INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

El cuento chino del Patio Trasero estadounidense

Hace ya prácticamente un siglo suele utilizarse la frase de “Jardín trasero” para referirse a la relación que tienen los países de Centroamérica y el Caribe frente al que es el país que claramente ha dictado muchas de las políticas de relaciones exteriores de éstos países a lo largo de la historia.

El 30 de marzo de 2019, Estados Unidos decidió recortar ayuda económica a algunos países centroamericanos, lo que no es particularmente sorprendente, pero, ¿por qué?


Por Renato Lopez


Durante el último siglo, Estados Unidos se consolidó como el gran hegemón del mundo occidental y, como tal, aseguró su posición como líder del continente en el que se encuentra: América. Tanta es la superioridad con la que ellos se sienten que su gentilicio autoimpuesto es el de “americanos”, así como que, si su cultura y cosmovisión del mundo fuese la única válida en América y de esa se forma lo han hecho sentir a los demás países del continente, aplicando tanto “soft power” como un poder más rígido en caso que el primero no fuese suficiente.


Es más, ellos retratan a los países latinoamericanos y caribeños como niños malcriados en sus caricaturas, casi como si se tratasen de entes no racionales o poco pensantes. Y es así como han intentado retratarse, como el padre cuidando a sus hijos y cuando ellos hacen algo que a su padre no les parece, pues son castigados. Por si fuera poco, además de esta visión existe otra, quizá más extendida dado que el término que la bautiza es algo que es un sello a nivel global: el de que América Latina y el Caribe son el “Patio Trasero” de Estados Unidos.


Esto se debe a que Estados Unidos tiene una posición privilegiada geográficamente hablando: es el único país de Primer Mundo realmente industrializado con una visión neocolonialista en el continente americano. A diferencia de los países industrializados europeos y asiáticos, Estados Unidos nunca tuvo que competir con otra potencia en su zona o buscar algún país que le sirviera de “granero” en otra región o continente para buscar commodities, los tenía a la par. Entonces, hizo lo que era obvio: generar una influencia tan grande en el continente que por más de un siglo muchos de los países de América Latina y el Caribe se han visto obligados a negociar exclusiva o casi exclusivamente con ellos, siendo el principal importador para muchos de los países de la región. Estados Unidos, pues, tuvo la potestad para crear tratados de libre comercio con algunas naciones, demandar cierta cantidad de exportaciones a otras, incluso se daba la libertad de dictar muchas de las políticas públicas de los países del continente, inclusive creando presión respecto a las relaciones económicas y diplomáticas de su “Jardín Trasero”.


Sin embargo, durante la última década esto ha ido cambiando, a pasos chicos, pero seguros. Y es que durante mucho tiempo Estados Unidos creó un ambiente en el cual los “pequeños” países latinoamericanos no podían participar de relaciones con la República Popular de China, hace ya muchos años la segunda potencia económica a nivel global y con una tasa de crecimiento que podría convertirle en algunas décadas en la primera potencia económica. Las razones para ello son varias y ha supuesto para Estados Unidos una traba importante, puesto que no le sería conveniente que los países que se encuentran más claramente bajo su influencia iniciaran relaciones diplomáticas y económicas con la República Popular de China.


¿Rebeldía o nuevo dueño?


El Salvador es solo el último ejemplo de una tendencia cada vez más regular en el área centroamericana y del Caribe puesto que se une a Santo Tomé y Príncipe, Panamá y a República Dominicana quienes recientemente hicieron el mismo movimiento diplomático. De estas cuatro naciones la primera en hacer el movimiento fue Santo Tomé y Príncipe, en diciembre del 2016, luego Panamá en junio del 2017, seguido por República Dominicana en abril del 2018 y por último El Salvador, más recientemente en agosto del 2018. Los denominadores comunes en todos los casos es que todos los países del istmo decidieron hacer tal movimiento en vistas de una mejora en los campos de economía e inversión extranjera puesto que la República Popular de China promete una inversión muy grande a través de la China Asociation for the Promotion of Development, una entidad creada por el Banco de Desarrollo de China, tal y como lo hicieron en su momento con Costa Rica en la Región.


