INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

Cuidar a las personas mayores en la globalización

En momentos críticos como los que hoy nos toca afrontar como sociedad, no debemos olvidarnos de ellxs y seguidamente preguntarnos si realmente estamos promoviendo su adaptación al contexto de globalización en el que nos encontramos.

En tiempos de pandemia, estamos dejando de lado ciertas cuestiones socio-estructurales importantes que existen desde mucho antes de la aparición del COVID-19 y que nos atraviesan a cada instante. Puntualmente, me refiero a la situación que les toca atravesar, de manera involuntaria, a las personas mayores, uno de los grupos sociales -lamentablemente- más desvalorizados frente a los avances de la sociedad.

Ante todo, debemos definir al sector etario en cuestión. En efecto, se trata de un conjunto de personas determinado por la edad y la pertenencia a una etapa específica de la vida humana. “Persona mayor”, según la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores (ratificada por Argentina en 2017), es aquella persona de 60 años o más, salvo que la ley interna determine una edad base menor o mayor, siempre que esta no sea superior a los 65 años. También podemos decir que es toda persona perteneciente a la “tercera edad”, que participa del proceso de envejecimiento como resultado de una tendencia constante de disminución de las tasas de fecundidad y aumento de la esperanza de vida en la población.

Este sector, que tanto ha aportado a la construcción de la Argentina que hoy poseemos, se ve atravesado por causales que les afectan e impiden llevar adelante un "envejecimiento activo" (siguiendo la terminología de la citada Convención). Es decir, un proceso de optimización de las oportunidades de salud, participación y seguridad. Por “activo” entendemos la participación continua de las personas mayores en forma individual y colectiva, en los aspectos sociales, económicos, culturales, espirituales y cívicos.

Según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre los factores que influyen en el envejecimiento saludable de las personas mayores hallamos las variaciones en su salud, el establecimiento y mantenimiento de hábitos saludables, y los entornos físicos y sociales (viviendas, barrios y comunidades) en los que se desarrollan. Junto con ello, podemos mencionar también sus características personales, tales como el sexo, la etnia o el nivel socioeconómico que poseen. Todos estos factores contribuyen a preservar la función cognitiva y retrasar la dependencia.

Constantemente, el proceso de globalización atraviesa indistintamente todos los estratos sociales. La globalización, entendida como la creciente gravitación de los procesos económicos, sociales y culturales de carácter mundial sobre aquellos de carácter nacional o regional, se vuelve un elemento fundamental para lograr el desarrollo de los pueblos, el progreso del hombre y la mujer y el bienestar colectivo. La meta de este proceso es permitir que toda la población, a nivel global, goce de sus derechos humanos: civiles, culturales, económicos, políticos y sociales. Sin embargo, paradójicamente nos encontramos con las barreras diarias que se le imponen a las personas mayores, entre ellas: la inequidad que afecta a sus capacidades y demás circunstancias en la edad avanzada.

Las diversas formas de vivir la vejez se deben mayormente al resultado de influencias que a menudo están fuera del control o de las opciones que tiene la persona mayor a su disposición. Como se mencionó anteriormente, sus características personales y los entornos físicos y sociales en los que habitan pueden influir en la salud, ya sea directamente o por medio de incentivos (u obstáculos) que afectan sus oportunidades, decisiones y comportamientos. Sin embargo, cuando estos factores se deben a razones injustas pero evitables, se generan inequidades que deben ser atendidas.

Otro de los obstáculos que deben surcar son los estereotipos impuestos a lo largo de la historia. Estos estereotipos llevan muchas veces a concluir que las personas mayores son frágiles, dependientes y que representan alguna carga para la sociedad. Debemos despojarnos de estos preconceptos, erróneos y generalizados, en contra de la tercera edad, que sin dudas dan lugar a la discriminación y afectar las oportunidades que tienen de disfrutar de un envejecimiento saludable. Debemos entender que no hay una persona mayor “típica”, por lo que deberíamos dejar de lado aquellos estereotipos obsoletos e instalar nuevas expectativas.


Respecto a lo anterior, hay pruebas considerables de que las personas mayores contribuyen a la sociedad en muchos sentidos. Siguiendo el referido informe de la OMS, por ejemplo, el aumento de la esperanza de vida permite a las personas criar a sus hijxs y luego comenzar una carrera a los 40 años o incluso a los 60, cambiar de trayectoria profesional en cualquier etapa de la vida o, tal vez colaborar con la crianza de sus nietxs, dado que hoy día en muchas familias ambos padres trabajan. En ciertos países de ingresos altos, las personas mayores buscan alternativas innovadoras a la estructura tradicional de la vida. En Estados Unidos, por ejemplo, la mayoría de las personas cercanas a la edad tradicional de jubilación, en realidad, no quieren jubilarse. En algunos casos, esto se debe al impacto de la pobreza y a la necesidad de continuar trabajando, pero en la mayoría de los casos parece haber un mayor interés en permanecer como participantes activos en la sociedad. Ahora bien, vale aclarar que somos conscientes de que en los países de ingresos bajos y medianos, el curso de la vida está delimitado con menos claridad, particularmente para las personas con menos recursos.

Resulta esencial que, como jóvenes, marquemos un punto de inflexión, para sellar un antes y un después no solo en beneficio de nuestras generaciones antecesoras, sino también para crear oportunidades para las generaciones futuras. Esto nos debe empujar a defender la idea de reconocer y valorizar a nuestras personas mayores. La prolongación de la existencia biológica debe ir acompañada de un mantenimiento de la calidad de vida y, para ello, es fundamental el diseño e implementación de políticas públicas eficientes y a largo plazo.

Tenemos que romper con la barrera entre la sociedad y la tercera edad. En definitiva, se trata de plantearnos como sociedad si estamos actuando o no en beneficio de las personas mayores. Solo ello les permitirá adaptación favorable y adecuada frente a los desafíos de la globalización que afrontamos a nivel mundial.

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