INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

Cortaron las flores. Quedamos las semillas.

El rugir de la vida y lo imparable del tiempo nos invitan nuevamente a analizar y repensar un pedazo de nuestra historia, la que tiene poco más de 200 años y que, conformada por escasos capítulos, no está exenta de uno demasiado oscuro.


Por Francisco V. Caporiccio

Nacido en los 90’s, años de indultos y olvidos, las historias de los conmocionados 70’s me llegaron en forma de anécdotas y relatos que aumentaron mi interés por aquella década trágica. Desde chico me fui adentrando, poco a poco, en las distintas conversaciones familiares acerca de esta fecha y cómo se había vivido aquel día el anuncio del fin de un gobierno constitucional que al iniciarse había encendido corazones apagados durante casi dos décadas de proscripción.


Somos el producto de esta época. Formamos parte de la construcción de la memoria o de la destrucción de la misma. No hay persona que haya vivido en el país en aquel tiempo, que no tenga recuerdos de los sentimientos que la atravesaron durante esos días. Historias, anécdotas, vivencias... todo se guarda en la memoria personal que es y será transmitida por generaciones para no olvidar lo que pasó, lo que nos pasó.


El 24 de marzo nunca más será un día tibio, que pase desapercibido en la historia de nuestro país. Pocas fechas movilizan tantos sentimientos en cada ciudadana/o y es claro el porqué: las Fuerzas Armadas con la complicidad de civiles y medios de comunicación, llevaron adelante un plan de aniquilación política, cultural y, especialmente, humana bajo la teórica premisa de “reorganizar y despolitizar la nación”.


El rol del Estado en la violación de derechos humanos


A lo largo de estos 43 años, los organismos de derechos humanos han ayudado en gran medida a la toma de conciencia popular sobre los acontecimientos ocurridos durante la última dictadura militar, pero a la vez han proliferado diversas teorías, como la de los dos demonios, que afirma que la violencia que caracterizó aquellos años fue producto de una guerra que se generó por el accionar de grupos terroristas contra las fuerzas del orden.


Esta forma de ver y explicar las violaciones constantes a los derechos humanos por parte de organismos del Estado es minimizar su accionar y responsabilidad. El Estado, ante crímenes cometidos por civiles tiene la obligación de velar por el cumplimiento de los procesos pertinentes para cada caso, garantizando los derechos de los individuos enjuiciados y cumpliendo con lo establecido por la Constitución y normas inferiores.

El Estado no debe secuestrar, ni torturar, ni violar.

El Estado no debe crear terror.

El Estado no debe perseguir.

El Estado no debe robar identidades.

El Estado no debe asesinar.

Es aquí donde esta teoría se equivoca y mide con la misma vara dos cuestiones totalmente distintas.


Les pasó a ellas/os. Nos pasó a todas/os.


Eran jóvenes. Eran estudiantes que el Estado persiguió, torturó y posteriormente asesinó o desapareció por su militancia política, ideología y/o por conocer a personas consideradas “subversivas” o "peligrosas" para la nación. Jóvenes como yo, jóvenes como vos, que consideramos a la política como una herramienta de transformación social.


Mural inaugurado en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA en el año 2016

Caminando los pasillos de diversas facultades del país nos cruzamos con fotos, nombres y apellidos que nos recuerdan el alcance que tuvo ese plan estratégico que sobrevoló nuestros cielos latinos como un cóndor proveniente de otras latitudes, que se creyó con derecho a entrometerse en lo que no era su territorio. Esas/os jóvenes éramos nosotras/os, pero en distintos tiempos. Lo único que nos separa es esa variable que nos coloca en diferentes ubicaciones del espectro espacio-temporal. Eran estudiantes de diversas carreras, militantes, científicas/os, y/o trabajadoras/os que fueron arrebatadas/os de sus hogares, de sus familias... de sus propios cuerpos.


Derechos Humanos: una lucha incansable


La violación sistemática y estratégica a los derechos humanos fue la característica principal del accionar de las fuerzas (para)estatales: secuestraron, torturaron, violaron, asesinaron y desaparecieron personas con el objetivo de obtener información para capturar a la totalidad de la juventud con aspiraciones políticas de transformación.