El propósito es crear una especie de hub o un gran centro de distribución de productos chinos para toda América Latina. En el caso de El Salvador, el proyecto incluye un gran centro turístico, cultural y financiero, cuatro parques enormes y un puerto capaz de mover un millón de contenedores anuales, lo cual significa una ganancia mayúscula para la República Popular de China en la región. Naturalmente, tales inversiones necesitarán la colaboración de miles de trabajadores, es decir, que se crearan miles de empleos, lo cual es algo que la República de El Salvador necesita sin lugar a dudas.

Más allá de todas las ventajas económicas que pueda traer el establecimiento de relaciones diplomáticas con la República Popular de China en lugar de mantenerlas con la República Democrática China (Taiwán) hay un costo político para los países que, tradicionalmente, han estado bajo el cuidado del manto económico estadounidense. Actualmente, Estados Unidos y China PR son las dos grandes potencias económicas que se disputan el ser el hegemón internacional, y cualquier movimiento para ganar influencia en el “territorio” del contrario significa una afrenta a nivel político y diplomático, la cual solo puede ser saldada con los mismos “socios”. Es por ello que, en la región de Centroamérica y el Caribe, al darse estos cambios, la tensión fue creciendo progresivamente, llegando a su punto cumbre en el momento en que El Salvador estableció relaciones diplomáticas con la RP de China.


La preocupación de Estados Unidos se debe a que su nueva frontera sur no es la establecida por el Río Bravo si no que en realidad es aquella que forma entre Chiapas y el Triángulo Norte (Guatemala, Honduras y El Salvador. Ante tal escenario, es importante recalcar que Estados Unidos ha desarrollado relaciones diplomáticas con China desde hace 40 años -con la administración Nixon- en un momento que la mayoría de potencias mundiales fortalecían sus relaciones diplomáticas con Taiwán, un movimiento meramente económico. Sin embargo, Estados Unidos evita que otros países lo hagan. El vocero chino, Lu Kang, afirmó que tal conducta es “irracional” ante la visión china. Tales declaraciones caldearon más la reacción de la Nación norteamericana, dado que el Senador republicano Marco Rubio no tardó en responder que El Salvador podría perder toda ayuda económica proveniente de los Estados Unidos debido a tal movimiento y que él mismo estaría dispuesto a hablar con el presidente Donald Trump para que esto fuera posible. Así, recalcó que “teme” que el presidente de Guatemala, Jimmy Morales, esté siendo presionado por vías económicas para establecer relaciones con la RP de China en lugar de mantenerlas con Taiwán por presiones económicas.


Tales declaraciones de una personalidad de origen tan prominente en Estados Unidos, especialmente dentro de las comunidades latinas y conservadoras, desvela que, en efecto, el gigante del norte está muy incómodo con la tendencia de que los países de América Central y el Caribe establezcan relaciones diplomáticas y económicas con la RP de China. Pero tal forma de demostrar tal descontento es algo que atenta contra la soberanía de los países del istmo centroamericano y de los países del Caribe, lo que no es poca cosa.


¿Qué busca China?


Como es de esperar, el reciente interés de la República Popular de China en Centroamérica no es una simple coincidencia; es más, tienen muy claros sus objetivos en el istmo centroamericano y en el Caribe. Es posible observar cómo se han desarrollado sus relaciones con otros países con los cuáles lleva un tiempo realizando tratados.


Con Panamá ya ha firmado cerca de treinta acuerdos, incluyendo planes para construir un tren bala que haría más fácil el transporte de bienes en el interior del país. Además, desde hace años China tiene un rol preponderante en la economía local al ser el segundo usuario en importancia del Canal de Panamá, solo superado por Estados Unidos, y el primer proveedor de la Zona Libre de Colón, que es la mayor zona libre del continente.


