INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

El mal común de la basura

A diario, generamos una cantidad muy grande de residuos que son destinados a disposición final, pero muy pocas veces en el día nos detenemos a pensar cuál es el impacto de nuestros residuos en el ambiente. La clave para reducir esa cantidad habita en repensar nuestro consumo y la manera de relacionarnos con los residuos.


Por Maximiliano Gimenez


Es cierto que cada uno de nosotros, como ciudadanos, pagamos tasas por barrido y limpieza. Esto significa que podemos sacar la bolsa a la vereda y a partir de ahí es responsabilidad del Estado, porque le pagamos para eso. Entonces, el hecho de separar residuos es porque somos personas conscientes y colaboramos aún más con la gestión de los residuos. ¡Lejos están esos pensamientos de la realidad! Principalmente, porque los municipios, los responsables de gestionar esos residuos, en su mayoría, destinan los mismos a rellenos sanitarios, plantas de transferencias y tratamiento y en los técnicamente extintos” basurales a cielo abierto.


Digo técnicamente extintos” porque, a pesar de su cierre y traspaso a rellenos sanitarios, estos, sin una buena gestión integral, continúan siendo basurales a cielo abierto. Los residuos que se destinan a Disposición Final, el último eslabón de la cadena, son cada vez en mayor porcentaje, y simplemente se cubren con tierra. Esa es la gestión de la gran mayoría de los municipios. A su vez, las empresas capaces de producir bienes a través de un proceso industrializado, son alcanzadas por otra figura y deben, por ley, tratar sus residuos del proceso productivo de manera diferenciada.


Las más eficientes en el tema han logrado capitalizar gran parte de los mismos y así poder absorber los costos de los tratamientos. Si, las industrias deben asumir un costo por el tratamiento de sus residuos. Uno se preguntará, ¿son diferentes los residuos de un proceso productivo a los de origen doméstico? La respuesta es que, muchas veces, son mucho más contaminantes los domiciliarios y son los que menos tratamiento tienen. La responsabilidad por esos residuos es simplemente pagar una tasa, y listo.


¿Qué pasaría si, en lugar de una tasa municipal, pagáramos un costo por kilogramo de residuo destinado a disposición final? Según datos oficiales[1], en la Argentina se producen alrededor de 1,15 kg de basura por día per cápita. Si esta se nos cobrara $100 por kg, tendríamos unos 420 kg anuales que tendrían un costo de $42000. Si este valor lo dividiéramos por los doce meses del año, deberíamos pagar unos $3500 mensuales por la basura que generamos diariamente. Estoy casi seguro que ni un solo ciudadano paga ese monto de tasa municipal por barrido y limpieza. Si esto pasara, buscaríamos la manera de reducir la cantidad de residuos al mínimo, reutilizando lo que podemos reutilizar y reciclando los que podemos reciclar.


Así como hacen las grandes industrias con sus residuos del proceso productivo, pensaríamos mejor nuestras compras. Un envoltorio, una bolsa plástica, una botella, significarían un problema y costo que estaríamos pagando dos veces; al comprarla y al deshacernos de ella.


¿Y si la responsabilidad por una botella, por un envoltorio o por un descartable fuera compartida por el consumidor y por el fabricante? Nos encontraríamos en una lucha por el manejo de los mismos. Recuerdo en mi niñez los envases retornables de gaseosas, los aún retornables envases de cerveza y soda. Eso es lo que se denomina economía circular, cuando un producto, una vez utilizado, puede volver a insertarse en la cadena productiva como un nuevo recurso o materia prima. Este pensamiento utópico no es rentable a las grandes corporaciones, pero ¿nos es rentable en cuanto al daño ambiental? Todos los productos que adquirimos diariamente en el pasado fueron reutilizables. Eso dejó de ser así porque a quienes los producen no les conviene que solo compres los cartuchos o devuelvas en el envase. Comprar, consumir, descartar y volver a comprar. Total, ellos no asumen la responsabilidad por ese descarte. Mucho menos nosotros; pagamos la tasa y eso nos habilita a sacar la bolsa a la vereda y listo.


El costo lo están pagando los rellenos sanitarios colapsados, los residuos plásticos en ríos, arroyos, desagües y playas. El costo lo está asumiendo la cantidad de gases de efecto invernadero que liberan al aire las fábricas. Volviendo al principio, si tuviéramos que ser responsables económicamente por cada kilogramo de basura que generamos, estoy 100% seguro de que seríamos más responsables y eficientes para generar menor cantidad.


Fuentes:

[1] https://www.argentina.gob.ar/ambiente/preservacion-control/gestionresiduos/argentina


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