INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

Cuarentena, violencia de género y tareas de cuidado: una tríada peligrosa

El día 20 de marzo del corriente año, comenzó a regir en la Argentina la cuarentena total y obligatoria, tras el Decreto 297/2020, para dar contingencia a la pandemia del COVID-19, donde todos los habitantes del territorio argentino deben cumplir con el aislamiento social obligatorio. Sin embargo, esta normativa formal no afecta a todos por igual. Sexta entrega del especial #PandemiaEnJaque.


Por Denise Sanviti


El aislamiento social obligatorio generó (y genera) efectos transversales en nuestra sociedad, obliga a millones de personas a quedarse en sus casas y restringir al mínimo el contacto con el exterior. A pesar de las claras tensiones que el encierro provoca hacia dentro de la esfera familiar, las consecuencias son mucho más avasallantes. El “encierro obligatorio” agravó situaciones de violencia por motivos de género que sufren mujeres y disidencias en sus hogares, porque se ven obligadas a convivir 24/7 con su victimario. En suma, las tareas de cuidado –realizadas mayoritariamente por mujeres– son monopolizadas aún más y ocupan mayor espacio de los tiempos de ocio.


Violencia de género en cuarentena


Lamentablemente, el contexto de encierro es la situación ideal para potenciar hechos de violencia por motivos de género. Las víctimas quedan aisladas junto con sus victimarios, ya que su contacto con el exterior y recursos de auxilio queda críticamente limitado. Se supone que la casa debe constituirse como espacio de resguardo y contención, sin embargo, para muchas mujeres y disidencias se ha transformado en un espacio de peligro permanente. Es fundamental considerar que “el 49% de los agresores son parejas de las víctimas, 17% son ex parejas y un 5% corresponden a otros familiares” y muchos comparten la misma vivienda con la víctima en este aislamiento forzoso (Observatorio AHORA QUE SI NOS VEN, 2020).


Según el Observatorio AHORA QUE SI NOS VEN[i], en el año 2019 se registraron un total de 317 femicidios (un femicidio cada 26 hs). En el año 2020 –hasta el 31 de marzo–, ocurrieron 67 femicidios, de los cuales 12 se dieron en contexto del aislamiento social obligatorio, es decir, EN TAN SOLO DIEZ DIAS tras el decreto presidencial. Claudia Repetto, Susana Melo, Cristina Iglesias y su hija Ada, Pilar Riesco, Lorena Barreto, Romina Ruiz Días, Lidia Brítez, Haydee Salazar y Verónica Soule, son solo algunos de los nombres de las víctimas. La lógica exponencial de estas cifras es alarmante ya que, si continúa a este ritmo, tendremos un femicidio cada menos de 24 hs en nuestro país a fin de año. Asimismo, en el mismo período, hubo 41 denuncias de violencia de género solo en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En relación a esto, La Casa del Encuentro[ii] registró que las llamadas para solicitar asesoramiento por violencia de género aumentaron un 25% este mes. Más tarde, este porcentaje fue confirmado por Elizabeth Gómez Alcorta, ministra de las Mujeres, Género y Diversidades de la Nación (ADRed, 2020)[iii].


En un principio, el Ministerio de las Mujeres, Género y Diversidades de la Nación adoptó medidas[iv] bajo la premisa de que “el aislamiento social forzoso puede conllevar al aumento de casos de violencia por motivos de género”. A través de estas políticas, el Estado procuró establecer canales de comunicación directa para facilitar solicitudes de socorro y brindar asesoramiento para fortalecer el acceso a recursos que puedan llegar a demandar las víctimas o familiares cercanos en el marco de la emergencia sanitaria. De esta manera, el Ministerio busca complementar la actuación y el alcance del Decreto 297/2020. Algunas de las medidas son a) la posibilidad de solicitar ayuda al 144 sin tener que hablar por teléfono, considerando la cercanía del agresor; b) se sumaron líneas de WhatsApp, mails y opción de bajar la app 144 de forma gratuita, disponible en todos los sistemas operativos[v]. Además, congregaron convenios con hoteles sindicales para alojar victimas de violencia por motivos de género que se encuentren en situaciones críticas.


