INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

Hermes: la persona que le devolvió la dignidad a la política

El pasado 26 de junio, falleció el histórico dirigente socialista Hermes Binner, a sus 77 años. Fue intendente por dos períodos consecutivos de la ciudad de Rosario, gobernador de la provincia de Santa Fe (primer socialista del país en alcanzar un cargo de tal jerarquía), diputado nacional y candidato a presidente. En esta nota, recorremos los principales hitos de su carrera política a través de diferentes artículos publicados en la prensa que testificaron sus hazañas.


Por David Bocero Ferreira


Un médico con vocación de dirigente político

Minutos antes de que comenzara la conferencia de prensa de Alberto Fernández, en la que anunciaba el regreso a la fase 1 de la cuarentena, se conoció la triste noticia del fallecimiento de Hermes Binner, un hombre que supo hacerse un lugar en la política de este país construyendo una imagen más elogiada que reprochada por sus adversarios, sin importar cuáles fueran sus colores políticos. Entre tantos homenajes que se han escrito durante los últimos días, a continuación propongo realizar un recorrido por su carrera a través de las noticias y entrevistas que dieron cuenta de sus obras mientras sucedían. De este modo, podremos apreciar a un Binner más vivo que nunca.


Hermes Binner nació en la ciudad de Rafaela en junio de 1943. Era descendiente de inmigrantes suizos, de quienes podríamos decir que heredó la moderación que tanto lo caracterizaba. Se graduó de médico en la Universidad Nacional de Rosario y, mientras ejercía la medicina en el sector público de la salud, se desempeñó como médico en los barrios marginales de Rosario, en aquel entonces formados mayormente por obreros de la industria frigorífica y portuaria. También fue director y vicedirector de hospitales públicos de la provincia de Santa Fe. En cuanto a demás datos de su vida previos a su incursión en la política, prefiero no ahondar en detalles que perfectamente el propio Hermes nos podría relatar, como bien lo hizo en una entrevista junto a Pablo Feldman en 2015.


Su primera victoria electoral tuvo lugar en 1995, cuando fue elegido intendente de la ciudad de Rosario, la que desde entonces sería su ciudad adoptiva. Su mandato, con una reelección por medio, se extendería hasta 2003. Durante ese tiempo, basó su gestión en dos pilares fundamentales: la descentralización del Estado y la salud pública. Estos pilares se convirtieron rápidamente en una insignia de su gestión, cuyos resultados perduran con fuerza hasta el día de hoy.

Es fácil descubrir las repercusiones de sus obras en los medios de comunicación que, sorprendidos, atribuían aquellos logros a un nombre aún desconocido pero que, quizás sin imaginarlo, con el tiempo terminarían repitiendo una innumerable cantidad de veces. La primera de esas crónicas es una que data de agosto de 2001, en la que se intenta explicar el fenómeno de la descentralización municipal en Rosario. Allí se describe cómo un intendente llevó a cabo, desde el primer año de su gestión, un proceso para llevar el Estado a la ciudad, dividiéndola en seis distritos y colocando sedes llamadas Centros Municipales de Distrito, en las cuales miles de personas concurrían y lo siguen haciendo para realizar las más diversas gestiones. Una “tarea contundente” por parte del doctor Binner para dar funcionamiento a este plan bajo el lema “Descentralizar para crecer”. Un programa que “sintetiza, a la vez, modernización administrativa, reconversión urbana, animación cultural y participación comunitaria” y que “se propone también entregar al paisaje urbano de la ciudad una serie de arquitecturas significativas”, en referencia a los edificios de las sedes distritales.


