Chiaramonte, J. C. (2008). Autonomía e independencia en el Río de la Plata, 1808-1810. Historia Mexicana, LVIII(229), 325-368.


Pigna, F. La Semana de Mayo de 1810. El historiador.


Pergolini, M. y Pigna, F. (2005) Algo habrán hecho por la historia argentina. Buenos Aires, Argentina: Telefé Contenidos.


Pigna, F. (2015) Ver la historia. Buenos Aires, Argentina: TV Pública.

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