INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

Discriminación y coronavirus: situación de los pueblos originarios

Investigaciones recientes sobre los pueblos originarios ponen al descubierto realidades preocupantes: desde la discriminación hasta la inaccesibilidad a recursos y servicios de salud eficientes. A partir de ello, surge un mensaje de alerta sobre conflictos pendientes en la agenda de desigualdad social.

Por Paloma Alonso

Luego de varios meses desde el inicio de la pandemia, ya es de público conocimiento que el coronavirus ha obligado a los distintos países a buscar estrategias para evitar el colapso de sus sistemas de salud y, a la vez, proteger sus economías. Pero, además, la propagación del COVID-19 ha exhibido y subrayado realidades que preocupan a las distintas sociedades a nivel internacional. En este sentido, las amenazas que enfrentan los pueblos originarios durante la pandemia resultan alarmantes. El pasado 9 de agosto se conmemoró el “Día Internacional de los Pueblos Indígenas” y –aun así– las noticias no solo nos han demostrado que la discriminación persiste hacia los miembros de estos pueblos, sino que además prevalece y se profundiza la precariedad de los servicios de salud y recursos de primera necesidad a los que tienen acceso en pleno brote del virus.

A su vez, el 1 de agosto se celebró en distintas regiones de Latinoamérica el “Día de la Pachamama”, una celebración dedicada a agradecer a la naturaleza, hacer ofrendas y realizar distintos rituales. De acuerdo con una nota de Página 12, en esta ocasión particular en la cual la festividad se realizó en medio de la pandemia, las principales reflexiones que se suscitaron establecieron una relación entre el coronavirus y el daño producido a la Madre Tierra por los seres humanos, a partir del efecto de las políticas extractivas y los incendios que afectan el medio ambiente. Sumado a ello, como se explica en un video realizado por Télam, la celebración funcionó como una oportunidad para generar “un nuevo pacto de cuidado con la Madre Tierra”. Además, se mencionó que desde los gobiernos provinciales se promovieron rituales y actos domésticos, reducidos y virtuales (en cumplimiento de las medidas sanitarias para evitar el contagio del virus).

Sin dudas, la pandemia ha afectado a los pueblos originarios y las circunstancias en las que se encuentran no ofrecen un panorama alentador. Según publicaron las Naciones Unidas, “estos pueblos experimentan un acceso deficiente a la atención sanitaria, tasas significativamente más altas de enfermedades transmisibles y no transmisibles, falta de acceso a servicios esenciales, saneamiento y otras medidas preventivas clave, como agua limpia, jabón, desinfectante, etc. Asimismo, la mayoría de las instalaciones médicas locales cercanas, si es que las hay, suelen estar mal equipadas y carecen de personal. Incluso cuando los pueblos indígenas pueden acceder a los servicios de salud, deben enfrentarse al estigma y la discriminación”.

A este llamado de alerta podemos añadir un reciente informe sobre los pueblos originarios desarrollado en Argentina por investigadores de distintas universidades en conjunto con el CONICET. Sus resultados indican una profundización de las desigualdades, falta de conectividad, problemas de acceso a la salud y a la educación, entre muchas otras, de acuerdo con una entrevista realizada al investigador Mariano Nagy.

Como se puede observar, existe una clara desigualdad social que pone en riesgo la calidad de vida y la salud de los miembros de las poblaciones originarias. Y –como si ello no constituyera en sí mismo un mensaje de emergencia y preocupación para la sociedad– al mismo tiempo las noticias siguen exhibiendo testimonios de discriminación hacia estos pueblos con regularidad. En efecto, son múltiples los episodios en los que se evidencia que la estigmatización y discriminación siguen siendo problemas a resolver en nuestro país. Los prejuicios hacia los miembros de las poblaciones originarias limitan la inclusión y la igualdad de oportunidades en distintas esferas de la vida social. Como expresa una nota de La Nación, “del 3.6% de las denuncias recibidas por en el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI) en 2018 por discriminación por etnia, el 25% corresponden a pueblos originarios”. No obtante, debemos destacar distintas medidas de inclusión, entre ellas, el trabajo del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI) en su acompañamiento al RENAPER en la entrega de más de mil Documentos Nacionales de Identidad (DNI) a las poblaciones originarias.

Este trabajo a favor de la inclusión y la erradicación de la discriminación es fundamental puesto que, como explica una nota de El Destape, “la historia oficial invisibilizó, por siglos, a las poblaciones indígenas. Durante el proceso de colonización y las campañas militares del siglo XIX, se produjo el exterminio de varias comunidades. Sin embargo, muchos de esos pueblos originarios resistieron y continúan pidiendo por la legitimación de su identidad, autonomía política y derechos sobre sus territorios”. De esta manera, a pesar de que en la Argentina residen aproximadamente 955.032 personas pertenecientes a la población indígena o descendientes de pueblos originarios (según el último censo del INDEC en 2010), sigue pendiente la erradicación de la discriminación y la desigualdad, una deuda que el coronavirus ha venido a acentuar.

Como resultado, podemos ver que existe un conjunto muy amplio y diverso de peligros que vulneran la vida de los pobladores originarios. En este punto, resulta esclarecedor el relevamiento de Amnistía Internacional sobre los conflictos que afligen a estas comunidades en distintas partes del planeta. Como analiza una nota de Página 12, esta organización desarrolló un informe que revelaba “20 casos de discriminación y vulneración de derechos contra los pueblos originarios durante el aislamiento social, preventivo y obligatorio”. Asimismo, publicó un mapa interactivo del “territorio indígena” en el que se puede rastrear el impacto de los distintos tipos de conflicto sobre “uno de los colectivos más afectados por la pandemia”. Así, podemos observar desde conflictos de criminalización, violencia y desalojo, hasta casos concretos de infección por coronavirus.

Como los últimos meses nos han demostrado, el coronavirus vino a cambiar el mundo, poniendo en cuestionamiento a la realidad y obligándonos a pensar una “nueva normalidad”. Ahora bien, siendo conscientes de toda esta serie de conflictos que perpetúan signos de discriminación y desigualdad social, quizá sea tiempo de repensar y trabajar para proyectar medidas con la finalidad de garantizar a todas las personas los derechos básicos para una vida digna y –de esta manera– poner en primer plano el bienestar de todos.

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