Por otro lado, Binner hizo de la salud pública un compromiso estatal. En este sentido, el mayor símbolo de estos esfuerzos ocurrió en 1999, con la fundación del Centro de Especialidades Médicas Ambulatorias de Rosario (CEMAR), hoy tan importante para la lucha contra el coronavirus. Una nota de 2009 en conmemoración de los diez años de funcionamiento del hospital explicaba su importancia para la sociedad rosarina: “durante el pasado año [2008] dio respuesta a casi 140 mil consultas en distintas especialidades, se realizaron más de 28 mil estudios en el sector de diagnóstico por imágenes y más de 21 mil pacientes fueron atendidos en sus consultorios odontológicos. El CEMAR funciona como ‘bisagra’ articuladora entre los 60 centros de primer nivel y los hospitales de mayor complejidad.” En su discurso de inauguración, Binner sostuvo que “los rosarinos tenemos una vergüenza menos y un orgullo más”.


Las hazañas alcanzadas por Binner en Rosario no se quedarían solo en los elogios recibidos por la prensa de aquel entonces. Por el contrario, los beneficios que trajo su gestión a la comunidad rosarina hicieron eco en todo el mundo, al punto de recibir un reconocimiento por parte de la Organización de las Naciones Unidas. En efecto, en 2003, el representante del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Carmelo Angulo Barturen, premió las políticas rosarinas de descentralización, salud, vivienda y niñez con la distinción de “Ciudad Modelo”. Además, postuló a la ciudad para entrar en la categoría “Ciudad de los derechos humanos”.

El primer gobernador socialista de la historia argentina

Tras perder las elecciones a gobernador de Santa Fe en 2003 contra el candidato justicialista Jorge Obeid, en 2005 pasó a ocupar una banca en el Congreso de la Nación como diputado en representación del entonces flamante Frente Progresista Cívico y Social (una alianza constituida principalmente por el Partido Socialista y sectores de la Unión Cívica Radical, a la que más tarde se incorporarían el Partido Demócrata Progresista, la Coalición Cívica ARI, Movimiento Libres del Sur y el GEN). Su primer periodo como legislador solo duraría dos años; sin embargo, tuvo un rol sumamente activo desde el inicio: en sus primeros cinco meses en el cargo, hizo escuchar su voz presentando 31 proyectos de ley. Cierta vez se le preguntó si se proponía encabezar una candidatura presidencial contra Néstor Kirchner, a lo que su respuesta fue tan contundente como claro su objetivo. "Lo descarto. La meta en 2007 es la gobernación de Santa Fe. No podemos defraudar a nuestros ciudadanos haciendo campaña, hay que trabajar.”


Lograr la gobernación de Santa Fe era un objetivo para nada fácil. El justicialismo llevaba 24 años consecutivos gobernando la provincia, mientras que el socialismo no lo había hecho nunca. Sin embargo, había vientos de cambio y el nombre del entonces diputado empezó a sonar fuerte en la campaña. “¿Qué tiene este dirigente socialista, de modales cordiales y parsimoniosos, para convertirse en el hombre capaz de arrebatarle al justicialismo su trono en Santa Fe tras 24 años de gestión?”, se preguntaba una nota a mediados de 2007 en la que se elogiaba su pasado a cargo de la Municipalidad de Rosario y se explicaba, para los desentendidos, la trayectoria de aquel hombre que podía poner en peligro la hegemonía del peronismo provincial.


Finalmente, llegaría el día histórico en el que Hermes Binner, a la cabeza del ya consolidado Frente Progresista, Cívico y Social, ganaría las elecciones provinciales, imponiéndose con un 48,5% de los votos sobre el Frente para la Victoria de Rafael Bielsa, que había obtenido un 38,8%. A sabiendas del hito que había alcanzado al convertirse en el primer gobernador socialista de la historia argentina, Binner se mantuvo con la moderación que siempre lo caracterizó y en los festejos saludó a sus compañeros mostrando en alto un retrato del dirigente Guillermo Estévez Boero, su mentor en los caminos de la política. “La hazaña de desterrar al justicialismo después de 24 años consecutivos de poder en Santa Fe podría haber descontrolado a cualquiera, salvo a este socialista de cuerpo y alma que hace de la moderación un estilo de hacer política”, agregaba una nota de septiembre de 2007 que da cuenta de la hazaña.