Costa Rica, que fue el primer país de la región en establecer los nexos con China, tiene una relación muy fuerte con el gigante asiático. Ambos firmaron un marco de acción conjunta para el período comprendido entre 2016 hasta el 2020 que identifica como áreas prioritarias la infraestructura, el avance tecnológico y la cooperación financiera.


Marco Gandánsegui, profesor universitario y fundador del Centro de Estudios Latinoamericanos (CELA), dijo en una entrevista a Efe que China tiene planes geopolíticos y comerciales a 40 o 50 años para el desarrollo de la región y generar su inserción en un área estratégica para sus intereses al ser la conexión más viable entre el Océano Pacífico y el Océano Atlántico. Sin embargo, él ve un gran problema, y es que “los países centroamericanos no tienen un proyecto en torno a las relaciones con el gigante asiático”. Los países centroamericanos, por lo tanto, deben aspirar a tener con China negocios con valor agregado, que generen impuestos, que especialice la mano de obra de sus naciones y que expanda el abanico de productos que pueden insertar en el mercado chino si es que quieren aprovechar al máximo las relaciones con la República Popular de China.


Si bien el apoyo de la RP de China ha sido bien recibido por la mayoría de gobiernos centroamericanos y los empresarios de sus naciones, no hay un consenso al respecto. El mes pasado el presidente electo de El Salvador, Nayib Bukele, dio un discurso en el thinktank conservador de Estados Unidos “The Heritage Foundation”, en la cual declaró que “China no juega por las reglas, no respeta las reglas, no respeta las reglas del comercio, hace proyectos que no son viables y deja a los países con enormes préstamos que no se pueden pagar”. Tales declaraciones dan a entender que, muy probablemente, no seguirá la línea del actual gobierno de El Salvador y reconfiguraría las relaciones que actualmente se tienen con China, al considerar que “China no ha demostrado querer una relación basada en el respeto”.

Tal postura demuestra que, si bien puede llegar a ser beneficiosa la relación que se está construyendo con los países de Centroamérica, si no se tiene el cuidado necesario a la hora de negociar con alguna potencia, puede repetirse el ciclo y convertirse en el “Patio trasero” de alguien más, lo que tiene que ser una preocupación central para todas las naciones de la región. Es por ello que resulta interesante pensar en la posibilidad de que la región negocie los planes de inversión como un bloque centroamericano consolidado, que genere un mayor rédito a futuro para la región puesto que la historia ha demostrado que cuando se negocia de manera individual con las potencias mundiales no ha potenciado a los países centroamericanos a largo plazo.


Conclusiones


Ante tal escenario, es importante señalar que las naciones de América Central y el Caribe están ante una posibilidad de restablecer las reglas del juego bajo las cuáles han estado jugando durante las últimas décadas. Es un hecho innegable que hoy en día dos naciones se disputan ser los grandes hegemones del sistema internacional, y que por temas estratégicos se han fijado con mayor detenimiento en la región. Con esa posibilidad entre manos, los países centroamericanos tienen una gran oportunidad para elegir cómo jugar sus cartas ante ambas potencias, puesto que aunque varios tienen Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos (TLCs), varios de estos tratados van llegando a su caducidad, por lo que lo mejor que pueden hacer en aras a su futuro es imponer competencia internacional para sus commodities y productos refinados entre estas dos naciones, aunque tal acción pueda llevar a restricciones del hegemón del sistema occidental.


A corto plazo puede parecer una apuesta que no vale la pena, pero, a largo plazo, pese a ciertas restricciones que puedan sufrir en un inicio, puede ser una apuesta que valga la pena hacer para los países de la región. Probablemente sea así cómo el patio trasero deje de dar los frutos para un solo dueño, y quizás un día, hasta podría dar frutos para sí mismo.


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