INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

  • Francisco V. Caporiccio

El genocidio armenio: Una herida abierta

“El genocidio armenio no fue un accidente; fue la culminación de siglos de discriminación y persecución. Lo único que hizo la Primera Guerra Mundial fue proporcionar la oportunidad más adecuada para resolver lo que se conocía como la “cuestión armenia” y para despoblar la tierra histórica de Armenia por el exterminio” (Hintlian, 2003:65) [1]


Por Azat Ambartsoumian y Janice Balanian



Nociones históricas sobre el genocidio armenio (Medz Yegern)


El historiador y sociólogo Vahakn Dadrian[2] definió al genocidio como el intento, por parte de un grupo dominante, para reducir mediante la coerción a un grupo minoritario hasta el exterminio. En el caso armenio, la masacre comenzó antes de 1915, bajo el sultanato de Abdul Hamid II (1876-1909), como un mecanismo estatal viable para doblegar y diezmar a la población minoritaria (armenia) para la resolución de conflictos (Hintlian, 2003).


El exterminio de armenios tuvo su origen en el siglo XIX, en el marco del debilitamiento político y económico del Imperio Otomano. Algunas de las principales potencias intervinieron en defensa de los derechos de las minorías poblacionales cristianas. Producto de esta situación, en 1839, se pretendió llevar adelante un movimiento de reformas en búsqueda del reconocimiento de derechos civiles: igualdad ante la ley y su institucionalización (Hintlian, 2003). Los conflictos internos entre los otomanos y las poblaciones minoritarias se acentuaron y varias de ellas, principalmente las ubicadas en la península de los Balcanes, lograron liberarse.


El ascenso al poder por parte del sultán Abdul Hamid II puso fin al período reformista, abriendo uno de violencia, muerte y persecución. Los otomanos reorganizaron los distritos con el objetivo de reducir la población armenia a minorías numéricas. Reacomodaron a refugiados y emigrantes musulmanes en provincias densamente pobladas por armenios y asesinaron entre 200 000 y 300 000 armenios en lo que se conoció como las masacres hamidianas (1894-1896).


Para Hintlian (2003), el consiguiente fracaso de las potencias para movilizar y aplicar una justicia penal preparó el terreno para el genocidio. La única potencia que se proclamó en contra de semejantes actos fue Gran Bretaña. En consecuencia, Alemania se pronunció alegando que las masacres eran una invención británica con propósitos políticos. Según Hintlian (2003), aquello consagró el éxito diplomático para el sultán Abdul Hamid II, ya que mantenía a las grandes potencias en un celoso equilibrio. La política de equilibrio de poderes de la diplomacia otomana se combinó con el juego de enfrenar a una potencia con otra. Mediante este mecanismo se logró archivar la causa armenia, y cayó la cortina sobre el primer acto del drama armenio (Hintlian, 2003).


A mediados del siglo XIX, inició un proceso de modernización del Imperio Otomano del que surgió una nueva clase social, conformada por intelectuales, docentes, artistas y funcionarios, que comenzó a tomar contacto con las ideas políticas y filosóficas que recorrían Europa (Derkrikorian, 2014)[3]. De allí, emergieron los líderes que conformaron el Comité Unión y Progreso (CUP), también conocido como Jóvenes Turcos. Opositores al sultán, proclamaban establecer un gobierno con igualdad de derechos, sin distinción de “raza” ni de religión.


En 1908, los Jóvenes Turcos tomaron el poder y, en contraposición con sus ideas liberales, alzaron las banderas del nacionalismo extremo. Los ideólogos CUP optaron por un modelo nacional-religioso que reavivaba los viejos ideales del panislamismo unidad de todos los musulmanes en un Estado islámico y del panturquismo todos los ciudadanos debían profesar la religión islámica (Derkrikorian, 2014). A tan solo un año de su ascenso al poder, se desató un nuevo exterminio masivo de armenios en Cilicia, dejando un saldo de 30 000 muertes.


