INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

La derecha falaz y sus discursos PRO-confusión

Quedan en evidencia algunas de las lógicas comunicativas más populares en los sectores anti-derechos, sus puntos en común y la fácil llegada a mucha gente. Pero ¿Por qué sucede esto? ¿Cual es la línea discursiva que los atraviesa a todos por igual?


Por Bianca Ríos No es justo meter a todo el mundo en una misma bolsa: más de una vez ha llegado a nuestros oídos (o en su defecto, ojos) determinados movimientos excepcionales. Aunque no suelen constituirse como noticia en los medios masivos, existen casos como el cristianismo pro-aborto o la inclusión LGBT en la práctica militarizada. Sin embargo, muchos discursos de determinados grupos sociales tienen algo en común y es su discurso falaz en relación con su posición de ultra-derecha. Estos grupos son fanáticos de nombrar la excepción; pues bien, habiendo cumplido con sus demandas, es pertinente enfocarnos ahora en las generalidades que nos interesan y trazan una línea vincular discursiva.

Estos grupos son catalogados como anti-derechos en cuanto al aspecto socio-cultura desde los movimientos que luchan por la ampliación de derechos (por ejemplo, La Izquierda Diario hasta tiene una sección con este nombre) . Es decir, se niegan a ser parte de los cambios socio-culturales que se van dando en los diferentes países como puede ser: el matrimonio igualitario y adopción de bebés por parte de padres pertenecientes al colectivo LGBT, cupo laboral trans y todo lo que implica la inclusión de personas trans en la sociedad, el derecho al aborto seguro, legal y gratuito, educación sexual integral, legalización de la marihuana, regulacionismo del trabajo sexual, etcétera. Nuevamente: no todas las personas adhieren a las mismas causas. Una persona que no está a favor de los derechos relacionados a la identidad de género podría estar a favor de la legalización de la marihuana, por ejemplo, por empatía a las madres con hijxs enfermos que practican el autocultivo por una cuestión de necesidad. Este es un ejemplo hipotético, entre muchos otros que podrían plantearse. Aun así, sería ingenuo creer que la mayoría de la opinión pública es así de heterogénea y suele ser muy común que quien no esté a favor de alguna de estas causas, probablemente no apoye a ninguna de las otras.

Tan parecidos son los militantes en contra del matrimonio igualitario a los opositores de la legalización del aborto que hasta utilizan el mismo prefijo. Los pro-vida caminan de la mano con los pro-familia en las calles seguras de un mundo casi onírico, que niega prácticas sociales existentes y las problemáticas que conllevan. Seguras para ellxs solxs, la suerte de no atravesar un aborto o poder realizarlo sin morir en el intento la tienen unos pocos.

Este "pro" tan utilizado, que en este caso no es necesariamente macrista (¿no?), posiciona a esta forma de pensar de una manera poco inocente. A través de una posición que favorece determinados valores, se invisibiliza la exclusión que perpetúan. En teoría, se plantan a favor de algo y el foco está puesto en lo que ellxs defienden. Pero, ¿por qué lo defienden? Porque entienden que existe un movimiento emergente en la masividad que va en contra de sus valores e intereses. Por esto mismo, el movimiento feminista insiste tanto en el poder de la palabra y se resiste a llamarlos así. Anti derechos y pro-aborto clandestino son algunas de las alternativas utilizadas, ya que el lenguaje es nuestra herramienta primaria de comunicación y nos construye. Miss Bolivia lo expone en el debate por el aborto el 31 de mayo de 2018: “Si en el fondo de este debate todas y todos somos pro aborto, algunos son pro aborto clandestino y otros son pro aborto legal, seguro y gratuito porque el aborto existió, existe y existirá.”

Hay, también, una metodología discursiva que no para de repetirse: si determinados derechos se otorgan a través de organismos legislativos estatales, el escenario social será apocalíptico. Hemos escuchado de todo: gente corriendo a hacerse abortos, gente casándose con perros, comparaciones entre bebés humanos y cachorros (que dicho sea de paso, la explotación y venta de animales también es una problemática en agenda), comparaciones con la reproducción de marsupiales, entre otros éxitos. Como se ha dicho muchas veces, la ampliación de derechos a través de leyes es un reconocimiento social. Con este reconocimiento social, se busca terminar con el punitivismo y generar accesibilidad en las prácticas, ya sea el matrimonio igualitario, el aborto, la implementación de la ESI, el cupo laboral trans, etcétera. La búsqueda es tratar problemáticas que ya existen. Los grupos opositores niegan esta existencia, la quieren lejos. La ampliación de derechos, por supuesto, no les quitaría ninguno a los pro-familia y a los pro-vida. Por lo tanto, necesitan convencer a la población de que se generaría algún tipo de crisis o que, en algún aspecto, esta ampliación puede llegar a afectarles.

