INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

  • Francisco V. Caporiccio

Coronavirus: miradas en el escenario económico y social

Frente a la pandemia, debemos preguntarnos qué puede llegar a ocurrir con la economía mundial y su impacto en las sociedades. Séptima entrega del especial #PandemiaEnJaque.


Por Alejo Cardozo Rammer


La intersección entre Avenida Córdoba y Avenida 9 de Julio en tiempos de cuarentena. Foto: Germán García Adrasti

Dada la nueva pandemia que estamos presenciando en estos momentos, es interesante hacer un mapeo de las conductas económicas y sociales que han tomado los distintos líderes del mundo.


Comencemos con una primera mirada apuntando a un país como Estados Unidos, donde el presidente Donald Trump hasta ahora había tenido una política económica bastante exitosa en cuanto a niveles de productividad y empleo. Pero analicemos un poco su reacción frente al fenómeno del coronavirus: el presidente estadounidense tomó la decisión de no establecer la cuarentena obligatoria a nivel nacional (por lo menos no en el momento más oportuno), aunque en consecuencia tuvo que cerrar más su economía para contener la propagación del virus. Sin duda alguna, esta decisión llevó a la población a tomar una decisión: debieron elegir entre no ir a trabajar y correr menos riesgo de contagiarse, o continuar con su rutina laboral y, por ende, aceptar el riesgo de contraer el virus.


Este no es el único factor que debió tener en cuenta el pueblo estadounidense, ya que también hay que considerar que en Estados Unidos los costos de entrada y salida laboral son muy bajos; es decir, que a las empresas les resulta fácil contratar y despedir gente, así como también a los individuos les resulta fácil entrar y salir del mercado laboral. Quienes nos dedicamos a la economía, incorporamos a estas acciones dentro de lo que conocemos como desempleo friccional [1]. Teniendo en cuenta esta aclaración, cabe mencionar que la semana pasada casi 3,3 millones de personas pidieron el seguro de desempleo, una cifra récord que cuadruplicó el pico de octubre de 1982. Es más, uno de los miembros de la Reserva Federal, James Bullard, manifestó que el desempleo podría llegar a dispararse hasta el 30% en los próximos meses debido al cierre de la economía y que unas 46 millones de personas podrían llegar a perder su empleo. A grandes rasgos, parece que la decisión del presidente estadounidense no benefició a su economía, sino todo lo contrario. Hoy el nivel de la tasa de desempleo se encuentra en un gran riesgo de elevarse, y el nivel de contagios es el más alto a nivel mundial.


Ahora propongo que miremos un país más cercano al nuestro, la República Oriental del Uruguay. El flamante presidente del país vecino, el Dr. Luis Lacalle Pou, se encuentra con este nuevo fenómeno viral a pocas semanas de asumir el cargo. Su respuesta frente a la pandemia hasta ahora ha sido la de no establecer la cuarentena obligatoria, lo que generó una discrepancia con la oposición. Sin embargo, algunas de las decisiones tomadas por el gobierno fueron la suspensión de las clases, el cierre de los centros comerciales y de las fronteras, con algunas excepciones. También solicitó a los mayores de 65 años que se aíslen y que solo salgan para actividades esenciales. En el área económica, si bien Uruguay cuenta con una inflación mucho más reducida que la nuestra, no podemos decir lo mismo de su nivel de productividad y de empleo. Para apaciguar un poco esta situación, extendió la canasta básica y el nivel de asignaciones familiares –como las llaman ellos. Cabe agregar a estas medidas la reducción temporal de los salarios públicos a partir de los 80.000 pesos uruguayos, incluido el del propio presidente, que serán destinados a cubrir los gastos generados por la pandemia del COVID-19. La reducción será entre un 5% y un 20%.


Estas son medidas auxiliares y de emergencia que podrán combatir el virus en sus respectivos niveles, pero que no tendrán gran incidencia en la recuperación de la economía uruguaya. Aunque la preservación del empleo para aquellos trabajadores ocupados parece que permanecerá estable algún tiempo por lo menos, dado que en Uruguay existe, desde octubre del 2008, lo que se denomina como seguro de paro [2] al cual tienen derecho y acceso todos los trabajadores ocupados habitualmente en cualquier actividad remunerada, comprendidos en las leyes que amparan el Sector de Jubilaciones y Pensiones de la Industria y el Comercio. Así lo indica el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social de dicho país. La particularidad de este seguro es que hay una coparticipación entre las empresas y el Estado para pagarles a los trabajadores sus salarios; es decir, que hay una parte del salario que es otorgada por las empresas y otra por el gobierno nacional.

