INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

Historia en imágenes: Líbano, la tierra sin paz

El arte puesto al servicio de la historia, a través de una película autobiográfica y un documental. La maravillosa técnica de darle voz e imagen al relato de los marginados, víctimas de una de las más grandes injusticias de la historia reciente. Personas que ven con sufrimiento cómo el tiempo conduce a sus verdugos hacia la impunidad. Este es el relato audiovisual de la invasión israelí sobre el Líbano de 1982 y la matanza de los campos de Sabra y Chatila.

Por David Bocero Ferreira

Fotograma de la película "Vals con Bashir" (Ari Folman, 2008)

En 1982, el Estado de Israel invadió el territorio de la República del Líbano en lo que denominaron Operación “Paz para Galilea”, con el objetivo de eliminar a las células de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) que funcionaban en ese país. Esta organización guerrillera había alcanzado a una parte de los refugiados palestinos del Líbano y, desde 1975, se había iniciado una guerra civil que los enfrentó contra milicias cristianas. La más importante de las milicias cristianas libanesas que enfrentaron sangrientamente a la OLP se llamaba La Falange, que profesaba un profundo odio hacia los palestinos, asesinándolos sin importar si eran guerrilleros o refugiados. Su líder era el carismático y poderoso Bashir Gemayel.


Las fuerzas israelíes comandadas por el Ministro de Defensa Ariel Sharon se aliaron con La Falange y le proporcionaron entrenamiento y equipo militar para realizar la invasión. Israel y sus aliados falangistas entraron formalmente en el Líbano el 6 de junio de 1982. En agosto de ese año, Bashir Gemayel fue electo presidente gracias a la intervención israelí y su gobierno fue apoyado por el de Estados Unidos, en ese entonces, bajo el mando de Ronald Reagan. En aquel tiempo, Reagan denominó a Gemayel como “el joven y prometedor líder que había traído la luz de esperanza al Líbano”.


Sin embargo, tres semanas después de su elección, Bashir fue asesinado por una bomba, y se responsabilizó por el atentado a un agente sirio. De cualquier manera, los palestinos refugiados en Beirut, capital del país, temieron inmediatamente las represalias de sus fanáticos. Tan solo dos días después, soldados de La Falange liderados por Elie Hobeika, íntimo amigo de Bashir, ingresaron en los campos de refugiados de Sabra y Chatila. Allí permanecieron desde el 16 al 18 de septiembre matando, violando y torturando a una inmensa cantidad de refugiados palestinos (se estima que alrededor de 800 y 3500), todo con el absoluto aval del Ejército israelí, el cual lanzaba bengalas para que los falangistas pudiesen actuar por la noche.

Más de 20 años después de terminada la guerra, el cineasta israelí Ari Folman recibió por la noche un llamado por parte de un amigo con quien había realizado el servicio militar en el Líbano. Este amigo, llamado Boaz, le comentó que desde hacía unos años había empezado a tener la misma pesadilla todas las noches: 26 perros muertos, ni más ni menos, corrían por la ciudad hasta llegar debajo de la ventana de su casa, donde se paraban a ladrarle.


Boaz reconoció el origen de esta pesadilla: al inicio de la guerra, como sus compañeros sabían que era joven e incapaz de matar a una persona, le encomendaron disparar a todos los perros de una aldea libanesa para que no alertaran de su llegada. 26 perros, los mismos que en su pesadilla, con las mismas heridas. Ante ello, Folman le preguntó qué es lo que podía hacer para ayudarlo siendo un cineasta, ante lo cual Boaz le respondió que el cine es terapéutico y que quizás podría ayudarlo. Mientras hablaban, Folman se percató de que por más que lo intentase no podía recordar absolutamente nada de su experiencia en la guerra, aun teniendo en cuenta que se había encontrado a solo 200 metros de la matanza de Sabra y Chatila. Su memoria simplemente había borrado todo vestigio de aquel trauma.

Terminada la reunión, se despidió de su atormentado amigo y, tras ello, apareció en su mente la primera imagen de la guerra que había tenido en años: una alucinación en la que Folman se veía a sí mismo de joven, bañándose en una playa de la arrasada Beirut junto a dos compañeros soldados, a uno de los cuales podía reconocer. A partir de ese momento, Ari Folman emprendió un viaje conociendo veteranos y partícipes de la guerra y la matanza, con el fin de construir su propia experiencia a través del relato de otros y saber de qué manera estuvo implicado con lo sucedido en Sabra y Chatila. Todo este trabajo quedó recogido en una película de animación estrenada en 2008, llamada Vals con Bashir (disponible aquí).

La película, a través de la animación y de perspectivas únicas, reúne varios relatos interesantes sobre lo sucedido en aquel conflicto. Los relatos más esclarecedores sobre la matanza en los campos de refugiados son dos: el del corresponsal de guerra Ron Ben Yishai y el de un conductor de tanque del ejército isrealí, Dror Harazi.

Ben Yishai relata haber presenciado una escena en la cual durante un cruce de disparos entre soldados israelíes y guerrilleros a ambos lados de una avenida en Beirut, un israelí tomó una ametralladora y corrió al medio de la calle disparando en todas las direcciones. “En vez de correr de un lado a otro del cruce, empezó a bailar; estaba en trance.” De fondo, carteles del líder falangista Bashir Gemayel. Es precisamente esta escena la que da nombre al filme.

