INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

¿Qué es la crisis de presentación política?

Hablamos de representación política cuando un miembro, dentro de un grupo determinado, es seleccionado para que satisfaga los intereses comunes, poseyendo cualidades que son fundamentales para su elección como lo son rasgos ideológico políticos, espirituales y culturales que se busquen prevalecer en la comunidad. Pero, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de “Crisis en la Representación Política”?


Por Gonzalo Javier Almada

Desde la creación de una forma de gobierno con un sistema democrático representativo, se observaron principios inherentes de ellos. Uno de estos principios planteados por B. Manin (1998) afirma que “La toma de decisiones por los que gobiernan, conserva un grado de independencia respecto de los deseos del electorado”. Esto conlleva un riesgo; en épocas de campaña electoral, aquellos que aspiran a ser electos, presentan promesas y programas que en todos los casos mantienen la libertad de cumplirlos o no. Sin embargo, durante el ejercicio del poder, no cumplir con dichas promesas trae consigo el estigma social que mancha la credibilidad del representante, cayendo en el distanciamiento entre este y el representado, quien tacha al primero como alguien incapaz de operar en el cargo. Así, el incumplimiento de la promesa, presenta una clara dificultad a superar en caso de presentarse la posibilidad de una reelección.


Si bien la actividad representativa es independiente, H. F. Pitkin, en su libro “El concepto de representación” (1967), nos advierte que los representantes no deben ser totalmente independientes, de ser así, deben realizar el trabajo de explicar porque conviene tomar decisiones contrarias a los gustos del electorado a fin de no provocar un distanciamiento basado en la insatisfacción de los electores.


Por otro lado, en las democracias representativas de hoy, el poder cae en partidos políticos que generan la división en la sociedad de electores, promoviendo el antagonismo entre unos y otros, buscando una elección de representantes con miras a una línea de gobierno perpetua, legitimada año tras año, esto guarda una clara relación con respecto de los medios de comunicación hegemónicos.


En el trascurso del siglo XXI, hemos sido testigos de cómo el sistema de democracia representativa se vio afectado también por un nuevo actor político que llegó para cambiar las reglas del juego: Los medios de comunicación.


Estos, creadores de opinión y poseedores de su propia agenda política, fomentaron acciones que acarrearon la decadencia en debates fiables y respetuosos, incrementando la ignorancia, trayendo un gran índice de abstencionismo, reflejado por la desconfianza que la mayoría de la sociedad tiene de la minoría que ostenta el poder.


Antes, los partidos políticos, a través de los medios de comunicación, procuraban hacerle llegar al electorado proyectos y programas que propiciaran la toma de decisión a favor del mismo. Hoy en día, el candidato que aspira al poder, muestra una campaña basada en una proyección de imagen de personalidad del mismo.


En estos tiempos, el campo político está siendo dominado y contenido por periodistas y mediáticos en los que resulta casi imposible ver reflejada la sociedad actual, y mientras antes un político era electo por su capacidad de entablar debates lógicos que defendían la postura ideológica de sus electores, colocándolos de esta forma en una sensación de cercanía entre ellos, en la actualidad pueden ser electos aquellos que posean una “gracia mediática”, pero que son indiferentes de los intereses generales del electorado.


Independentismo político en cuanto a la aplicación de determinadas políticas públicas o de Estado. Partidos Políticos que polarizan a la sociedad e incentivan al antagonismo. Medios de comunicación poco responsables en el manejo de la política, cayendo en la vulgaridad y casi prostitución de la misma.


Esta situación marca el inicio de un desconocimiento por la democracia, tendiendo a desfigurar su esencia y permitiendo que unos pocos tomen decisiones, atendiendo a intereses individuales, dejando de lado los intereses de los electores en general. Llegando así a la apatía política y desconfianza hacia los representantes, lo que podemos definir como “Crisis de la Representación Política”.


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