INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

El momento de las vacunas: esperanza versus escepticismo

Mientras algunos ven en las nuevas vacunas contra el coronavirus la esperanza de derrotar finalmente a la pandemia, otros manifiestan claro escepticismo frente a su seguridad y la transparencia en su elaboración. De esta manera, lejos de ser el superhéroe de la historia, la campaña de vacunación a nivel mundial hoy es objeto de constante debate entre opiniones ciertamente desiguales.

Por Paloma Alonso

En plena batalla contra el coronavirus, la humanidad ha adquirido una herramienta que, en primera instancia, pareciera realmente esperanzadora: la vacuna. Aun cuando el distanciamiento social parecía ofrecer durante los primeros meses una vía práctica para suavizar el avance de la pandemia, en la actualidad las opciones para combatir al nuevo coronavirus se amplían. Sin embargo, no todo es color de rosas, hoy las sociedades a nivel internacional tienen los ojos puestos sobre la ciencia y en todos lados vemos surgir opiniones, comentarios y críticas sobre cómo superar la propagación y los terribles resultados de esta enfermedad. En este contexto, y quizá en algún punto paradójicamente, las vacunas lejos de ser el superhéroe de la historia, son continuamente interpeladas, generando desconfianza e incertidumbre en torno a su eficacia y seguridad.

De esta manera, mientras el coronavirus sigue mutando y avanzando sobre el planeta, la vacunación pareciera haberse convertido en foco de discusión mundial. ¿Cuál es el rol de la vacuna contra la COVID-19? Si bien la inmunización es una ventaja importante para superar la pandemia, como señala el especialista estadounidense Anthony Fauci según una nota de Infobae, la importancia de la vacunación radica en prevenir que los efectos del coronavirus lleguen a ser tan graves como la internación o la muerte. Desde esta perspectiva, la misión de la vacuna parecería liberadora para la humanidad, que ha intentado durante los últimos largos meses reinventar la realidad y generar una nueva normalidad. Ahora bien, una vez comprendido el papel que la vacuna cumplirá en el frente contra la pandemia, la pregunta sobre su distribución en el mundo, es decir la cuestión sobre qué regiones tendrán las vacunas antes y cuáles deberán esperar para aplicarlas, inició otro debate. De acuerdo con un artículo publicado en el diario AS, “(…) a pesar de que ya se han puesto 39 millones de dosis en todo el mundo, solo 49 países se han visto beneficiados por los viales”, lo que llevó a que la Organización Mundial de la Salud hiciera un llamado a la solidaridad global para que el reparto sea más equitativo.

Inmersos en todo el cúmulo de dilemas que presentaron tales controversias, en los diferentes países brotó con rapidez una nueva discusión: la desconfianza hacia las vacunas contra la COVID-19. En efecto, luego del surgimiento de los grupos anti-barbijo que habían expresado su rechazo a los protocolos de salud en los albores de la pandemia, en los últimos meses hombres y mujeres de todo el mundo comenzaron a formar parte de lo que mediáticamente se comenzó a conocer como “los anti-vacunas”. De esta manera, estallaron en distintos focos del planeta protestas en contra de la vacunación contra el coronavirus, como sucedió en Estados Unidos y en distintos países de Europa:

“En Italia la primera persona en recibir la vacuna fue Claudia Alivernini, una enfermera que trabaja en Roma. A las pocas horas recibió todo tipo de amenazas en las redes sociales” (La Política Online)

Así, la transparencia de las autoridades científicas y la seguridad de las fases de producción de la vacuna fueron incesantemente criticadas en diversos lugares del mundo. Partiendo de tal escenario, podemos referirnos al caso particular argentino, donde un reciente estudio desarrollado por la Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública (ESPOP) de la Universidad de San Andrés reportó que un 69% de los/as argentinos/as se encuentra preocupado por la rapidez de la aprobación de la vacuna, lo que lleva a dudar sobre su completa seguridad y efectividad. A pesar de ello, un porcentaje superior a la mitad de los/as encuestados/as (60%) manifestó estar dispuesto a aplicarse la vacuna contra el coronavirus. Finalmente, un experimento llevado a cabo en el mismo informe demostró que la percepción de seguridad de las distintas vacunas aumenta en algunos casos cuando se indica su país de origen, demostrando la influencia de la nacionalidad de estos antídotos en la opinión pública.

Cómo es posible notar, aunque existe una importante proporción de personas que aceptarían la aplicación de la vacuna, es inminente la crítica hacia su seguridad y efectividad. Así y todo, lo cierto es que este escepticismo frente a las vacunas no es un fenómeno exclusivamente actual ni novedoso. Así lo afirma una nota de La Vanguardia, según la cual “[p]rácticamente desde que se inventó la primera vacuna , en 1796 contra la viruela por Edward Jenner, que existe gente contraria y escéptica ante este fármaco”. Entre los argumentos anti-vacunas históricos, se menciona la religiosidad, la desconfianza sobre efectos adversos, la falta de transparencia por parte de las autoridades, entre otras. Considerando la velocidad con la que el planeta debió enfrentar a la pandemia de COVID-19, a tales críticas se le podría añadir el ya mencionado cuestionamiento sobre los tiempos de producción de la vacuna contra el coronavirus. Además, teorías más elaboradas circularon en las redes sociales como por ejemplo “(…) que la pandemia formaba parte de un plan encubierto de Bill Gates, para controlar a la población mundial mediante nanochips 5G insertados en las vacunas contra el virus” (La Vanguardia). Aun así, como se ha mencionado, el movimiento anti-vacuna no es nuevo, y su rechazo a las campañas de vacunación dificultan la inmunidad de rebaño necesaria para proteger la salud comunitaria.

En una nota del diario español Heraldo, un investigador del grupo de Genética de Micobacterias de la Universidad de Zaragoza, Jesús Gonzalo Asensio, entiende que es comprensible y razonable que la gente dude sobre una vacuna contra una enfermedad que hace un año no conocíamos. Justamente por ello es preciso difundir información fiable y contrastada científicamente, en contraposición al auge masivo de desinformación que genera mayor inseguridad y desconfianza. Como consecuencia, el especialista insta a los científicos y médicos a responder a la ciudadanía las preguntas que precisen para clarificar todo lo que sea necesario con información respaldada por la ciencia, de tal modo de generar credibilidad y transparencia sobre la vacunación anti-covid.

La discusión en torno a la seguridad y/o efectividad de la vacuna contra el coronavirus, por lo tanto, supone un desafío para las campañas de vacunación y sus resultados a largo plazo. Además, a raíz de la incertidumbre en torno a las vacunas, la legitimidad de las autoridades científicas parecería haber quedado enredada en el entramado de la polarización política, sometida al constante cuestionamiento, ya no solo de la propia revisión interna de la comunidad científica, sino de los medios de comunicación y las redes sociales. Por ende, hoy la ciencia ve en juego su credibilidad y apoyo en la opinión pública, por lo cual deberá buscar nuevas vías para recobrar la confianza en la población y promover la difusión de datos fiables sobre la vacunación, en contraposición a la creciente desinformación, a modo tal de hacer frente a la pandemia.


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