Ahora apuntemos una última mirada hacia nuestro país, la República Argentina. Se destacó en las últimas semanas un gran consenso, por parte de las provincias y de CABA, frente a la imposición del estricto aislamiento social que decretó el gobierno de Alberto Fernández. Esta medida inevitablemente también pegó en las pymes, en varios sectores industriales, en los monotributistas, en el sector informal y otros sectores de la economía; con excepción del personal de salud, el transporte público (que aun así tiene una circulación limitada), las fuerzas de seguridad, las farmacias y los supermercados. Y al encontrarnos en un país deficitario y sin crédito, obviamente esto repercute y profundiza más nuestra crisis económica. Por ende, el gobierno, ante la gran incertidumbre social que esto puede causar, salió a responder con un paquete de medidas, dentro de las cuales se incluyen: la garantía de dinero para los sectores más vulnerables, un ingreso familiar de emergencia, la eximición del pago de contribuciones patronales, créditos de emergencia para las pymes, una nómina salarial para todas las empresas como garantía de crédito a tasa del 24%, entre otras. Sin duda algunas de estas medidas, en más o en menos, contribuyen a amortiguar el colapso económico mientras dure la cuarentena, pero el tiempo que pueden ganar es muy poco. Por eso es importante establecer un límite para que el impacto negativo que en nuestra economía sea lo menos profundo posible.


Para concluir, quisiera compartir algunas reflexiones y, por qué no, algunas ideas para apaciguar la crisis económica y social que tanto nosotros, como las demás naciones –en sus respectivos impactos claro está deberán afrontar una vez controlada la situación de la pandemia y hasta que se encuentre una cura para la misma. En primer lugar me gustaría poner en jaque una falsa dicotomía –por lo menos yo la considero así entre salud y economía. Hay una posición extrema que marca que en algún momento vamos a tener que elegir entre salvar la economía, a costa de un aumento exponencial del virus, o sea más infectados; o, por el contrario, elegir la salud, a costa de un derrumbe económico. Pero pensémoslo de otro modo. El coronavirus es una guerra contra un enemigo invisible, genera permanentes daños en la salud, pone miles de vidas a su merced, y también daña a las economías al paralizar su actividad. Por eso, la solución a los desastres que provoca, requiere de una visión integral, de conjunto. La problemática de la salud debe combatirse de la manera correcta y en simultáneo con el cuidado de la economía.


De no generar divisas ni reactivar la productividad, los hospitales a largo plazo no van a poder contar con el equipo necesario para tratar esta enfermedad. No hay salud sin economía, y no hay economía sin salud. Esto me lleva al segundo punto a marcar, que consiste en invitar a todos los gobiernos, incluyendo el nuestro, a que inviertan e implementen lo más rápido posible el uso de kits con reactivos –que han sido sugeridos por la Organización Mundial de la Salud para que podamos comprobar de manera más certera quiénes portan el virus, o quiénes corren más riesgo de contraerlo, para poder atenderlos y aislarlos rápidamente de quienes corren menos riesgo o no están infectados. De esta manera evitaríamos un derrumbe en la economía, retomando gradualmente, y con los cuidados necesarios, la actividad económica.


En tercer lugar, creo que existe consenso en que la economía puede sobrevivir un par de semanas de aislamiento y que eso ayudará a salvar muchas vidas, así como también considero que habrá economías que podrán recuperarse más rápidamente que otras, como la estadounidense; pero en nuestro caso siento que será muy distinto por las razones que ya expresé anteriormente. En este sentido, creo que este nuevo fenómeno debería darnos un aprendizaje y hacernos reflexionar acerca de dónde estamos poniendo nuestras prioridades, especialmente nuestro país.


Hoy nuestro Estado tiene tres veces más plata que hace 25 años en términos reales; y, sin embargo, hace poco más de una década que está siendo mal administrado. La salud y la educación han perdido foco en la agenda pública. Por eso, creo que es un buen momento para revisar el funcionamiento de nuestro Estado: las prioridades que revela en su gasto y los sectores que se lo apropian a través de privilegios en desmedro de la mayoría y de lo realmente importante. Entre los sectores que gozan de un alto ingreso se encuentran los trabajadores del Estado (tanto en el ejecutivo, como en el legislativo, como en el judicial). Sin duda, estos no están afectados directamente a la lucha contra la pandemia; y bien una política pública que los haga contribuir de manera organizada y colectiva para redireccionar recursos hacia donde más se necesita, por lo menos temporalmente, facilitaría la reorganización de nuestro gasto.


Cabe destacar que el gobierno de Mendoza ya lo ha implementado con sus legisladores y ministros, a excepción del Ministerio de Salud y Seguridad de la provincia. Como última reflexión, siento la necesidad de citar las siguientes palabras de senador nacional Martín Lousteau: “[...] La crisis del coronavirus es casi una llamada: ¿podremos ser capaces de dejar atrás las miserias personales para animarnos a hacer un país mucho mejor para las generaciones que vienen? El desafío es trabajar por algo que es muy posible que no veamos terminado. Y así como ellos (nuestros ancestros) lo hicieron un día, es ya tiempo de retomar esa tarea”. [3]


1- Ramos, S. V. (2015) Los tipos de desempleo. En Autor (Ed.), Introducción a la macroeconomía (pp. 29-32). Lejona, España: Universidad del País Vasco. Recuperado el 10 de abril de 2020.

2- Seguro de Paro. (5 de septiembre de 2008). Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. Recuperado el 10 de abril de 2020.

Seguro de paro: cuándo se cobra el subsidio y todo lo que tenés que saber. (26 de marzo de 2020). El País Uruguay: Servicios. Recuperado el 10 de abril de 2020.

3- Lousteau, M. (26 de marzo de 2020). La crisis del coronavirus nos plantea un desafío: ¿seremos capaces de hacer un país mejor? Infobae: Opinión. Recuperado el 10 de abril de 2020.


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