INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

  • Francisco V. Caporiccio

“Give me liberty or give me COVID-19”: coronavirus, protestas y elecciones en Estados Unidos

Entre protestas con rifles, banderas confederadas y conspiraciones acerca de la culpabilidad de China, el coronavirus no solo esta causando la muerte de miles de norteamericanos, sino que está poniendo en jaque las chances de reelección de Donald Trump. El impacto de la pandemia en el país con mayor cantidad de casos positivos de COVID-19.

Por Eva Langbehn

Foto: Business Insider

En medio de la pandemia del coronavirus, que ya ha causado la muerte de más de 65 mil personas en Estados Unidos, una ola de protestas se ha desatado en varios estados del medio-este del país en rechazo a la cuarentena impuesta por sus respectivos gobernadores. Algunas las de las personas que participan en las protestas cargan rifles, mientras que otras vociferan todo tipo de teorías conspirativas sobre la culpa de China en la crisis sanitaria global. Miles de fanáticos de Trump repiten el mantra "God Bless America" mientras portan pancartas con frases tales como “Give me freedom or give me death" ("denme la libertad o denme la muerte”) y reclaman la reapertura de la economía y la flexibilización de las medidas de distanciamiento social. A pesar de que estas manifestaciones no son multitudinarias, se está cuestionando si los reclamos económicos son genuinos, o si más bien están siendo orquestados por grupos afines al presidente Trump. Quienes consideran la segunda opción, entienden que el objetivo sería poner fin a las medidas de distanciamiento social que, sin dudas, están poniendo en jaque a la economía y, con ello, las chances de reelección de Trump.


A nivel mundial, el número de casos de coronavirus superó los tres millones, de los cuales más de un millón corresponden a los Estados Unidos. En este contexto, y principalmente debido a las medidas de distanciamiento social impuestas en los diferentes estados, durante las últimas seis semanas alrededor de 30 millones de estadounidenses han solicitado algún tipo de seguro por desempleo, lo cual representa al 18.6% de la población laboralmente activa. Si bien todavía es aventurado prever cuáles serán los pasos para una normalización de la economía, lo que sí es claro es que, luego de seis semanas de cuarentena, el daño económico ya ha alcanzado una magnitud sin precedentes. La tasa de desempleo habla por sí sola: más de 21 millones de personas han quedado desempleadas. Una cifra alarmante, en un país que hace solo dos meses contaba prácticamente con pleno empleo. Frente a este escenario, la presión para reabrir la economía se ha convertido en el centro del debate. Las posiciones existentes están claramente contrapuestas: por un lado, los expertos salud abogan para que se continúen implementando las medidas de distanciamiento social hasta aplanar la curva; por el otro, ciertos sectores políticos y económicos pujan por un relajamiento de las medidas por temor a las repercusiones sociopolíticas y financieras que ellas podrían ocasionar.


Por esta razón, algunos grupos de manifestantes en los estados de Washington, Michigan, Texas, Maryland y California, entre otros, exigen a los gobernadores reabrir los establecimientos educativos y los comercios no esenciales. Las protestas se caracterizan por demonizar a los gobernadores y exigir "salir del estado de tiranía impuesto", en un intento por recrear los famosos ‘rallies’ de la campaña de 2016 de Trump. En Michigan, por ejemplo, los manifestantes salieron a protestar en contra de la gobernadora demócrata, Gretchen Whitmer, al cántico de "Lock her up!” ("¡enciérrenla!"), en clara alusión a la campaña presidencial de 2016 cuando los votantes se agitaban en torno a este mismo slogan contra Hillary Clinton.

Un grupo de personas identificadas con la "Alt-right" (extrema derecha estadounidense) protestaron en Michigan contra las medidas de aislamiento y distanciamiento social implementadas por la gobernadora Witmer. Entre los manifestantes, hubo carteles con esvásticas y evidentes referencias al nazismo. Foto: Paul Sancya (AP)

El presidente, conocido por modificar en forma diaria y contradictoria su discurso frente a la pandemia, expresó su respaldo a los manifestantes, llamando a la reapertura de la economía a nivel estatal. Más aún, calificó las órdenes de distanciamiento social en ciertos estados como demasiado extremas y descartó la posibilidad de contagio del virus entre los manifestantes (pese a que muchos de ellos ni siquiera llevaban barbijo). De hecho, después de las protestas, Trump incluso envió varios tweets con el mensaje de “liberen Minnesota, Michigan y Virginia”, ignorando las recomendaciones de los expertos en salud.


La estrategia de Trump frente a esta situación consiste en ubicarse a sí mismo por encima del problema, como víctima de críticas injustas y no como el responsable o irresponsable fundamental del mal manejo de la pandemia. Como parte de esta estrategia, y con miras de salvar su reelección, Trump busca culpar a los demócratas por las consecuencias económicas gravísimas que está atravesando el país, y que continuarán en los próximos meses. El presidente pretende deslindarse de la responsabilidad de la que muchos lo acusan: haber agudizado la crisis sanitaria desatada por el virus. En otras palabras, Trump está buscando beneficiarse estratégicamente con estas manifestaciones, apelando a su base y reforzando su slogan electoral que caracteriza a los gobernadores demócratas como "la élite enemiga".