El orgullo de haber hecho historia en su provincia estaba presente, pero tanto Binner como sus compañeros de gestión no se quedarían solo con eso: era hora de pasar de las palabras y las campañas a las acciones concretas. En este sentido, su primera acción constituyó un contundente mensaje para toda la ciudadanía de Santa Fe al quitar las vallas que protegían a la Casa Gris la sede de gobierno provincial y la separaban de los habitantes de la ciudad, acercando una vez más el Estado a la gente.


La gestión de Hermes, ahora desde la Casa Gris, extendió los avances en materia de salud pública comenzados en Rosario al resto de la provincia, llevándolos al máximo nivel del país. En este sentido, una de sus primeras grandes obras fue la creación del gran hospital Clemente Álvarez durante 2007 en la ciudad de Rosario. “El ex intendente fue el impulsor del proyecto que demandó una inversión total de 45 millones de pesos (29 millones destinados a la obra y 16 millones al equipamiento médico) que contará con 155 camas y habitaciones dobles con baño privado dentro de 22 mil metros cuadrados cubiertos, 13 mil más que el actual de calle Virasoro. Contará con un novedoso sistema de digitalización por imágenes, valuado en 400 mil dólares”, relataba con entusiasmo una crónica del evento de inauguración. Además, muchos centros primarios fueron construidos durante su gestión para fortalecer el sistema de salud provincial.


Otro gran evento que marcó su gestión fue el reclamo contra el gobierno nacional —en aquel entonces a cargo de la ex presidenta Cristina Fernández— ante la Corte Suprema de Justicia, para que el Estado Nacional le pagara a Santa Fe una deuda de más de 4.400 millones de pesos. En su presentación ante la audiencia pública de la Corte, logró obtener el apoyo de dos ex gobernadores justicialistas —Carlos Reutemann y Jorge Obied— y de muchos senadores opositores, entre los que se encontraba el actual gobernador santafesino, Omar Perotti. Finalmente, a fines de 2015, la Corte fallaría a favor de la provincia de Santa Fe, aunque la actualización de los montos de la deuda aún están pendientes de revisión.

De la Casa Gris a la Casa Rosada: la campaña presidencial de 2011

Binner era una persona de costumbres sostenidas. Pese a su ardua tarea como gobernador, nunca dejó de irse a Bahía Blanca de vacaciones a descansar. Allí le consultaron, a comienzos de 2011, sobre el rumor de que era un "aburrido" y que lo comparaban en ese aspecto con Fernando De la Rúa. Entre risas respondió que no era así, que le gustaba juntarse a comer con amigos y que lejos estaba de De la Rúa, “que ese sí era un aburrido”.


Unos meses más tarde, se presentó como candidato en las elecciones presidenciales. Su principal rival era Cristina Fernández, quien iba por la reelección. Se trataba de un objetivo casi imposible; sin embargo, Binner, que siempre fue de más acciones que palabras, se mantuvo firme en su decisión de ser una alternativa electoralmente competitiva. “Estamos trabajando para gobernar el país. Algunos dicen que lo hacen para ser segundos”, dijo durante la campaña.


A pesar de los esfuerzos de la fórmula Binner-Morandini presentada por el Frente Amplio Progresista (que ya no contaba con el apoyo del radicalismo), las elecciones del 2011 terminaron en una rotunda victoria de Cristina Fernández junto a su compañero Amado Boudou. En efecto, la fórmula kirchnerista se llevó un 53,7% de los votos, dejando en segundo lugar a Binner con un 17% que, como una suerte de premio consuelo, supo arrebatarle el lugar de segunda fuerza política a los radicales (al menos, hasta la formación de Cambiemos algunos años después). Era la mejor elección del socialismo en la historia de nuestro país.


Pese a la derrota presidencial, la presencia política del candidato del FAP continuó activa. Al año siguiente, fue elegido presidente del Partido Socialista, que por tantos años había representado. “Es un momento muy especial en mi vida, tengo una mezcla de emociones” reconoció durante la ceremonia.