Más tarde, Ben Yishai recibió noticias por parte de un coronel israelí amigo sobre las matanzas en los campos de refugiados. Luego, durante una cena con miembros del ejército, volvieron a contar la misma noticia. Preocupado, llamó por teléfono al ministro de Defensa de Israel, Ariel Sharon, quien legalmente era el principal responsable de la invasión y ocupación y, por lo tanto, de la seguridad de los habitantes y refugiados. Cuando lo llamó lo encontró durmiendo, pero de todas formas le hizo saber de las noticias y le pidió que hiciera algo para detenerlo. El ministro solamente le contestó dándole las gracias por avisarle y volvió a dormir. Lo que Yishai no sabía era que al momento de realizar ese llamado, los falangistas ya llevaban 24 horas masacrando gente en los campos, y tardarían bastante en irse.

Por su parte, el relato del tanquista Dror Harazi habla de la complicidad del ejército israelí con los falangistas. Harazi cuenta que su tanque recibió órdenes de colocarse en la entrada de uno de los campos, sobre un pequeño monte. Allí tuvieron una reunión de informe con los falangistas, quienes les contaron que iban a entrar a purgar los campos y que luego le dejarían el lugar a los israelíes. Dror comenta que con esa frase él y sus soldados habían entendido que se referían únicamente a terroristas y que no se imaginaban lo que pasaría. Mucho más tarde, sus soldados vieron cómo un falangista entraba en una casa con un anciano y, tras escuchar disparos, el falangista salió solo. Más tarde, directamente vieron la ejecución de toda una familia. En ese momento, Dror decidió llamar a sus superiores e informar que estaban sucediendo cosas raras en los campos. Sin embargo, los oficiales le respondieron que ya lo sabían y que se estaban ocupando, pero no le dieron ninguna orden para intervenir.

El segundo material audiovisual que me interesa recomendar es un documental de la cadena BBC (disponible aquí), el cual profundiza sobre los culpables de la masacre. En este documental también aparece el relato de Ron Ben Yishai, como así también el de otras varias personas, incluyendo a Elie Hobeika, líder de La Falange durante la masacre.

Este documental busca demostrar la responsabilidad del ministro de Defensa Ariel Sharon en la matanza, en tanto fue quien propuso a los enviados estadounidenses la intervención de La Falange en los campos de refugiados. Morris Draper, enviado especial para el Medio Oriente, cuenta que en esa época su delegación se horrorizó ante tal idea sabiendo que terminaría en una masacre, pero aun así Sharon llevó a cabo su plan. Cuando fue interpelado por todos los sectores de la sociedad israelí sobre este asunto, Sharon nunca dejó de alegar que no tenía manera de saber que tal cosa iba a suceder, y que pensaba que La Falange, al haber recibido entrenamiento, sería más respetuosa.

Aun así, una comisión investigadora especial llamada Comisión Kahan reunió suficiente información como para imputar a Sharon y a otros funcionarios por su responsabilidad en el hecho. Sin embargo, Sharon no solamente no asistió al juicio sino que consiguió ganar las elecciones a Primer Ministro tiempo después. Por su parte, Elie Hobeika cambió de bando tras la guerra del Líbano y se unió a los sirios, sirviendo para ellos. Al momento del documental (2001), seguía viviendo tranquilamente en la zona de Beirut donde se encuentran Sabra y Chatila.

Ante la falta de justicia real, las artes audiovisuales constituyen una herramienta vital para hacer valer las voces de aquellos que vivieron la historia en primera persona. Esta técnica, que se conoce como Historia Oral, le asigna un lugar protagónico a las personas comunes y corrientes que observan cómo el tiempo pasa y los responsables de los asesinatos de sus familiares y amigos no solo escapan de la justicia sino que además viven mejor que ellos.


Ante la falta de acciones por parte de los gobiernos, la única justicia que se puede obtener es la de mantener viva la memoria de lo sucedido y esparcirla lo máximo posible. Tal es el objetivo de este artículo: que aquellos que lo lean conozcan o recuerden este suceso y, en caso de sentirse interesados más allá de lo que estas simples palabras puedan expresar, puedan ver con sus propios ojos y escuchar con sus oídos los relatos de aquellos que vivieron, y todavía reviven en sus pesadillas, lo que sucedió hace no tantos años.

El conflicto árabe-israelí es una confrontación de larga data y de difícil comprensión. Sin embargo, entre los gobiernos y los intereses políticos, económicos y religiosos no debemos olvidar que hay personas: simples trabajadores y ciudadanos que sufren las arbitrariedades del momento y cuyas voces, frente la inmensidad del contexto en el que habitan, son calladas y olvidadas. En esto radica la importancia de mantener viva la memoria: poder conocer, incluso a la distancia geográfica y más allá del paso del tiempo, los rostros de las víctimas y victimarios de una lucha que continúa hasta nuestros días, que se repite sin cesar.


Los invito a conocer la historia y sacar sus propias conclusiones.



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