INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

El Brexit ha llegado a su fin y el COVID-19 se expande

El Brexit ha sido una sucesión de malas decisiones, desengaños y desastres. Después de más de 3 años pactando, finalmente se ha llegado a un acuerdo. Tras 47 años de Unión Europea con Reino Unido, toda relación ha llegado a su fin.


Por Ada Font

Todo comenzó el 23 de junio de 2016, cuando el Reino Unido celebró un referéndum sobre su permanencia en la Unión Europea, lo que se conocería más tarde como Brexit. El primer ministro David Cameron inició un referéndum sin estar de acuerdo en un resultado afirmativo, el cual en aquel momento se concebía improbable pero aun así posible. Pero, desafortunadamente y contra todo pronóstico, el 51,8% de los votantes decidieron “marcharse” (leave). Algunas de las razones que explican esta consecuencia son la gran abstención de los jóvenes y las promesas electoralistas con las pensiones de los jubilados. Cabe recordar que, con tendencia general, los adultos de más de 40-50 años tienden a votar más que los jóvenes y, al estar más motivados, cambiaron el resultado esperado de la votación. Seguidamente, el 29 de marzo de 2017 el Reino Unido notificó al Consejo Europeo el resultado del referéndum, haciendo palpable su intención de abandonar la UE. De esta manera, se activaba por primera vez el artículo 50 del Tratado de la Unión Europea.

Al ganar “marcharse”, el líder de los conservadores dimitió y el mandato pasó a Teresa May. Es crucial recordar que Reino Unido siempre ha sido un país distante a la Unión. Entre algunos hechos históricos, hay que destacar que se realizó un referéndum de salida de la UE en el año 1975, solo dos años después de su adhesión con la primera ampliación de 1973. Aquí ya podíamos ver el bajo compromiso británico con el proyecto europeo. Otro hecho, que marca las diferencias cruciales, es la no incorporación a la zona euro por parte del país británico. Junto a Bulgaria, Croacia, Dinamarca, Hungría, Polonia, República Checa, Rumania y Suecia, Reino Unido fue uno de los nueve países que se negó a suceder a su moneda local con la que hoy en día es la segunda con mayor presencia en el mundo, después del dólar estadounidense.

El artículo 50 del Tratado de la UE que se mencionaba anteriormente establece lo siguiente: "Todo estado miembro podrá decidir retirarse de la Unión de conformidad con sus propios requisitos constitucionales". Este apartado especifica que se debía llegar a un acuerdo de salida en menos de dos años. Así pues, se han ido pidiendo diversas prórrogas para finalizar el proceso de desconexión con la Unión Europea.

De esta manera, delante del escenario quedaban dos potenciales opciones: un acuerdo de salida o un Brexit duro, es decir, sin acuerdo. Acordando otro artículo 50, pero esta vez del Tratado de Lisboa, que fija que el referéndum de salida es consultivo y no facultativo. Así pues, no establece ninguna obligatoriedad en la fijación de los efectos del resultado. Pero el partido del gobierno del Reino Unido ha sido, desde antes de la dimisión de Cameron, el Partido Conservador, el cual es pro-Brexit. Podemos ver que no aceptar el resultado del referéndum jamás fue una opción para el gobierno.

Seguidamente, la persona que quedó al frente del gabinete, Teresa May, la líder del ejecutivo en ese momento, fue incapaz de evitar un Brexit duro y apostar por un Brexit blando con acuerdo. Además, su decisión de convocar nuevas elecciones hizo que los tories (conservadores) perdieran la mayoría en la Cámara de los Comunes.

Finalmente, con la dimisión de May llegó al poder el euroescéptico Boris Johnson, quien estaba dispuesto a apostar por un Brexit duro si fuera necesario. El líder ha posibilitado en las anteriores elecciones al legislativo algo muy importante: la unión de los conservadores en una misma vía. Ha obtenido un consenso en el Partido Conservador, algo que May nunca llegó a conseguir, además de volver a una mayoría conservadora en el parlamento británico.

Así pues, tras una gran campaña electoral, consiguió que partidos que les podían hacer sombra (Change UK, Brexit Party y UKIP) no obtuvieran representación alguna.

