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El día después: ¿qué sucederá en España y en el mundo cuando el confinamiento termine?

Con la implementación del plan de desescalada a comienzos de esta semana, España ha entrado en una nueva fase de la lucha contra el coronavirus. Este nuevo periodo, lejos de aliviar los esfuerzos del gobierno por mitigar las consecuencias de la pandemia, supone nuevos desafíos: ya no se trata solamente de evitar nuevos picos de contagios y muertes, sino también de reactivar progresivamente la economía, en un permanente equilibrio de fuerzas. Mientras tanto, ¿qué ocurre en otras regiones de Europa? ¿Qué mundo nos espera cuando abandonemos el confinamiento?


Por Ada Font Burdoy, corresponsal de Política en Jaque en España


Pedro Sánchez (izq.), con tapabocas, junto a María Reyes Maroto (der.), Ministra de Industria, Comercio y Turismo. Foto: EFE

El estado de alarma fue aplicado en España a partir del 15 de marzo; desde entonces, cada 15 días se han ido pidiendo sucesivas prorrogas a la Cámara Baja. El pasado 4 de mayo comenzó el proceso de desescalada [1]: un plan de desconfinamiento gradual y progresivo. Es decir, una etapa de transición escalonada para la vuelta a la normalidad debido al descenso del número de muertes. La idea de gradualidad tiene como fin evitar un rebrote. Pero, ¿es esto sinónimo del fin de la pandemia? La respuesta es extremadamente sencilla: respondemos a ella con un claro y rotundo no. Sin embargo, hay que destacar algunos matices porque es obvio que la situación ha mejorado. El número de muertes no aumenta diariamente como lo hacía hasta hace algunas semanas, y ello es visto con buenos ojos por el gobierno (aunque, cabe recordar, el descenso de las tasas de muertes y contagios coincide con el cambio en el modo de contabilizar los casos, que han dejado de medirse con PCR). Y es por esta razón que desde la Moncloa consideraron adecuado el inicio de la "fase 0" (de un total de cuatro fases) en las que sucesivamente se irán relajando las medidas del confinamiento.


La desescalada se producirá de forma gradual y desigual en todo el territorio español, tanto peninsular como insular. Estas medidas, en cierto punto, no son bien vistas por algunos políticos y expertos, ni tampoco por cierto sector de la población en general. Por ejemplo, en el Partido Popular, Pablo Casado ha declarado que el estado de alarma no es necesario para la desescalada. Por su parte, los sanitarios de la Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF) han remarcado que la desescalada por zonas puede resultar caótica. Incluso Jaume Asens, dirigente de En Comú Podem (socios de gobierno con el PSOE), ha criticado que las provincias sean la unidad territorial en la que se examine si el distrito puede pasar a la siguiente fase del desconfinamiento.


Una de las medidas que más polémica ha generado ocurrió el domingo 26 de abril, en la que se dispuso un permiso para que los niños menores de 13 años pudieran salir a la calle bajo ciertas condiciones. Pero al llegar el día pudimos ver cómo las plazas y las principales avenidas se llenaban de personas (y no solo niños) que no cumplían con las medidas de obligado cumplimiento, como la distancia social de al menos 2 metros. Las opiniones se dividen en dos: quienes piensan que dejar salir a los niños era una buena medida (como ya apuntaban varios pediatras) y que la irresponsabilidad de la gente ha sido el problema, y quienes opinan que el gobierno debería haber previsto tal irresponsabilidad y que las acciones gubernamentales no fueron adecuadas. Otras de las grandes críticas a la gestión de la crisis vienen dadas por la poca previsión de la emergencia sanitaria y el retraso al aplicar medidas restrictivas.

Sin embargo, en Europa también existe la contracara: quienes piensan que el error viene dado por la aplicación de medidas coercitivas en materia de derechos y libertades individuales. Aquí podemos citar el caso de Hungría, donde la pandemia ha generado el contexto ideal para instaurar de manera definitiva una dictadura (solo resta esperar a que índices democráticos como V-Dem, Freedom House o Polity lV nos confirmen si ello es efectivamente así). En efecto, el pasado 30 de marzo se aprobó una serie de medidas autoritarias a favor del presidente Víctor Orbán, líder del partido de extrema derecha Fidesz, entre las que se encuentran: mandato de tiempo indefinido, anulación del control parlamentario y condena de hasta cinco años de prisión por la emisión de noticias falsas (quedando a cargo del gobierno determinar la veracidad o no de ellas).