Volvamos a lo mencionado anteriormente respecto a la excepción: esto se trata de una falacia. Específicamente, se trata de la llamada falacia de casuística: esta se manifiesta cuando una persona rechaza una generalización argumentando con excepciones que no necesariamente invalidan la generalización .La excepción que, para estos militantes, hace a la regla: no todos los hombres son violadores, no todos los policías son corruptos, no todos los sacerdotes son pedófilos. Alguien podría decir entonces, que aunque se legalice el aborto no todas las mujeres abortarían, seguiría perfectamente la lógica planteada. Sin embargo, la excepción que hace a la regla es claramente selectiva. Dentro de esta lógica, se busca desmerecer la protesta y enfatizar en lo obvio. Tomando de ejemplo el lema “no todos los hombres son violadores”: está clarísimo que dentro de la inmensa población masculina es imposible que todos sean violadores. No es esto lo que se busca decir, sino que el número de hombres violadores existente es preocupante y representa un patrón en la población masculina. Este patrón responde a conductas sistemáticas avaladas por un sistema patriarcal y opresor a toda persona que no sea varón cis heterosexual blanco. Dentro de estas conductas sistemáticas opresoras, existe el abuso y la violación pero es evidente que no todos los hombres llevan a cabo estas conductas específicas. Por lo tanto, diciendo que no todos los hombres son violadores se da a entender que el discurso feminista sí dice que todos los hombres son violadores, cuando no es así. La búsqueda a través de supuestos como este es quitarle peso a la protesta y correr el foco de atención en lo que termina siendo solamente un error comunicacional. Otra cuestión a destacar es la idea de que “hay cosas más importantes por las cuales luchar”. Son claros ejemplos de esto movimientos como All Lives Matter o Blue Lives Matter, que se generan o retoman a partir del movimiento Black Lives Matter que se originó en Estados Unidos por la opresión racista. Cuando digo que se genera a partir del movimiento antirracista, es realmente muy literal: cronológicamente no existieron nunca manifestaciones por “las vidas de todos”, mucho menos a nivel masivo. Este movimiento es un contramovimiento, surge como una respuesta opositora al movimiento por la lucha antirracista cuyo disparador fue el asesinato de George Floyd unos meses atrás. Por lo tanto, ¿cuál es la veracidad de movimientos como All Lives Matter si se conforman tan solo como una respuesta opositora a otro movimiento? Si el movimiento antirracista deja de existir, ¿deja de existir también All Lives Matter? Es probable que sí. Por su lado, Blue Lives Matter es un movimiento más conformado en cuanto a la defensa de las vidas de los policías que suele manifestarse cuando hay un caído en servicio. No obstante, este movimiento también se usa para contrarrestar a la lucha antirracista: es más importante la vida de los policías que de la gente negra. ¿Por qué sucede esto? ¿Por qué deberían ser excluyentes? ¿Y por qué traer a colación esto, cuando fue un policía en servicio quien mató a George Floyd? No es posible responder estos cuestionamientos sin darnos cuenta que el objetivo principal siempre es quitarle peso a la lucha por la injusticia, el odio y la ampliación de derechos de lxs más vulnerables socialmente.

Esto mismo sucede, por ejemplo, con las personas no simpatizantes del lenguaje inclusivo. Este tema últimamente ha estado en boca de todos a partir de su uso por parte de un joven funcionario del gobierno nacional que en un acto dijo “les pibis”. Para los que estamos más empapados con el tema, sabemos que este debate viene gestándose hace varios años. Pero este funcionario haciendo uso del lenguaje inclusivo llevó a que mucha gente que no tenía idea del tema comenzará a cuestionarse la temática. Como respuesta de desagrado ante el lenguaje inclusivo, se suele decir que un lenguaje inclusivo de verdad sería el aprendizaje del lenguaje de señas o del Braille por parte de todas las personas, no solo las personas sordomudas y ciegas . No obstante, nunca antes se había luchado para que el lenguaje de señas o el Braille se incluya, nunca se le dió tal nivel de prensa a movimientos que impulsen que estos sean enseñados en la educación primaria o secundaria. Es solo cuando escuchan “todes” o “pibis” es que este reclamo se alza, postulando que es más importante incluir a personas con diferentes capacidades que a personas con diversas identidades de género. ¿No sería posible que incluyamos a todxs? Nos hacemos el mismo cuestionamiento que con los contramovimientos al movimiento antirracista: ¿por qué uno es excluyente de otro? ¿Por qué jerarquizar la importancia de algo que no tiene mucho que ver con la injusticia por la cual se alza la voz? Para la próxima que leamos argumentos de este tipo, sería conveniente pensarlo dos veces antes de hacer click en “compartir” y entender qué es lo que se esconde detrás de estas ideologías cuyas manifestaciones fueron, son y serán falaces.


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