INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

Intervención humanitaria: Siria

Los conflictos actuales no presentan las mismas características que las guerras clásicas y afectan severamente los derechos humanos de la población. Así, surge el debate sobre la posibilidad de que la comunidad internacional lleve a cabo una intervención humanitaria. ¿Podría justificarse en el caso de Siria?


Por Agustina Gimenez Volpato


A lo largo del tiempo, diversos conflictos han inundado los medios de comunicación de noticias por varias razones. El caso de Siria no es uno de estos. Esta guerra, que comenzó en el año 2011 y continúa hasta hoy, parece haber quedado en el olvido. No obstante, posee aspectos que resultan novedosos a la hora de observar en detalle un conflicto armado.


Las antiguas guerras clásicas han quedado en el pasado y, con ellas, sus mecanismos. Así, al momento de observar un conflicto actual, percibimos características distintas. Esto se refleja en la concepción de “new war”. Según Kaldor (2006, p. 1), las ‘nuevas guerras’ tienen lugar en el contexto de estados fallidos. Estas son guerras peleadas por redes de actores estatales y no estatales, donde las batallas son raras y la violencia es dirigida principalmente contra civiles.


Cuando la violencia es ejercida tan indiscriminadamente dentro de un mismo territorio, la comunidad internacional debería responder en defensa de los derechos humanos que se ven afectados. De esta manera, aparece la noción de intervención humanitaria. Esta se define como el uso de la fuerza dentro de un estado, por parte de otro estado o grupo de estados, con el objetivo fundamental de poner fin a violaciones de derechos humanos. Además, esta fuerza puede ser aplicada sin el consenso del estado donde se aplicará efectivamente (Holzgrefe, 2003). Entonces, ¿desde la noción de new war se podría justificar una intervención humanitaria en Siria?


Los hechos


La complejidad de la disputa en Siria se encuentra relacionada con su situación geopolítica y la influencia de la Primavera Árabe. El actual presidente de la República Árabe Siria es Bashar al-Ásad. Fue precedido por su padre, quien ocupó el cargo durante 29 años hasta su fallecimiento. Ambos han tenido un discurso provocador con respecto a las potencias occidentales, generando así que dicha república se encuentre en un aislamiento diplomático internacional.


Por otro lado, los eventos de la Primavera Árabe llevaron a que también se desencadenen manifestaciones populares en Damasco en el año 2011. Las protestas fueron reprimidas por el Estado y allí se vieron diferencias significativas entre las posturas tomada por el gobierno y la oposición. Aquello que comenzó siendo una manifestación pacífica en contra del desempleo y la corrupción, culminó en una sangrienta guerra civil. Por cada nueva protesta que surgía, el gobierno reprimía aún más. Ante tal violencia estatal, se fueron formando grupos integrados por sectores desertores del ejército y civiles que luchaban en conjunto por el derrocamiento del régimen (López-Jacoiste, 2015).


En el año 2012, la oposición adquirió armas pesadas y obtuvo el apoyo de inteligencia externa, principalmente desde Turquía (López-Jacoiste, 2015). Esto permitió que los grupos rebeldes ocupen algunas partes del territorio. De esta manera, se generó una escalada de violencia: aumentaron las disputas entre el Estado y los grupos que pretendían derrocar al régimen, provocando así cada vez más muertes de civiles.


Ante esto, la comunidad internacional se vio obligada a intentar apaciguar esa violencia mediante una serie de reuniones diplomáticas con el propósito de llegar a la paz. En este contexto, en el año 2012 y 2014 tuvieron lugar las Conferencias de Ginebra I y II, organizadas por Naciones Unidas. Sin embargo, no dieron sus frutos ya que no lograron un objetivo esencial: proteger a la población (López-Jacoiste, 2015).


En los últimos 8 años, alrededor de 570.000 personas han muerto en Siria debido al conflicto civil. Muchas de estas personas no han sido identificadas, pero se estima que 112.623 de ellos son civiles, de los cuales 21.065 son niños, 13.173 son mujeres y 78.385 son hombres. Además, aproximadamente 5.6 millones de refugiados sirios se encuentran repartidos en diferentes partes del mundo.


Crédito: Muzaffar Salman/Reuters

Las manifestaciones populares que comenzaron en el año 2011 influenciadas por la Primavera Árabe; el ejercicio indiscriminado de la violencia por parte del Estado como respuesta a estas protestas; la formación de grupos rebeldes debido a la falta de apoyo al régimen de al-Ásad, y la falta de respuestas efectivas de la comunidad internacional llevaron a Siria a su actual situación. Está claro que la comunidad internacional debería brindar algún tipo de ayuda a la población siria.


