INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

  • Lautaro Garcia Alonso

¿Y ahora qué?

El PSOE volvió a ganar las elecciones, con prácticamente el mismo caudal de votos que en abril de este año. Sin embargo, el resultado obtenido no es suficiente para lograr la mayoría absoluta en el Parlamento y formar gobierno (la misma situación que llevó a Pedro Sánchez a convocar nuevamente a elecciones en septiembre). ¿Qué escenarios políticos tiene España por delante?


Por Lautaro Garcia Alonso


España enfrenta en estos meses una de sus mayores crisis de legitimidad institucional desde el final de la Transición[1]. El principal detonante fue, sin dudas, el referéndum de independencia de Cataluña a comienzos de octubre de 2017. En aquel momento, el gobierno de Mariano Rajoy –el cual hacía poco menos de un año que había entrado en su segundo mandato– había sido fuertemente cuestionado por la represión emprendida por las fuerzas de seguridad durante los comicios de aquel referéndum. Desde entonces, la tensión por el futuro de Cataluña fue en aumento y se profundizó a partir de la declaración unilateral de independencia del Parlament catalán, seguida por la aplicación del artículo 155 de la Constitución española –mediante el cual se habilitó la intervención de la comunidad autónoma por parte del Gobierno central– y el cese de funciones del entonces President de la Generalitat de Catalunya, Carles Puigdemont (quien se refugió en Bruselas para evitar un inminente juicio por sedición). Sumado a la cuestión catalana, poco tiempo después, el Partido Popular (PP) liderado por Rajoy se vio envuelto en un fuerte escándalo de corrupción, conocido como el “Caso Gürtel”. Así, en mayo de 2018, la Audiencia Nacional sentenció que el PP había ayudado a establecer “un sistema genuino y efectivo de corrupción institucional”. Frente a este escenario, se aceptó la convocatoria a elecciones anticipadas y el 1 de junio de ese año se aprobó la moción de censura, luego de la cual Rajoy debió presentar su dimisión y renunció, a su vez, como líder de su partido.

En aquella moción, Pedro Sánchez resultó electo por el Parlamento como el nuevo presidente del Gobierno de España. Sin embargo, la estabilidad política del nuevo gobierno no estaba consolidada en absoluto. En febrero de este año, el Parlamento rechazó el Presupuesto General del Estado presentado por el líder del PSOE, lo cual dio lugar a la disolución de las Cortes Generales y motivó el llamado a elecciones anticipadas para fines de abril.


En las elecciones celebradas el 28 de abril, el PSOE se convirtió en la fuerza más votada, obteniendo 123 escaños en el Congreso de los Diputados (sobre un total de 350) y 122 en el Senado (sobre un total de 208, logrando así la mayoría absoluta en esta cámara). En segundo lugar, el Partido Popular –ahora liderado por Pablo Casado– obtuvo 66 bancas en el Congreso, seguido de cerca por Ciudadanos (presidido por Albert Rivera), que alcanzó un total de 57. Finalmente, Unidas Podemos –con Pablo Iglesias a la cabeza, y sin la presencia de Iñigo Errejón, que abandonó el espacio para presentarse por su cuenta dentro del partido regional “Más Madrid”– obtuvo 35 escaños, seguido por el ultraderechista Vox –encabezado por Santiago Abascal– que alcanzó un histórico 10 % de los votos, logrando con ello conquistar 24 bancas en el Congreso. El resto de los escaños se repartieron entre partidos independentistas y nacionalistas, fundamentalmente, Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), En Comú Podem (ECP) y Junts per Catalunya (JxCat).  

No obstante, los números obtenidos por el PSOE no fueron suficientes para lograr una mayoría absoluta en el Congreso (para lo cual necesitaba 176 escaños). Tras varios intentos fallidos de lograr una alianza junto al bloque de Unidas Podemos (que se abstuvo de votar en el acto de investidura de Pedro Sánchez), y ante el voto en contra de la derecha representada por el PP, Ciudadanos y Vox, el 25 de julio se produjo un nuevo bloqueo político que impidió que el partido socialista pudiera consolidar su gobierno. En consecuencia, algunas semanas después, el rey Felipe VI disolvió las Cortes Generales y convocó a nuevas elecciones para el 10 de noviembre.


Bajo el lema “Ahora Sí”, el PSOE salió en busca de ampliar su diferencia, intentando conquistar a cierto sector del electorado del centro. Por el otro lado, el PP, Ciudadanos y Vox comenzaron una disputa por definir cuál de ellos lograría convertirse en el referente de la derecha española. Por su parte, Unidas Podemos –sin demasiadas aspiraciones, ni posibilidades, de ampliar su base electoral– buscó contener a su electorado y mantener los escaños obtenidos en abril.


Sin embargo, ante la imposibilidad de seducir a ciertos votantes indecisos del PP, hacia el final de la campaña, el PSOE volvió a concentrarse en su agenda progresista y en su rol como única fuerza de izquierda con potencial para formar gobierno y frenar el avance de la ultraderecha (sobre todo, atendiendo al crecimiento de Vox que se reflejaba en los sondeos finales). Esta postura se vio manifiesta, especialmente, en el último debate entre candidatos a presidente, en el que Pedro Sánchez buscó mantener una posición moderada pero comprometida con las propuestas de centroizquierda de su programa electoral (resaltando la importancia de la “cohesión social”), y sin definiciones claras respecto a la situación en Cataluña (aunque dejando entrever una posición dialoguista, sin descuidar el valor de la “cohesión territorial”).