Más allá de la chicana política, va a resultar difícil para la administración de Trump desligarse de su responsabilidad por el modo en que está manejándose la lucha contra el virus. Es innegable que hubo una reacción tardía por parte del gobierno. Al respecto, cabe recordar que, hasta hace unos pocos meses, Trump afirmaba que el virus no era más mortal que la gripe corriente. La estrategia gubernamental fue absolutamente improvisada y arbitraria. Al momento en que se decidió cerrar las fronteras, era demasiado tarde: el virus ya se había propagado rápidamente en varios estados del país y los hospitales no contaban ni con el personal ni con el equipo médico adecuado. Durante las semanas posteriores, el presidente continuó restándole importancia a la gravedad de la pandemia, calificó las medidas de la cuarentena como exageradas, y culpó reiteradamente a China y a la Organización Mundial de la Salud, entre otros, por la propagación del COVID-19. Asimismo, Trump anunció en sus conferencias de prensa diarias recomendaciones no solo delirantes sino también peligrosas, como la de inyectarse desinfectante para combatir el virus.

En Denver, Colorado, un grupo de trabajadores de la salud salieron a las calles a impedir que los manifestantes continúen circulando, y pedirles que regresen a sus hogares. Foto: Alyson McClaran (Reuters)

Ante una crisis sin precedentes, resulta fundamental cuestionarse si la intención de Trump al victimizarse y culpar a los gobernadores será suficiente para ganar las próximas elecciones. Previo al coronavirus, el gran obstáculo para de los demócratas era que la economía estaba en plena expansión, lo cual dejaba pocas garantías de que los votantes independientes en los Swing States –"estados bisagra", es decir, aquellos en los que no hay un candidato claro en las encuestas– se alineasen con los demócratas.


Frente a lo que se vislumbra como la peor crisis económica desde la gran depresión de 1930, el escenario político ha dado un vuelco y los demócratas ahora parecen tener la ventaja. Aunque todavía es temprano para hacer predicciones, será complejo para el presidente eximirse de su responsabilidad ante el manejo del coronavirus. Asimismo, es probable que el electorado le cobre a Trump las consecuencias económicas de la pandemia ya que, históricamente, esto ha sido una constante ante las crisis económicas (el caso más reciente es la crisis del 2008 que, en gran parte, le costó la elección a los Republicanos).

En el condado de Orange, Florida, manifestantes reclaman la reapertura de los negocios, sin tapabocas ni distancia social. Foto: Paul Hennessy

Además, con la existencia del colegio electoral y la extrema polarización del electorado norteamericano según zonas geográficas, las elecciones en los últimos años se han definido en no más de cinco estados: los famosos y ya mencionados Swing States, que además cuentan con sistemas indirectos de votación conocidos como "winner take all" (quien gana se lleva todos los electores). Así, en 2016, Donald Trump ganó las elecciones presidenciales con un margen de votos muy pequeño en tales estados. Actualmente su popularidad en los estados claves como ser Michigan, Pennsylvania y Wisconsin ha bajado.


En este contexto, es posible que Joe Biden, el candidato del partido Demócrata, llegue a ganar en los "estados bisagra". Incluso puede triunfar en algunos otros en los que Trump supo tener los votos asegurados (el más paradigmático es Texas, un estado tradicionalmente republicano, en el que ahora ambos candidatos están empatados). En términos generales, Biden cuenta hoy con una ventaja de cuatro puntos con respecto a los márgenes de 2016. Según las encuestas, el candidato demócrata actualmente podría ganar hasta 352 votos electorales, más del doble de los 132 de Trump.


Lo anterior no significa que Biden ya tenga ganada la carrera presidencia. Uno de sus mayores desafíos es captar al electorado progresista y joven del partido. Sin embargo, está logrando armar una coalición bastante amplia, similar a la que se había formado alrededor de Obama. De acuerdo a lo que indican las encuestas en aquellos estados claves que definen las elecciones, Trump parecería tener bastante menos posibilidades de ser reelecto en noviembre, ya que difícilmente logre ampliar su base electoral más allá de su base más radical, sobre todo si se considera el contexto económico actual. De todos modos, todavía es difícil realizar predicciones certeras, y quedan largos meses hasta noviembre.

Joe Biden (izq.) saluda a quien fuera su principal rival en las primarias demócratas, Bernie Sanders (der.). Hace algunas semanas, Sanders, que concentraba la mayor parte del voto joven y progresista, anunció que retiraba su candidatura y que respaldaría la elección de Biden. Foto: Kevin Lamarque (Reuters)

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