INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

En Brasil se juega mucho más que una copa

En un contexto en el cuál la economía brasileña apenas sale de la peor recesión de su historia y las encuestas no arrojan resultados positivos para el presidente, el Brasil de Jair Bolsonaro será el anfitrión de la Copa América de este año. ¿Será este evento deportivo en el país carioca una bocanada de aire para el Partido Social Liberal?


Por Manuel Lacarra

La economía brasileña se contrajo un 0,62 % en abril frente al mismo mes del año anterior. En caso de cerrar el nuevo trimestre en negativo y acumular dos consecutivos de caída del PBI, el país entraría en lo que se considera una "recesión técnica". El viernes pasado (14/6), y en coincidencia con la jornada inaugural de la Copa América, se produjo el primer paro general en la gestión de Bolsonaro en protesta a la nueva reforma jubilatoria que se impulsa desde el oficialismo y en rechazo a los cortes en educación, anunciados recientemente por el Gobierno, y los elevados índices de desempleo persistentes en una economía que no logra despegar tras la histórica recesión de 2015 y 2016.


Estos datos generan como consecuencia un contexto desfavorable sobre el cuál organizar una competencia de tal magnitud, más aún si cae en la inevitable comparación con el contexto brasilero sobre el que se gestó la Copa del Mundo de 2014, cuando el crecimiento del PBI era de un 2% anual, y que además comprendía una desaceleración en ese momento, ya que entre el 2000 y el 2012 Brasil fue una de las economías mundiales con mayor y más rápido crecimiento, con una progresión media anual de alrededor del 5% del PBI. En este período también, durante la gestión de Lula Da Silva, más de 30 millones de brasileros salieron de la pobreza. De hecho, este buen momento en la economía brasileña le permitió en su momento ser el país que organizó la copa del mundo más cara de la historia, alcanzando los 10.600 millones de dólares.


Sin embargo, en cuanto a gastos se puede decir que el monto no le significa un problema al Estado carioca a la hora de ser el anfitrión de esta nueva copa. Todos los estadios que se utilizarán fueron construidos o remodelados recientemente debido a la Copa del Mundo, y los gastos operativos vinculados al alojamiento y traslado de delegaciones, árbitros y funcionarios corren por cuenta de la Conmebol.


Pero esto no quita que no están dadas las mejores condiciones para llevar adelante esta competencia. Mientras que los índices económicos reflejan las malas decisiones tomadas por el PSL, el descontento social por Bolsonaro se ve reflejado en las encuestas: el 30% de los brasileños consideran que su gobierno es malo o pésimo, y un 33% consideran que es regular, sumando así un 63% de opiniones negativas. Si se lo compara con sus predecesores, el ex militar pierde contra todos, Dilma Rousseff registró un 7% de rechazo en 2011, mientras que Lula obtuvo un 10% en 2013.


Luego de leer tantos dígitos en contra del mandatario del gigante de Sudamérica, el título de esta nota se explica solo. Tanto Bolsonaro como el partido que lo acompaña se juegan un par de puntos en las encuestas dependiendo del resultado que tenga su selección en esta copa que la tiene como local, ya que a pesar de que un logro futbolístico nada tenga que ver con el rendimiento de un partido en el poder, se ha demostrado en más de una ocasión que la alegría de la gente por un campeonato ganado sirve de dilatador para una sociedad que hoy por hoy es una olla a presión que puede estallar en cualquier momento. El ejemplo más claro es el de Argentina y el mundial del ’78 en el cual fueron anfitriones (es vital aclarar que el contexto de este ejemplo y la situación actual brasileña son completamente diferentes) y en el que el equipo local fue el que se llevó la copa, lo que produjo una algarabía y un regocijo que duraron varios días y que logró que gran parte de los argentinos hayan olvidado por un tiempo las atrocidades llevadas a cabo por el gobierno de facto.


Salvando las distancias, y a pesar de que el ultraderechista no necesita tanto del triunfo de su selección como si lo necesitó Jorge Rafael Videla en su momento, una copa más en la ya impresionante vitrina de la verdeamarela significaría sin dudas un logro para quienes a pesar de todo pretenden mantenerse en el poder.


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