Siria como una new war


Las guerras han ido mutando a lo largo de los siglos y con el tiempo han adquirido nuevas características que son dignas de analizar. Retomando el concepto anteriormente mencionado, una new war ocurre generalmente en estados fallidos, en la que participan actores estatales y no estatales, y donde se ejerce violencia contra los civiles de manera directa. Estos conflictos suelen persistir en el tiempo, la tasa de criminalidad aumenta y se toman decisiones políticas extremistas (Kaldor, 2006). A continuación, veremos que el caso de Siria cumple con todos los requisitos mencionados.


Resulta conveniente comenzar reconociendo que Siria es efectivamente un estado fallido. Un estado fallido podría considerarse como aquel que no controla la totalidad de su territorio, que ha perdido el monopolio de la violencia y es sede de grupos terroristas. De este modo, representa una amenaza tanto regional como global (Camargo, Guáqueta y Ramírez, 2010). Las manifestaciones populares reprimidas con violencia indiscriminada por parte del aparato estatal y los conflictos internos ocasionados por las disputas produjeron una falla en el estado sirio, quedando así partes del territorio al margen del control gubernamental.


Por otra parte, del conflicto civil sirio participan tanto grupos estatales como no estatales. En representación del Estado, el Ejército es quien reprimió las manifestaciones de los ciudadanos. Este continúa enfrentándose a grupos opositores al régimen, grupos terroristas y grupos paramilitares, entre otros, que tienen como objetivo derrocar al régimen de al-Ásad.

Las últimas dos características de las nuevas guerras también aplican al caso sirio. Quienes se ven perjudicados por la violencia de los grupos enfrentados son los civiles. La muerte de ciudadanos que no participan activamente en el conflicto es un reflejo de esto. Además, la cantidad de sirios que se han desplazado hacia otras zonas o países demuestra la complejidad de la situación en Siria. Finalmente, las nuevas guerras suelen persistir en el tiempo. Efectivamente, el conflicto armado sirio comenzó en el año 2011 y continúa vigente en la actualidad.


En base a lo articulado previamente, resulta correcto decir que Siria es una new war ya que presenta todas las características que una debe poseer.


Ahora bien, si se retoma el concepto de intervención humanitaria previamente definido, la comunidad internacional podría mediar auxiliando a la población afectada. Para esto, el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas debe autorizar la operación. Esta organización se rige por el Principio de No Intervención, el cual sostiene que Naciones Unidas no intervendrá en los asuntos domésticos de los estados miembros. No obstante, también se contemplan situaciones extraordinarias que podrían justificar la autorización de una intervención por el Consejo de Seguridad, luego de realizar un detallado análisis. En este sentido, siguiendo el concepto de intervención humanitaria podemos afirmar que nadie elige donde nacer y, de esta manera, ningún ser humano debería sufrir las consecuencias de haber nacido en una región conflictiva.


El Principio de No Intervención fue articulado en base a las dinámicas de las guerras tradicionales entre estados. Parecería que no contempla situaciones de conflicto intra-estatal donde el Estado comete violaciones a derechos humanos. Considerando esto, el Principio de No Intervención podría no aplicar a las nuevas guerras. Una intervención humanitaria podría estar justificada en lugares donde efectivamente se den este nuevo tipo de conflictos, con sus respectivas características diferenciadas de las guerras clásicas.


Hacia una intervención humanitaria justificada


Como vimos, una suma de argumentos fundamentan plenamente que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas autorice una intervención humanitaria en el país oriental en defensa de los derechos humanos de la población civil afectada. Esta estaría justificada teniendo en cuenta que este caso tiene las características de las nuevas guerras y el Principio de No Intervención no contempla estos conflictos con características novedosas. Todo lo articulado podría resumirse en una “ecuación”: new war (estado fallido, grupos estatales y grupos no estatales en conflicto armado, víctimas civiles, prolongación del conflicto) + Principio de No Intervención (que no contempla nuevas guerras) = intervención humanitaria justificada.


Sin embargo, a pesar de esta posible justificación, la comunidad internacional no ha llevado adelante una intervención humanitaria en Siria debido a la falta de resolución por parte del Consejo de Seguridad. Mientras tanto, la población civil sigue sufriendo las consecuencias.


Crédito: Yazan Homsy/Reuters

Referencias

Camargo, A., Guáqueta, F. y Ramírez, J. (2010). Estados fallidos: ¿amenaza global o regional?. Revista de Relaciones Internacionales, Estrategia y Seguridad, (5), pp. 73-108.

Holzgrefe, J.L. (2003). ‘The Humanitarian Intervention Debate’, in J. L. Holzgrefe and Robert O. Keohane, Humanitarian Intervention: Ethical, Legal, and Political Dilemmas, Cambridge: Cambridge University Press, pp. 15-52.

Kaldor, M. (2006). ‘The "New War" in Iraq’, Theoria: A Journal of Social and Political Theory, 109. (The Politics of War; Abril 2006), pp. 1-27.

López-Jacoiste, E. (2015). La guerra en Siria y las paradojas de la comunidad internacional. Revista UNISCI, (37), pp. 73-97.


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