Pero el proceso no terminó allí. Buscaron eliminar cualquier tipo de evidencia sobre la existencia de aquellas/os jóvenes: ingresaron a sus casas para quemar fotos, robar documentos y deshacerse de sus pertenencias. Por su parte, el robo de bebés también entra en esta lógica. El cambio de identidades y la posterior crianza de las/os niñas/os en familias militares o amigas del poder, quiso acabar con el legado de estas personas para siempre.


Casi lo logran, pero no contaban con la fuerza de miles de mujeres, madres, abuelas que en el momento más difícil y aterrador no dudaron en realzar los nombres de sus hijas/os y pedir por ellas/os: Son y serán las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Son y serán las Madres y Abuelas del pueblo argentino.


Ellas, acompañadas por un sinfín de personas que dedicaron su vida buscando la verdad y la justicia, nos han enseñado a las generaciones que nacimos en democracia la importancia de defender nuestros derechos y de no olvidar.


La pesada herencia: la economía especulativa


La herencia que nos dejó la dictadura cívico-mediático-militar nos persigue hasta la actualidad, como se ha analizado anteriormente. Generaciones de argentinas/os perdieron la fe en la política como herramienta transformadora y creadora de igualdad y justicia, lo cual es, en parte, producto del miedo a involucrarse que se generó por la persecución llevada a cabo por la dictadura. El proceso de despolitización golpeó en cada hogar y el terror nos gobernó durante casi una década -tomando también los últimos años del gobierno constitucional de Perón e Isabel Martínez-.


Otro proceso que también golpeó en cada hogar del país fue el económico. El plan llevado adelante por el Ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz, denominado Programa para la reconstrucción, saneamiento y expansión de la economía argentina, inició 43 años de vaivenes en las finanzas estatales y, principalmente, en las de cada argentina/o -de ayer, de hoy y de mañana-. Se destruyó la matriz industrial nacional y se reinstauró el modelo agroexportador implementado en el país hasta comienzos del S. XX, favoreciendo a sectores tradicionales de la economía nacional, que apoyaron a la junta militar en detrimento de los sectores populares.


En 1974, el país había alcanzado el nivel máximo de industrialización, el menor porcentaje de desocupación y el mayor grado de igualdad de su historia, según la CEPAL. A partir de entonces todo fue cuesta arriba: se profundizó la desigualdad y el desempleo, se dispararon los niveles de deuda externa y, lejos de incrementar las inversiones productivas a través del capital extranjero que se intentó atraer al país, se dio inicio a uno de los mayores negocios especulativos de la historia: La dictadura comenzó a pedalear la bicicleta financiera que hoy ya lleva 43 años de recorrido.



Fue realmente un Proceso de Reorganización Nacional, tal y como se llamó: Se entregó al país a la desidia, al miedo y a la desesperanza.


Lo sembrado, florecerá.


Pero a pesar de todo lo comentado anteriormente, hay algo que no debe escaparse del análisis. Existe un legado que sigue vivo en nosotras/os: los valores de la identidad, la memoria, la verdad y la justicia deben ser nuestras guías aún cuando las condiciones sean adversas. Formamos parte de una nueva generación de jóvenes que nacieron y crecieron en democracia, que nos alimentamos de experiencias ajenas y que tenemos el deber histórico de no repetir errores pasados. El 24 de marzo de 1976 no fue ni el primer ni el único golpe de Estado en nuestro país, pero sí será el último. Se lo debemos a aquellas/os que ya no están, a las/os que nos transmitieron sus ideas y a aquellas/os que vendrán.


Por eso, este 24 marchamos por la memoria, por la verdad y por la justicia.

Marchamos por las/os 30.000.

Marchamos por la defensa de los derechos humanos.

Marchamos como siempre, porque de otra manera no lo sentimos.

Marchamos porque ellas/os eran nosotras/os.


Marchamos porque aunque nos hayan cortado las flores... acá estamos las semillas.

Valoramos la pluralidad de opiniones. Las notas publicadas por Política en Jaque no necesariamente representan los valores de la organización.

© 2020 Todos los derechos reservados. Política en Jaque - Organización Política.