Ante el aumento de las denuncias, el gobierno nacional dispuso la campaña #BarbijoRojo, en conjunto con la Confederación Farmacéutica Argentina (COFA). Aquellas víctimas de violencia por motivos de género podrán llamar o acercarse a cualquier farmacia y solicitar un barbijo rojo. El personal del local deberá activar los protocolos pertinentes para socorrer a la víctima.


Tareas de cuidado en cuarentena


Las tareas de cuidado merecen una especial atención porque es un aspecto de la esfera privada familiar históricamente invisibilizado. Durante el aislamiento social obligatorio, la “casa” se transformó en el centro de la rutina diaria. Sin embargo, para muchas mujeres es un espacio de trabajo porque son responsables del cuidado de los niños, las niñas, adolescentes y, en muchos casos, también de adultos mayores. Además, son las encargadas de las tareas de limpieza y cocina. En la Argentina, se estima que las mujeres ocupan ocho horas diarias –56 horas semanales, 1680 horas mensuales en las tareas de cuidado y mantenimiento del hogar, y este no es un trabajo remunerado. Por eso, en período de cuarentena, la carga horaria destinada para dichas tareas aumenta con el cuidado de los menores de edad, que no tienen colegio, y de los adultos mayores, que son población de riesgo frente al COVID-19. Esto sobrecarga el cuidado físico, emocional y económico de las mujeres. Mientras tanto, se estima que los hombres dedican solo dos horas diarias a tareas del cuidado en general.


Según la Organización Internacional del Trabajo (2020), “si el trabajo de cuidados fuera remunerado (…) representaría el nueve porciento del PBI mundial, lo que equivale a nueve billones de dólares”. Además, la división sexual del trabajo hace que el 75% de las personas que trabajan en la primera línea de asistencia sanitaria sean mujeres, según la cifra de Naciones Unidas y ONU Mujeres. Esto conlleva un mayor riesgo de contagio para las trabajadoras.


Otro grave problema es que, según datos de la Organización Internacional del Trabajo, 126 millones de mujeres trabajan de manera informal en América Latina y el Caribe, equivalente a la mitad de la población femenina de la región. Esto significa: instabilidad laboral, bajos ingresos y falta de mecanismos de protección. La cuarentena impide a muchas trabajadoras informales realizar su trabajo y las pone en riesgo de perder su única fuente de ingresos (ONU Mujeres, 2020). Además, según ONU mujeres, los primeros sectores que se ven afectados por la crisis del COVID-19 son “sectores altamente feminizados, como el trabajo doméstico”. En consecuencia, se expande la brecha económica entre hombres y mujeres.


En la Argentina, el Ministerio de las Mujeres, Género y Diversidades de la Nación tiene como prioridad de agenda garantizar “la redistribución más justa de las tareas de cuidado” porque considera que “es el eje de las desigualdades entre los géneros”. De esta manera, ubica a la problemática en el centro de la escena pública. En estos términos, el Ministerio implementó recomendaciones en materia de tareas de cuidados dentro del marco de emergencia sanitaria bajo la consigna #CuarentenaConDerechos. El objetivo de estas medidas es promover la corresponsabilidad hacia una distribución más justa de las tareas de cuidado. El gobierno nacional resolvió justificar inasistencias –tanto en el sector público como privado– de personas responsables del cuidado de niños, niñas y adolescentes. Además, estableció esquemas de licencias extraordinarias con goce de haberes para las trabajadoras de casas particulares. Estas medidas, se evaluaron considerando que la suspensión de las clases genera complicaciones en materia de gestión de cuidados al interior de los hogares y esos arreglos recaen en la sobrecarga de trabajo de las mujeres.


Sin embargo, la realidad supera lo normativo.


