INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

El coronavirus en España

Según la OMS, el coronavirus es una pandemia mundial; y España no es una excepción. El COVID-19 ha dejado más de 20 000 infectados y 1000 muertos en el pequeño país situado en la península Ibérica. España se convirtió en el cuarto país del mundo con más casos confirmados. Las organizaciones sanitarias internacionales fijaron que el actual foco del virus es Europa.


Por Ada Font


La Gran Vía de Madrid el pasado 15 de marzo. Fotografía: Nemo

Sin quererlo, pero tampoco frenarlo, España sigue los pasos de Italia. En un primer momento, en España no se veía al coronavirus como un problema. Concretamente, Fernando Simón (director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad) expresó el día 9 de marzo que en España no habría más que algún caso aislado y que no debía sufrir por el COVID-19. Claramente, no detectar a tiempo la amenaza ha supuesto un prejuicio para todo el país y la comunidad internacional. Hay que resaltar que las acciones propias tienen terribles consecuencias colectivas.


Finalmente, y de manera progresiva, el Estado ha identificado como "de grave perjuicio para la salud" esta crisis sanitaria aunque, lamentablemente, lo ha hecho tarde. El pasado sábado 14, el gobierno español decretó en Consejo de Ministros el Estado de Alarma para poder paliar el virus. De esta manera, se aplicó el artículo 116 de la Constitución. Aunque de momento el Estado de Alarma se ha fijado por 15 días es más que probable que se prorrogue a más con la consiguiente aprobación del Congreso de los Diputados. La línea de actuación actual apunta a que se mantendrá hasta después de Semana Santa para evitar las movilizaciones vacacionales.


Desde el Real Decreto de Estado de Alarma se establece el confinamiento obligatorio, salvo casos de fuerza mayor, como por ejemplo ir a comprar alimentos. En algunas de las Comunidades Autónomas ya se había recomendado tales acciones anteriormente. Además, se ha limitado toda actividad comercial no imprescindible y se han suprimido las clases presenciales en todos los centros educativos. Las cancelaciones de eventos y procesos trascienden los meses. Así pues, por el momento se han anulado, por ejemplo, las pruebas de selectividad de acceso a la universidad que se iban a realizar en el mes de junio. También hay que recordar que Europa ha cerrado sus fronteras por los últimos 30 días y España ha limitado su actividad aérea un 50%. Una de las medidas más controversiales que se ha implantado en los últimos días ha sido la recentralización del Estado, siendo el gobierno, y no las Comunidades Autónomas, que tomen las decisiones. De esta manera se anulan por este período las competencias delegadas previamente a las CCAA. Con las actuaciones anteriormente descritas, la intención del gobierno es frenar la curva de contagiados y muertos.


Por otro lado, el Ejecutivo lanza un paquete de medidas para poder combatir los efectos económicos y sociales con 200 000 millones. Pedro Sánchez, el presidente del gobierno ha apuntado que esta supone «la mayor movilización de recursos públicos y privados en la historia democrática». Entre estas medidas, tendríamos la ayuda a las pymes con préstamos de hasta 10 000 euros. También habrá protección especial para los autónomos, de la cual más tarde hablaremos. Desde las fuerzas políticas más progresistas se ha conseguido ayudar a las familias más vulnerables con la moratoria en hipotecas y con el cese de cortes de suministros de luz, agua, gas y telecomunicaciones. Lamentablemente, aún no se ha implementado ninguna medida para parar los desahucios, como ha pedido la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau.


El coronavirus nos deja una seguidilla de consecuencias laborales. Debido a la baja producción en bienes y servicios, las empresas no perciben los ingresos suficientes para mantener los salarios de los trabajadores previamente contratados. En estos casos se aplica una de las siguientes opciones: la primera es un ERE (Expediente de Regulación de Empleo), lo cual se conoce popularmente como un despido colectivo. El trabajador percibiría una indemnización y la decisión será irrevocable. En segundo lugar, encontraríamos al nombrado ERTE (Expediente de Regulación Temporal de Empleo) que se aplicaría por un período concreto, pero sin límite. En este caso el trabajador no recibiría ninguna indemnización sino una prestación por desempleo. También sería un ERTE cuando la empresa aplicara a un trabajador una reducción unilateral de jornada. En tercera posición, encontraríamos la obligación forzosa por parte de la empresa de entrar en un período de vacaciones. Esta última medida es ilegal, ya que las vacaciones se han de pactar de mutuo acuerdo ente empresario y trabajador. Como es lógico, estas medidas se aplicarían de forma mayoritaria en aquellos empleos que no se puedan realizar mediante el teletrabajo.

También hemos de tener en cuenta los trabajadores por cuenta ajena (autónomos) los cuales se verían en una situación desfavorable al no percibir los ingresos de su actividad laboral por la suspensión de actividad económica por el coronavirus. Para estos, el gobierno español ha ratificado la decisión de la suspensión del pago de cuotas.


Sin embargo, hay una serie de empleos que no solo se han mantenido, sino que se han visto aumentados: el personal sanitario. Estas personas no solo corren mayor riesgo de contagio por realizar su actividad laboral. Sino que, debido a la coyuntura actual, están doblando y triplicando turnos, entre otras acciones extremas. Cabe recordar que estos largos turnos no solo se deben al gran número de contagiados sino también a las bajas entre el personal médico por la alta exposición a la enfermedad que antes exponíamos. Actualmente, se está contratando a médicos, enfermeros y enfermeras jubilados y a estudiantes de último año para poder cubrir las necesidades de salud de la población.


La crisis financiera de 2008 nos enseñó que, en tiempos de inestabilidad, la desigualdad social se hace más palpable. Una vez más, la actualidad nos ha vuelto a mostrar esta realidad. La crisis sanitaria ha hecho evidente que no es lo mismo pasar el confinamiento en una casa con jardín que en un piso de 40 metros. Y no solo se plasma la desigualdad en el estilo de vida, sino también en lo económico. Aquellas personas que dependen de su sueldo para pagar los gastos mensuales y que, por desgracia, no tienen capacidad de ahorro les afecta mucho más de lleno las consecuencias del COVID-19. Al igual que con el cambio climático, no son los ricos que sufren sus consecuencias más directas. Desde los privilegios se contempla y desde las situaciones de pobreza se sufre.


El coronavirus ha traído consigo consecuencias tanto humanas como económicas. Desde España, pretendemos ser un ejemplo para no volver a cometer los mismos errores del pasado. Estamos delante de posiblemente la mayor pandemia de la historia. Solo con responsabilidad y sentido de Estado por parte de gobernantes y particulares conseguiremos acabar con esta pandemia mundial.


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