Nuevas oportunidades y una candidatura que no fue: sus últimos años

En 2013, se presentó nuevamente como candidato a diputado nacional, y obtuvo una contundente victoria en su provincia con un 43% de los votos frente al 27% del PRO y al 22,5% del justicialismo. Con ese resultado, el FAP ahora contaba con 15 diputados, lo que lo llevó a anunciar que dejarían de ser un interbloque para tener un bloque propio en la Cámara de Diputados, que sería presidido por él mismo. De este modo, el progresismo liderado por Binner volvía a mirar con perspectiva electoral hacia el 2015, ahora con una base más sólida, desde la cual podían formar lazos con otros sectores de la oposición (principalmente, con el radicalismo, con quienes a pesar de ciertas diferencias mantenían aún viejas amistades).


La imposibilidad de Cristina Fernández de presentarse nuevamente como candidata abría las puertas a un recambio que podía tener la cara de un socialista. Pero las dificultades llegaron con la fuerza seductora de dos bloques que captaron toda la atención de los antikirchneristas: el Frente Renovador de Sergio Massa, que captó el voto de buena parte de los justicialistas que no respondían al kirchnerismo, y la alianza Cambiemos, encabezada por Mauricio Macri, que se llevó consigo a la UCR y a la Coalición Cívica (que, pocos años atrás, habían sido aliados del Partido Socialista). “No nos dejamos confundir por los cantos de sirena de ninguna pretendida aritmética electoral, aprendimos hace mucho que hay sumas que restan y que construir un frente lleva tiempo”, dijo en aquel entonces Binner durante la presentación de su precandidatura presidencial, dejando clara su opinión sobre las demás alianzas opositoras.


Pero los cantos de sirena que llamaban a derrotar al kirchnerismo tendrían más fuerza que los deseos de Binner de conformar un frente opositor consolidado y unido. Tal es así que en marzo de ese mismo año decidió abandonar la carrera presidencial, dejándole la posta a su compañera Margarita Stolbizer. En su lugar, se concentró en continuar como candidato a senador por su provincia. Sin embargo, los jugadores de la batalla política de 2015 ya estaban definidos y Hermes no pudo conseguir la banca de senador, sino que terminó en un lejano cuarto puesto (por detrás de Cambiemos, del Frente para la Victoria y de la alianza “UNA”).


La militancia de Binner continuaría algún tiempo más hasta que sus complicaciones de salud, especialmente marcadas por el Alzheimer, forzaron el final de su carrera política.

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Mucho más podría relatarse acerca de las hazañas políticas de Binner a lo largo de las últimas décadas. Sin embargo, prefiero dejar en manos de aquellas personas que se han tomado el tiempo de leer estos párrafos la búsqueda del resto de las crónicas que dieron testimonio de la gestión de este histórico dirigente socialista. Cada una de las noticias que aquí se citaron dan cuenta de las obras de un hombre que, aunque ya no esté físicamente entre nosotros, permanece vivo a través de su legado. Los logros de su gestión siguen presente en la vida de millones de santafesinos, y sus ideas perduran en la memoria y en los corazones de cientos de miles de personas, a lo largo y ancho del país.


Más allá de los hospitales creados, de los proyectos de ley impulsados o de las políticas públicas realizadas, la obra más importante de Hermes Binner ha sido devolverle la dignidad a una profesión cuyo sabor pareciera volverse cada día más amargo. En tiempos en los que la desaprobación hacia los políticos no para de aumentar —y, buena parte de las veces, por razones más que justificadas—, el mayor legado de este médico es el ejemplo de que verdaderamente es posible vivir haciendo política de manera honrada, y que aquellos que se dedican a vivir de la política no tienen por qué ser la norma. Binner nos enseñó que la transparencia, la moderación y la humanidad son valores que pueden —y deben— ser llevados con orgullo.


El legado de su figura nos devuelve las esperanzas de poder ver a futuras generaciones de políticos que, siguiendo su ejemplo, dignifiquen a esta profesión con sus acciones más que con sus palabras. Es nuestro deber recordarlo de este modo para que sus lecciones nunca mueran.


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