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INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

De desposeídxs a empoderadxs

“Me niego rotundamente. A negar mi voz, mi sangre y mi piel. Y me niego rotundamente a dejar de ser yo, a dejar de sentirme bien cuando miro mi rostro en el espejo con mi boca rotundamente grande. Y mi nariz rotundamente hermosa. Y mis dientes rotundamente blancos. Y mi piel valientemente negra. Y me niego categóricamente a dejar de hablar mi lengua, mi acento y mi historia. Y me niegoabsolutamente a ser parte de los que callan, de los que temen, de los que lloran. Porque me acepto rotundamente libre, rotundamente negra, rotundamente hermosa” Rotundamente negra - Shirley Cambell


Por Lucila Koch


Créditos: Milagros di Mare @miluhd

Este artículo está escrito desde mi posición de mujer, atravesada por las lógicas machistas y patriarcales, desde antes de nacer y hasta el día de hoy. Por eso voy a escribir desde este lugar, pudiendo abarcar solamente lo que me atraviesa y me condiciona. Pero también lo que me empodera para encontrar la libertad de mi propio deseo.


Como bien dice el poema, en la aceptación de ser rotundamente libre, rotundamente negra y rotundamente hermosa, se llega a vislumbrar una negación anterior. Porque para afirmar algo, necesariamente tuvo que ser negado anteriormente. Ahora bien ¿de dónde viene esa negación? Se podría pensar que ese rechazo a lo no hegemónico que nos es tan propio como ajeno y tan estructural como social, lo recibimos pasivamente de la cultura en la que estamos insertxs. Desde la perspectiva psicoanalítica en la constitución del psiquismo y por ende, en el proceso de devenir sujeto/a hay determinados significantes que se afirman y otros que se niegan. Y como bien es sabido, sus máximos exponentes son Freud y Lacan, dos hombres que no solo no escapan a la lógica machista y patriarcal, sino que también la reproducen en todos sus escritos.


Es decir, nuevamente las mujeres y las disidencias nos encontramos descriptxs, sugestionadxs y patologizadxs por disciplinas y autores que generaron lógicas de poder sobre nuestros cuerpos, conciencias y hasta sobre nuestro inconsciente. Entonces si vivimos en una sociedad estructurada desde el patriarcado, los significantes que vamos a afirmar y a negar... ¡son machistas y heterosexuales! Por lo tanto, estamos atravesadxs por el lenguaje binario donde solo hay dos opciones; la alternativa buena es digna de ser aplaudida, aceptada y valorizada. Mientras que la opción mala es merecedora de ser excluida, negada y rebajada a condición de objeto.


Sos blanca o negra, linda o fea, inteligente o tonta, santa o puta, flaca o gorda, frígida o fácil, histérica o insulsa. Sos hombre o mujer, normal o anormal, sujeto u objeto y la lista puede seguir hasta el infinito. Al fin y al cabo, sos demasiado libre para ser mujer. Y como bien sostiene el psicoanálisis, el lenguaje nos fragmenta pero al mismo tiempo nos unifica. Nos fragmenta porque somos nombradxs por significantes antes de nuestra existencia, es decir que estos vienen desde afuera justo en el momento en que más indefensxs nos encontramos. Y después, como segundo momento, nos unifica porque crea cierta completitud y unidad en lo imaginario. Entonces si bien la palabra nos sostiene como sujetos/as, también nos puede destruir desde lo más interno y nombrarnos como objetos.


Históricamente las mujeres fuimos nombradas como objetos o como una segunda categoría de sujetxs, como ese apéndice que acompaña al hombre, que acompaña en la política, en las conquistas sociales y en la construcción teórica. Una acompañante que como rasgo característico tiene el amor y la paciencia. Pero nadie nos dijo que esos significantes son patriarcales y vienen a reproducir lógicas de poder sobre nuestra subjetividad, que lamentablemente no escapa a esas formar de construcción. Entonces nuestro psiquismo se construye desde la desposesión, que según Butler y Athenasiou: “uno puede ser desposeído en la medida en que siente pena o sufre. Digamos, en esos momentos en que somos incapaces de encontrarnos a nosotros mismos”.


Entonces no nos encontramos justo ahí cuando empieza la deconstrucción, cuando nos tenemos que despegar de todo lo que nos enseñaron, cuando el pasado ya no se puede cambiar pero está la posibilidad de un futuro distinto. Cuando nos proponemos empezar a construir nuevos vínculos pero no sabemos cómo, cuando empezamos a asumirnos como sujetas de derecho y ya no más como objetos de los hombres. Y es ahí que la angustia machista impulsa nuestro deseo feminista y sí, es un camino lleno de frustraciones pero también nos mueve la alegría de transitar un camino nuevo pero juntas. Porque una vez que te asumís feminista sabes que no estás nunca más sola.


Por lo tanto, esos significantes que nos nombraron antes de existir y que ya tenían un futuro impuesto para nosotrxs, ya no nos representan. Ya no somos nombradxs por esos significantes heterosexuales y machistas, porque sabemos que la heterosexualidad también es impuesta y está al servicio del poder religioso, donde nuestros cuerpos solo son reconocidos a través de la reproducción. Estamos negando lo que anteriormente afirmamos con pasividad, porque nunca nadie nos dijo que había otra forma de pensarnos, de vivir, de posicionarse ante la vida.


Al fin y al cabo, nadie nos dijo que se pueden generar nuevas subjetividades que entiendan a las mujeres y a las disidencias como sujetxs de derecho. En otras palabras, de desposeídxs a empoderadxs para crear un nuevo futuro que incluya la diversidad y excluya la norma heterosexual y patriarcal. Porque creemos en un deseo feminista que nos libere de la opresión machista y sea el impulsor de nuevas lógicas basada en los vínculos cooperativos y no competitivos. Por lo tanto, si cambiamos el lenguaje binario también cambiamos nuestra subjetividad y por ende, la construcción del psiquismo. Porque el lenguaje machista nos enseña que el deseo tiene estatus y nombre de varón, fue tanta la libertad de deseo que tuvieron que hasta moldearon el nuestro. Y todo deseo que salió de la norma fue juzgado y patologizado, el deseo feminista no escapa de eso.


En conclusión, empoderarnos es la salida a la desposesión de nuestros cuerpos, de nuestros pensamientos y de nuestros deseos para crear nuevos significantes que nos identifiquen. Pero también es imposible olvidar nuestro pasado que nos nombra y nos identifica. Sin embargo, hay un futuro que lo vamos construyendo con todxs lxs que están y con todxs lxs que faltan. Y ellxs siguen vivxs porque lxs seguimos nombrando y son el motor de nuestra lucha.


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