Así las cosas, en el día de ayer tuvo lugar el segundo período de elecciones generales en el año, del que participó cerca de un 57 % del electorado (4 % menos que en las elecciones de abril), un porcentaje bajo que da cuenta del descontento generalizado que existe en España en estos momentos frente a la representación política existente. Con más de 6,5 millones de votos (28 % del total), el PSOE volvió a ganar las elecciones y obtuvo 120 escaños –4 menos que en las elecciones de abril–. El PP, por su parte, se consolidó como segunda fuerza, y aumentó su base electoral en más de medio millón de votos respecto de las elecciones anteriores, lo cual le permitió alcanzar 88 escaños (frente a los 66 que había obtenido en abril). La gran sorpresa de estas elecciones, sin dudas, fueron los resultados obtenidos por Vox, que pasó de 24 escaños en abril a obtener 52 en estas elecciones y logró posicionarse como la tercera fuerza a nivel nacional (y ganar el reconocimiento de los principales referentes de la ultraderecha europea). El principal impacto del auge de Vox fue sufrido por Ciudadanos, que pasó de tener 57 escaños en abril a conservar tan solo 10 de ellos en estas últimas elecciones; de este modo, Albert Rivera quedó desplazado del rol que hasta entonces parecía encarnar como referente de la derecha liberal moderna en España. Finalmente, Unidas Podemos mantuvo un porcentaje similar de votos a abril (cayó solo un 2 %), y consiguió 35 escaños en estas elecciones (frente a los 42 que había logrado en las anteriores). En el caso de los partidos independentistas y regionalistas, no presentaron mayores variaciones respecto a los resultados que habían obtenido seis meses atrás.

Con estos resultados, el PSOE quedó lejos de lograr una alianza que le permita alcanzar una mayoría absoluta en el Congreso. Incluso con el apoyo de otros sectores de izquierda –fundamentalmente, Unidas Podemos y Más País– no lograría superar los 158 escaños. Descartada –hasta el momento– la alternativa de formar un gobierno de coalición con el PP, la única opción del PSOE para alcanzar los votos necesarios sería contar con el apoyo de los independentistas catalanes. Sin embargo, el líder del ERC, Gabriel Rufián, ha declarado que no apoyaría la investidura de Pedro Sánchez.

Pese al difícil escenario que enfrenta el socialismo para formar gobierno, Pedro Sánchez se ha mostrado optimista con los resultados obtenidos y afirmó que “sí o sí habrá un gobierno progresista”. El líder del PSOE y actual presidente en funciones hizo un llamado a los demás partidos políticos a que “actúen con generosidad y responsabilidad para desbloquear la situación política en España”. De este modo, apuesta a que el sector opositor (y, en particular, el PP) no vuelva a votar en contra de su investidura presidencial. Es que, de acuerdo al procedimiento parlamentario de España, luego de una primera votación en la que no se lograra la mayoría absoluta para la investidura, se realiza una segunda votación en la que es suficiente para formar gobierno una mayoría simple de votos a favor de la candidatura.

Más allá del llamamiento de Sánchez a respetar la voluntad democrática del pueblo expresada en los resultados electorales, lo cierto es que aún no hay novedades de parte de la oposición respecto a si se abstendrán en la votación de la investidura y permitirán así que, finalmente, el presidente socialista pueda consolidar su gobierno. En caso que ello no suceda, el bloqueo político persistirá y no se descarta la posibilidad de que se abra una nueva convocatoria a elecciones.

El escenario político de España continúa fragmentado y, con los resultados de ayer, se aleja cada vez más del bipartidismo. En estas condiciones, el partido euroescéptico, anti inmigratorio y nacionalista de Abascal ha encontrado una ventana abierta a través de la cual ingresó en busca de un electorado cada vez más numeroso que se encuentra decepcionado frente al fracaso de los partidos tradicionales, y creen encontrar en la propuesta de Vox una vía que restaure el “orden” y la estabilidad económica y social en el territorio español. El PSOE enfrenta un enorme desafío por delante y deberá tener la inteligencia suficiente para alcanzar los acuerdos necesarios que le permitan consolidarse como un faro socialdemócrata en una Europa cada vez más amenazada por una extrema derecha que continúa avanzando.

Bajo el liderazgo de Sánchez, el pueblo español tiene la opción de transitar los próximos años con un gobierno que priorice las libertades individuales y, a la vez, busque garantizar una mayor justicia social. Sin embargo, en sistemas políticos como el ibérico, la voluntad de la mayoría del electorado está sujeta a las negociaciones entre los diferentes bloques que conforman el Parlamento. Al igual que en abril, la ciudadanía manifestó que ahora sí desea tener un gobierno progresista. No obstante, pese a que las urnas reafirmaron cuál es la voluntad del electorado, habrá que esperar a ver si el Congreso será o no deferente con la soberanía popular.


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[1] Se conoce popularmente como “Transición española” al periodo histórico que se inició con la muerte del dictador Francisco Franco en 1975, y que culminó con la consolidación del sistema democrático a partir de la investidura de Felipe González como Presidente del Gobierno de España en 1982.

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