En 1913, se produjo un golpe de Estado que dio lugar a un régimen dictatorial encabezado por los principales referentes del CUP: Talaat, Enver y Cemal. El nuevo gobierno buscó imponer la turquización, que tenía como fin último la homogeneización de la sociedad mediante una renovación nacional y reorientación política (Ministerio de Educación de la Nación, 2015)[4]. Según el diplomático estadounidense Henry Morgenthau[5], aspiraron a crear un Estado exclusivamente para turcos y la Primera Guerra Mundial proporcionó el escenario propicio para el cumplimiento de sus objetivos.


Las autoridades turcas comenzaron una campaña de propaganda que presentaba a los armenios que vivían en el Imperio como una amenaza para su seguridad y los acusaba de ser aliados del ejército ruso. La noche del 24 de abril de 1915, 300 intelectuales de origen armenio, residentes en Constantinopla, fueron detenidos y asesinados.


Seguidamente, el CUP aprobó la Ley Temporal de Deportación (Ley Tehcir), la cual permitió que un millón de armenios sean enviados sistemáticamente a las “marchas de la muerte” en el desierto sirio. Los desiertos de Deir Zor se transformaron en los mayores cementerios de los deportados (Hintlian, 2003). Durante la travesía, además de morir de hambre y sed, los armenios sufrieron brutales ataques, torturas y asesinatos. Muchas mujeres y niños fueron abusados y apropiados. Los sobrevivientes murieron por inanición o por las pandemias que atestaban los campos de concentración instalados en la región de las fronteras del imperio con Irak y Siria. Las masacres continuaron hasta 1923 y se cobraron la vida de 1 500 000 armenios. Las tierras de Asia Menor y la histórica armenia del oeste fueron expugnadas por la barbarie otomana.

El genocidio armenio desde la perspectiva del Derecho Internacional

El genocidio armenio constituye un crimen internacional que permanece impune. Desde el comienzo de las reclamaciones por su reconocimiento, el Estado turco ha argumentado que la muerte de millones armenios tuvo lugar bajo las dinámicas propias de la Primera Guerra Mundial. Aún en la actualidad, Turquía continúa desplegando una estrategia negacionista en el plano internacional, a fin de silenciar los pronunciamientos contrarios a sus intereses. Como sostiene el abogado y especialista en derechos humanos Leandro Despouy: la actualidad del genocidio está dada por su negación[6].


Finalizada la Gran Guerra, los intentos de procesar a los responsables de la masacre del pueblo armenio fracasaron. Aquello se explica, en parte, por un vacío legal en el derecho internacional respecto a los delitos contra la humanidad y por la ausencia de una jurisdicción internacional competente. Es en este contexto que se desplegó la llamada Operación Némesis, por la cual la Federación Revolucionaria Armenia buscó vengar a los responsables de la masacre. En 1921, Soghomon Tehlirian “ajustició” a Mehmet Talaat Pasha, uno de los organizadores del genocidio. La absolución del jóven armenio despertó el interés del abogado polaco Raphael Lemkin, quien años después acuñaría el término “genocidio”.


Las aberrantes violaciones de derechos humanos que tuvieron lugar durante la Segunda Guerra Mundial llevaron a gran parte de la comunidad internacional a aunar esfuerzos para saldar el vacío legal anteriormente señalado. En 1946, la Asamblea General de Naciones Unidas (AGNU) definió al genocidio como “los actos perpetrados con la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, racial, étnico o religioso como tal” y dos años después aprobó la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio.


Ratificación de la Convención del Genocidio en octubre de 1950. Foto ONU/Marvin Bolotsky

En 1973, un informe preliminar de la Subcomisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas incluyó, por primera vez, una referencia a las matanzas de 1915 como “el primer genocidio del siglo XX”. La presión del Estado turco consiguió su supresión, de modo que el documento fue ratificado sin referencias a la cuestión armenia. Sin embargo, en 1985, tras un trabajo plagado de resistencias por parte de la diplomacia turca, la Subcomisión de Naciones Unidas para la Prevención de Discriminaciones y Protección de Minorías aprobó el llamado “informe Whitaker”, que incluyó al Genocidio Armenio como uno de los crímenes internacionales del siglo XX.