Tras diversos viajes a Bruselas, Johnson consiguió llegar a un acuerdo con la Unión para establecer un Brexit blando. Hay que remarcar que haber conseguido un acuerdo con la UE no fue ni ha sido nunca un gran paso. Lo realmente complicado venia después, al tener de ratificar su decisión el parlamento británico. El acuerdo establece entre otras cosas algo que defiende el primer ministro: controles fronterizos con un régimen especial para Irlanda. Esta anterior propuesta es clave para entender este acuerdo, y los anteriores, en referencia a Brexit, ya que las dos Irlandas (la del norte, que forma parte de Reino Unido, y la independiente) han tenido históricamente una estrecha relación, sobretodo comercial. Acabar con tan estrecha relación podría suponer una rebelión social. Después del Brexit, Boris Johnson ha propuesto hacer acuerdos de libre comercio, pero hasta que estos no lleguen a buen puerto serán perjudicados por la no regulación del comercio inglés-europeo. Aquí, algunos expertos ponen en duda la eficacia del Brexit, ya que la situación posterior no sería muy diferente a la de la isla dentro de la UE, como lo podemos concebir a priori.

Pero siempre es más difícil la salida que la entrada en una organización, ya que una vez que se ha estado dentro hay intereses implícitos. La salida tiene efectos no solo para el país objeto de la salida, sino también de otros, sobre todo los pertenecientes a Europa. Podremos desde Europa notar, entre otros efectos, una pérdida de la competitividad que se vería reflejada en una subida de los precios.

Aunque no son solo problemas de temática comercial sino también presupuestaria o política. En cuanto a los presupuestos, entre algunas partidas, como por ejemplo la de agricultura que se realiza cada cinco años, el dinero que dejaría de dar Reino Unido sería reclamado por la UE, dado que en su predicción de futuro contaba con su participación económica anual. Recordemos que en las últimas elecciones europeas Reino Unido participó y obtuvo representación, la cual en su salida ha sido repartida entre los estados aún miembros.

No obstante, los efectos no se limitan a lo mencionado anteriormente, sino que la legislación jugaría un gran papel. Si Reino Unido decidiera dejar de cumplir la regulación europea, hay que reseñar que al dejar de formar parte de la Unión no estarían obligados a cumplirla (esta jurisprudencia abarca en gran parte temas medioambientales), no cumplirla supondría no poder comerciar con muchos países europeos. Como se puede observar, el comercio es algo clave para entender las consecuencias de la salida inglesa.


Al fin, el día 20 de diciembre de 2019 se vivió un momento histórico en la Cámara de los Comunes, se aprobó la Ley del Brexit que aplicaba el acuerdo de salida acordado entre Reino Unido y la Unión Europea. Al final se da luz verde al proyecto. Después, el 29 de enero el Parlamento Europeo aprueba el acuerdo de salida de la UE con Reino Unido por 621 votos a favor y 49 en contra dando por cerrado el proceso del Brexit. Este último acto consiste en un trámite meramente administrativo, al darse vía libre desde el parlamento ingles el proceso se daba prácticamente por finalizado. Hay que recordar que la aceptación de la propuesta anterior por parte de la Unión Europea no fue por parte de la Cámara Legislativa Europea, así pues, no se da una duplicidad de trámites al tratarse de cámaras distintas. De esta manera, se celebra o se abuchea la decisión que fue efectiva a partir del 1 de febrero por el propio proceso administrativo utilizado.

En realidad, las medidas a nivel oficial se harán vigentes a partir del próximo año 2021. Por ejemplo, los europeos residentes en Reino Unido podrán seguir viviendo en las mismas condiciones durante el presente año. Pero el país de lengua inglesa no podrá beneficiarse de las medidas adoptadas, pierde poder de decisión y tampoco tendrán presencia en el hemiciclo europeo.

Durante este año tendrán que negociar, como se ha descrito antes, toda clase de tratados que marcarán la relación entre la isla y el continente europeo. A este proceso de negociación de pactos algunos lo llaman “el segundo proceso de transición del Brexit”.

Hoy en día, Reino Unido ya ha sido afectado negativamente no ser parte de la Unión Europea. En relación al COVID-19, el plan de Johnson de inmunidad colectiva y la posterior rectificación con un confinamiento parcial y leve ha sido una estrategia nefasta. La planificación de Boris Johnson de no frenar el contacto social para crear inmunidad entre los ciudadanos era una estrategia sin avales científicos probados. Si formaran parte de la Unión Europea se podrían beneficiar de los posibles coronabonos (eurobonos para paliar los efectos del coronavirus). Hay que remarcar que los coronabonos son algo que esta encima de la mesa por parte de los países del sur pero no hay ninguna seguridad que lleguen, como indicaba Angela Merkel. Sin embargo, sí ha habido y habrá medidas otro tipo de medidas. Por ejemplo, Alemania envió 1 millón de mascarillas a Italia. Actualmente, tendrán que hacer frente a la crisis sanitaria, y sus posteriores efectos sociales y económicos, de manera individual y no colectiva. El coronavirus solo se acaba con tres cosas: responsabilidad, confinamiento total obligatorio y un sistema de salud fuerte.

El Brexit y el COVID-19 comparten una característica y es que ambos han evolucionado por la irresponsabilidad de los gobiernos.


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