INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

Día del abogado

Cada 29 de agosto desde 1958 se celebra el día del abogado en homenaje al nacimiento de uno de los juristas argentinos más reconocidos del siglo XIX, Juan Bautista Alberdi. Este homenaje parece ser una buena ocasión para poner al Derecho en Jaque.


Por Luis Eduardo Esquivel


Es probable que encontremos tantas conceptos de derecho como personas que intentan definirlo. Para algunos sólo es un conjunto de norma; para otros es un conjunto de valores que pretenden alcanzar la justicia, etc. Sin embargo, difícilmente puede discutirse su rol en el mantenimiento de la paz social en el marco de un Estado democrático. En un primer lugar, ofrece un mecanismo legítimo y generalmente aceptado de solución de controversias reemplazando a la venganza privada. De esta forma, quien ve que sus derechos han sido vulnerados puede encontrar un remedio a dicha situación sin iniciar una cadena de venganza que sólo llevaría al aumento de la violencia social.


En segundo lugar, permite a los habitantes de un Estado tener previsibilidad de las consecuencias de sus acciones. Saben que en principio pueden realizar todas las actividades legalizadas y que no estén expresamente prohibidas, mientras que tienen vedados aquellos actos que el legislador considera disvalioso y por ello prohíbe en algún cuerpo normativo.


Sin embargo, aquí puede verse un primer problema: muchas veces el Derecho ha sido utilizado como herramienta de opresión por parte de los actores estatales. Se puede destacar la legalización de la esclavitud o de la discriminación racial, ideológica o sexual como ejemplos recientes. Asimismo, el movimiento feminista ha desnudado que uno de los apoyos del machismo estructural es el Derecho, que no sólo contiene legislación discriminatoria o insuficiente, sino que se complementa con una justicia con poca eficacia para entender los cambios recientes.


Esto constituye una prueba de que faltan voces y representatividad de varios grupos en el proceso de formación y aplicación de las leyes. Por ello, mientras que el mismo quede reservado a grupos hegemónicos que concentran los privilegios sociales, difícilmente se pueda alcanzar la paz social con un Derecho opresivo sobre los grupos menos privilegiados.

Por otro lado, el Derecho ha demostrado ser incapaz de enfrentar los tiempos de la revolución digital y tecnológica reciente. Los casos de UBER, RAPPI, GLOVO, por ejemplo, exhiben que la legislación actual resulta insuficiente para reglamentar debidamente estas actividades, mientras que a la vez, los tiempos legislativos y políticos no acompañan a la generación de nueva legislación sobre estas nuevas modalidades.


De esta forma, se aprecia que estamos ante un mecanismo necesario para preservar la paz social, pero que cuenta con fuertes barreras para lograr ese objetivo. Asimismo, cabe destacar una tercera barrera: su credibilidad. Es común escuchar en conversaciones diarias dos situaciones complementarias (que por otro lado, pueden comprobarse empíricamente): 1) el poco cumplimiento de la ley por parte de la población argentina, y 2) el sentimiento de impunidad generalizado por quienes violentan la ley. Ambas situaciones en conjunto producen que una gran cantidad de normas caigan en desuso por su no cumplimiento generalizado, y produce entonces una situación de incertidumbre.


En nuestro rol de actores políticos no podemos ser indiferentes ante esta situación, y no podemos limitar la democracia a la elección de funcionarios cada dos años. Este rol implica por un lado, ser conscientes de nuestro rol en el sostenimiento (o no) del orden jurídico, desde cruzar una calle cuando el semáforo está en rojo hasta la contratación de empleados “en negro”. El poner al Derecho en Jaque además nos permite comprender que tenemos una responsabilidad ante la existencia de normas injustas y opresivas. En un primer lugar, debemos señarlas y abogar por todos los medios legales su modificación y/o derogación, pues de lo contrario nos convertimos en cómplices de sus sostenimiento. Es esencial comprender que -aunque desde determinados sectores lo busquen imponer- el Derecho no es absoluto, puede y debe ser modificado para garantizar una vida digna a todos.


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