El partido de Orbán lleva más de 10 años cambiando la constitución húngara a su agrado, gracias a la mayoría de dos tercios que goza en el Parlamento. Además, Europa no ha tomado medidas directas para sancionarlo o incitarlo al cambio. Ursula Von Der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, especificó que las medias adoptadas por los países miembros no podían superar a los valores europeos, pero en ningún caso se trató el tema de Hungría en particular. La situación sólo podrá resolverse con una oposición firme y de acción contra las medidas de corte no democrático de los partidos que integran el gobierno húngaro.


El caso de Hungría sirve para ejemplificar de qué modo ciertas medidas tomadas en un momento de crisis no pueden extenderse in eternum. En España no se prevé que suceda algo similar a Hungría, en parte por la naturaleza distinta del partido del gobierno: en España gobiernan socialdemócratas y en Hungría la extrema derecha. Sin embargo, en España corremos el riesgo de que se apliquen medidas similares a las implementadas luego de la crisis inmobiliaria de 2008: el fantasma de los recortes en partidas tan importantes como salud o educación vuelve a aparecer.

Viktor Orbán hablando en el Parlamento de Hungría, a fines de marzo de este año. El mandatario se desempeña como Primer Ministro, de manera ininterrumpida, desde mayo de 2010. Foto: Tamas Kovacs (AP)

Tras la emergencia sanitaria, numerosos grupos de recuperados del virus salen reforzados y convencidos de la importancia de una sanidad pública y universal. Lo peor de los recortes no fue el accionamiento, sino que constituyeron una nueva forma de entender la administración. Los recortes vinieron para quedarse. Como decíamos anteriormente, no debemos permitir que determinadas medidas extremas que se adoptan en tiempos excepcionales, en los que prima la supervivencia, perduren en el tiempo.


Unidas Podemos nace como partido en el año 2014 (en aquel momento, eran solo Podemos) a partir de las protestas del movimiento del 15M de 2011, en las que se criticaba el dominio de los bancos y las corporaciones, entre otras reivindicaciones. La formación morada creció con la idea de que el rescate a los bancos en tiempos de crisis fue una mala idea y que no se tuvo suficientemente en cuenta a las personas que perdieron su trabajo y, por consiguiente, vieron derrumbados otros aspectos de sus vidas. Frente a una nueva crisis (cuyas consecuencias, sin dudas, resultarán más gravosas que las del 2008), nuevamente insisten en poner el foco en las personas. El tiempo nos dirá si las promesas se cumplen y si la población sale lo menos perjudicada posible en el contexto que estamos atravesando. En esta línea, medidas previstas como el ingreso mínimo vital, no asociado a la cotización o al salario, adquieren una gran relevancia.


El doctorado Albert Sales, experto en desigualdades, pone el foco en que para superar la pobreza hemos de garantizar que las personas en situación de pobreza tengan dinero, no comida. Con una renta mínima estas personas pueden comenzar a reconstruir su vida. El papel de la Unión Europea en esta crisis es fundamental. Aún no hay un consenso sobre si las transferencias (que no generan deuda) u otras medidas resultarían más beneficiosas. Lo que sí podemos afirmar es el rechazo a los coronabonos, que supondrían “mutualizar” la deuda, como ya ha ocurrido en la crisis de 2008. Al respecto, los países del norte ya se han opuesto a esta medida, dado que, según ellos, supondría "pagar la mala gestión” de los países del sur. En este sentido, la propia Angela Merkel, que representa el pilar de la Unión Europea, se opone a ellos, por lo que su emisión se vuelve altamente improbable.