Desde entonces, el Estado armenio y la diáspora impulsaron una campaña de reconocimiento del genocidio armenio. Aquella actuación generó múltiples tensiones en el plano internacional, y contribuyó a una eventual inestabilidad regional que, por cuestiones de extensión, no podremos abordar en este artículo. No obstante, puede afirmarse que el reconocimiento del genocidio armenio terminó por convertirse en un problema de política internacional.

Principales hitos contemporáneos del genocidio armenio

  • Controvertido fallo del Tribunal Europeo de Derechos Humanos

En el año 2007, el presidente del Partido de los Trabajadores de Turquía, Dogu Perinçek, fue condenado por el Tribunal Penal de Lausana por negar públicamente el genocidio armenio en territorio helvético. El caso fue llevado al Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH), que dictó sentencia en 2015. Se concluyó que Suiza, al someter al político turco a una sanción penal por sus declaraciones, había violado el derecho a la libertad de expresión. Al mismo tiempo, el TEDH manifestó que no existe un “consenso general” sobre la cualificación jurídica del genocidio armenio.


  • Centenario del Genocidio Armenio

El 24 de abril de 2015, la comunidad internacional conmemoró el centenario del genocidio armenio. El mismo día, y como parte de su política negacionista, el gobierno turco decidió desplegar grandes celebraciones en razón del aniversario de la victoria otomana en la batalla de Gallípoli. Mientras tanto, el Parlamento Europeo instó a todos los Estados miembros de la Unión Europea a reconocer el genocidio armenio legalmente. En particular, la Eurocámara pidió a Turquía que “aproveche” la conmemoración del centenario para “asumir su pasado, reconocer el genocidio armenio y, de esta manera, allanar el camino para una verdadera reconciliación ente los pueblos turco y armenio”.


  • Reconocimiento del Genocidio Armenio por el Congreso de Estados Unidos

En diciembre de 2019, el Congreso de Estados Unidos aprobó una resolución que declara que es una determinación del país norteamericano “conmemorar el genocidio armenio a través del reconocimiento y el recuerdo oficial”. Seguidamente, el director de Comunicaciones de la Presidencia turca, Fahrettin Altun, afirmó en la red social Twitter que la decisión de Estados Unidos “pone en peligro el futuro de las relaciones bilaterales” entre Turquía y Estados Unidos. En consonancia, el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, amenazó con cerrar dos bases militares estadounidenses (Incirlik y Kürecik) situadas en su país.

Conclusión

La impunidad del genocidio armenio representa una dolorosa injusticia para la comunidad armenia, que no pudo obtener su debida reparación ni elaborar su duelo. No obstante, también es un precedente sumamente dañino para la comunidad internacional: representa la garantía de que estos hechos pueden volver a repetirse. Y, de hecho, se repiten: el Holocausto judío y los exterminios en Ruanda, Guatemala, Balcanes, Sudán, Camboya, Birmania, entre otros, dan prueba de ello. De este modo, el ejercicio de la memoria es necesario, pero no suficiente para evitar los crímenes internacionales: la comunidad internacional debe juzgar a los responsables y adoptar medidas rigurosas para su prevención.

Referencias

[1] George Hintlian (2003). Historia y política: Ideas, procesos y movimientos sociales, ISSN 1575-0361, N.º 10, pp. 65-94. [2] Vahakn N. Dadrian (1975). A typology of Genocide. International Review of Modern Sociology. Vol. 5, N.º 2, pp. 201-212. [3] Derkrikorian, Jorge (2014). El Genocidio Armenio. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina: Editorial Lea. [4] Ministerio de Educación de la Nación (2015), Adamoli Celeste (Cord) Genocidio Armenio: Preguntas, respuestas y propuestas para su enseñanza. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. [5] Se puede encontrar la traducción al castellano del capítulo XXII de Ambassador Morgenthau's Story o Secret of the Bosphorus en Ravished Armenia de Aurora Mardiganian (2019). [6] Despouy, Leandro (2007). “Presentación” en Yalcin, Kemal. Regocijas mi corazón. Viaje entre los armenios escondidos en Turquía. Buenos Aires: Editorial Armerías.

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