Cuando hablamos de tareas de cuidado también debemos hablar de pobreza. En los hogares bajo contextos de vulnerabilidad económica, las “estrategias de conciliación” –es decir, aquellas conductas que buscan conciliar responsabilidades laborales y familiares para ahorrar tiempo de forma distributivamente equitativa, deja en evidencia la existencia de una pobreza estructural y una clara desigualdad de género. La dimensión temporal es un aspecto transversal de esta problemática.


En principio, existe una relación causal entre las tareas de cuidado y la pobreza, donde el tiempo y el dinero no siempre van de la mano. Según la Organización Internacional del Trabajo (2018), hay un déficit de tiempo que impide a muchas mujeres acceder al mercado laboral y generar mayores ingresos al hogar, al no poder relegar horas dedicadas a tareas de cuidado porque no tienen posibilidades de adquirir sustitutos para esas tareas. Por ello, los niveles de pobreza aumentan. Además, la OIT plantea que, si bien las licencias especiales pueden contribuir a la reducción del déficit temporal, es fundamental el acompañamiento de “políticas públicas encaradas desde el Estado para habilitar y legislar politicas de cociliación”.


En base al informe “Las politicas de cuidado en la Argentina: avances y desafios”, de la OIT (2018), se expone que en nuestro país las licencias por ser de corta duración y estar destinadas a trabajadores formales dejan desprotegidos a los trabajadores y las trabajadoras informales quienes, como vimos, son los más vulnerables. Asimismo, las licencias por paternidad tambien son reducidas y las licencias familiares (o de crianza) son practicamente inexistentes, lo que impide una distribución más equitativa de los roles en el hogar y priva a los padres de su derecho a la crianza.


Sin bien, con la Ley N° 26.233/07 de Promoción y Regulación de los Centros de Desarrollo Infantil Comunitarios, incrementó la oferta de cuidado –especialmente a niños menores de tres años, que el sistema educativo formal no ofrece muchas alternativas, quedaron muchas deudas pendientes porque los espacios físicos no son los adecuados y las condiciones salariales de los cuidadores son precarias, lo que genera un alto nivel de rotación del personal y falta de regulación.


Otro aspecto fundamental es el cuidado de adultos mayores.


Según datos de la OIT (2018), el cuidado de adultos mayores –sin autonomía– recaen principalmente en la familia, seguido de cuidadores o empleados domesticos no especializados. Y el 41% de estos no conviven con el adulto mayor dependiente. Sin embargo, estos ayudantes suelen ser mayoritariamente las hijas mujeres, seguidas por hijos varones, nietos y vecinos. Principalmente, la ayuda conciste en la compañía, compras, mandados y tareas del hogar.


En la Argentina, los adultos mayores son también sujetos pasivos de cuidado: uno de cada cuatro adultos mayores cuidan a menores de edad de su entorno familiar y sus comunidades, sin recibir algún tipo de reumneración. Si consideramos que la Argentina es uno de los paises de América Latina con mayor tasa de envejecimiento poblacional, lo anterior representa aún más un problema en contextos de pandemia y aislamiento social obligatorio. Siendo población de riesgo, y por obvias razones, deben renunciar a estas tareas. Por lo tanto, los padres de esos niños y esas niñas se ven obligados a reestructurar las estrategias de conciliación familiar dedicas al cuidado de los menores de edad. Claramente, deben relegar tiempo de trabajo y solicitar licencias extraordinarias; pero son las mujeres quienes, en su mayoría, deben ceder ese tiempo, no solo por una cuestión cultural tradicional, sino también por la inexistente legislación en materias de licencia por crianza.