Ángela Merkel, Canciller federal de Alemania desde fines de 2005, ha sido elogiada a nivel internacional por el éxito de su gobierno en la mitigación de las consecuencias del coronavirus, sin paralizar por completo la economía. Foto: Reuters

Esta crisis ha puesto de manifiesto las divisiones al interior de la Unión Europea: los países del norte y los países del sur no solo proponen alternativas muy distintas entre sí, sino que además conceptualizan el problema de diferente manera. Aunque no podemos apuntar a nada con seguridad, los bonos de reconstrucción, ya aprobados como recomendación por el Parlamento Europeo, parecen ser una línea con cierto futuro dentro de la Unión Europea. Hay que recordar que estos bonos de reconstrucción suponen una recuperación sin aumentar la deuda de los países miembros.


Volviendo a España, la voluntad del gobierno y la de la oposición no convergen. Mientras que el primero tiene la intención de firmar una serie de pactos de reconstrucción que incluyan a todas las fuerzas políticas, la oposición cada día eleva más su crítica al modo en que se está gestionando la emergencia sanitaria. Sin embargo, no sorprende que el partido más duró con el gobierno haya sido, a su vez, el más alejado ideológicamente: Vox.


Vox, el partido de extrema derecha que en las últimas elecciones logró una elección histórica al conseguir 52 escaños en el Congreso de los Diputados, no ha votado afirmativamente a ninguna de las prórrogas del estado de alarma que ha propuesto el PSOE. Además, ha presentado ante el Tribunal Constitucional un recurso de inconstitucionalidad en el que argumentaba que algunas de las medidas que se han aplicado en el marco del estado de alarma son, en realidad, propias del estado de excepción. En este contexto, se ve cada vez más alejada la posibilidad de recrear los "Pactos de la Moncloa", aquellos que tuvieron lugar en 1977 y que gracias al consenso de fuerzas políticas y sociales permitieron garantizar la transición democrática española luego de casi 40 años de franquismo.

El mínimo consenso que existía en el Congreso durante las últimas semanas ha sido posible por la urgencia de la pandemia. Una vez finalizada esta situación, es probable que volvamos a la retórica reprobadora y de crispación que, desde la formación del gobierno del PSOE y Unidas Podemos por mayoría simple, ya se ha vuelto habitual.


El sino del gobierno jamás se ha planteado fácil: la falta de mayoría absoluta en la Cámara Baja implica un enorme desafío para la aprobación de las leyes. Ello da lugar a un abuso del real decreto por parte del Primer Ministro, algo que el PSOE ya había implementado previo a las últimas elecciones cuando carecía de la mayoría necesaria para formar gobierno.


Para finalizar, debemos ser muy conscientes de que "la vuelta a la normalidad" no será, de ninguna manera, un retorno al escenario anterior de la pandemia. En materia económica, en España se prevé una caída del doble de la actual del PIB, que actualmente ya supera el 5%. Sin embargo, no es una problemática solamente de nuestro país o de Europa, sino que se replica de igual o peor manera en el resto del mundo. Vamos camino a lo que ya ha empezado a denominarse como la "nueva normalidad", caracterizada principalmente por una profunda crisis económica de escala global. Y, si bien una nueva recesión ya estaba a la orden del día en tanto el sistema capitalista que nos rige supone el acontecimiento cíclico de crisis económicas, la situación actual no tiene precedentes. El mundo tal como lo conocíamos quedó atrás; la realidad que nos espera es aún demasiado incierta para hacer previsión alguna.

Dós jóvenes conversan en la Plaza Mayor de Madrid, ambos con tapabocas, en lo que representa una de las claras imágenes de la "nueva normalidad". Foto: B. Akbulut (Picture Alliance)

[1] El proceso de desescalada constará de 4 fases. La primera, denominada "fase 0", es de preparación: se permiten ciertas actividades, como reuniones sociales de hasta diez personas. En la segunda, la "fase 1", habrá una abertura de locales con capacidad limitada. En la tercera, "fase 2", se flexibilizará la movilidad general. Y en la última, llamada "fase 3", se volverá a una “nueva normalidad”, basada en el mantenimiento de las medidas de higiene y distanciamiento social.


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