En conclusión, observamos que las familias gestionan estrategias de conciliación según las opciones del contexto. Por ello, el Estado debe construir –y garantizar en su aplicación– politicas públicas integrales que involucren a todos los actores con impacto en la distribución de las tareas de cuidado: el Estado, el mercado, la comunidad y las familias. Además, el Estado también debe proveer servicios de cuidado infantil para otorgar legitimidad y reconocimiento de las tareas de cuidado, facilitar su desfamiliarización y crear oportunidades de trabajo formal a las mujeres, al incoporarlas al mercado laboral y reducir los niveles de pobreza en los hogares. Por ello, es fundamental la intervención del Estado en la protección de los sectores y los sujetos más vulnerables. Un Estado presente garantiza el resguardo de derechos de sus ciudadanos, la preservación de su salud y su bienestar.


En lo personal, considero que como sociedad debemos formar adultos funcionales, desconstruyendo la construcción de estereotipos sobre los roles de género. En el imaginario social existe una idea errónea de que las mujeres son multifuncionales, es decir, que pueden hacer todo: criar de los hijos, trabajar, hacer tareas del hogar, etc. No estamos ayudando a nadie cuando realizamos tareas de cuidado o del hogar, somos simples sujetos responsables del mantenimiento del espacio en donde convivimos con otros, que también deben asumir de igual forma la misma responsabilidad.


Por último, es claro que los femicidios no se han tomado un descanso en esta cuarentena. Todo lo contrario. Las mujeres y disidencias corren un peligro inminente por el aislamiento social obligatorio al quedar aisladas con su agresor, con su acceso a recursos para escapar de la situación de violencia disminuido. En muchos casos, también pierden contacto con sus familiares más cercanos, quienes son principalmente los primeros en realizar las denuncias y socorrer a las víctimas.


Los 67 femicidios del 2020 demostraron que las medidas tomadas por el gobierno nacional son insuficientes. Lo más importante es que la pandemia del COVID-19, no debe quitarnos la mirada sobre la otra pandemia que padecemos en nuestra sociedad: la violencia machista. Nuestra responsabilidad como ciudadanos es ser solidarios.


Si conocés a alguien que puede estar sufriendo violencia por motivos de género, no dejes de involucrarte por los siguientes medios que brinda el Ministerio de las Mujeres, Género y Diversidades de la Nación:


· vía WhatsApp a las líneas: (+54) 11 27716463 / (+54) 11 27759047 / (+54) 11 27759048 que funciona solo para mensajes;

· via e-mail: linea144@mingeneros.gob.ar

· o bajando la app gratuita en: https://www.argentina.gob.ar/aplicaciones/linea-144-atencion-mujeres

De tu ayuda dependen miles de victimas de violencia de género.


Bibliografia:

[i] Martinez, S. (2020, 16 de enero). Un nuevo observatorio de la violencia de género en Feminacida.com

https://feminacida.com.ar/un-nuevo-observatorio-publico-de-la-violencia-de-genero/ (30/03/2020)

[ii] Sitio Web del Ministerio de las Mujeres, Género y Diversidades de la Nación. Sección de medidas sobre politicas de cuidado.

https://www.argentina.gob.ar/generos/cuidados (30/03/2020)

[iii] Sitio Web del Ministerio de la Mujeres, Género y Diversidades de la Nación. Secciòn: Medidas en mataeria de género y diversidad en el marco de la emergencia sanintaria.

https://www.argentina.gob.ar/generos/medidas-en-materia-de-genero-y-diversidad-en-el-marco-de-la-emergencia-sanitaria (30/03/2020)

[iv] Nota del editor. (2020, 29 de marzo). Doce femicidios durante la cuarentena obligatoria en ANRed. Com

https://www.anred.org/2020/03/29/12-femicidios-durante-la-cuarentena-obligatoria/ (30/03/2020)

[v] PNUD, OIT, CIPPEC, UNICEF. Informe Las politicas de cuidado en Argentina: Avances y desafios. (2018).

https://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/---americas/---ro-lima/---ilo-buenos_aires/documents/publication/wcms_635285.pdf (30/03/2020)

[vi] Sitio Web oficial de La Casa del Encuentro

http://www.lacasadelencuentro.org/ (30/03/2020)

[vii] Sitio Web oficial de ONU Mujeres

https://www.unwomen.org/es (30/03/2020)


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