INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

¿Cómo el nazismo legitimó su poder?

El holocausto, según Bauman (2010), es la otra cara de la misma moneda del modernismo; sin la civilización de la misma, no habría sido llevado a cabo. El problema que se presenta es la potencialidad de que la Shoá pueda reproducirse. Tal como sostiene el autor, debemos imaginarnos lo inimaginable.


Por Lucía Camaño


Primeramente, es necesario recordar que el antisemitismo no fue creado por el nazismo, pero sí era una de las características impregnadas a los asentamientos de su poder. La lógica de los alemanes era construir una imagen negativa de todo aquello que no fuese ario. Para lograr la aniquilación masiva de los judíos, fue elemental la deshumanización. Para ello se requirió del uso de los estereotipos y de la burocracia, característica propia de la modernidad. La deshumanización es uno de los ocho estadios de Gregory H. Stanton (1996): cuando un grupo le niega humanidad a otro y sus miembros son asimilados a animales, gusanos, insectos o enfermedades.


Según Abraham Zylberman (2006), el ascenso del nazismo al poder en Alemania en 1933 significó llevar a la práctica una conducta basada en el prejuicio y el estereotipo antisemita; cuanto mayor miedo se tenga al judío, más se lo desea apartar. Gracias a ello, se dio la deshumanización. Esto requirió de dos métodos: el primero fue la clasificación, es decir, llevar a cabo la distinción entre alemanes y judíos, realizando una deshumanización mediante la adjudicación de símbolos. Los estereotipos alimentaron el resentimiento que tenía el pueblo alemán, caracterizando a los judíos como sucios, avaros, encorvados, antiestéticos o creando una falsa imagen al pretender que parezca originada por dicha comunidad. Eran comparados con insectos, como si se trataran de una plaga. También impusieron una idea de que los judíos no debían ser de fiar y que debían ser apartados de la sociedad porque no pertenecían a ella.


En gran parte, el motivo por el que funcionó esta idea de clasificación se debió a que el pueblo alemán se encontraba con un gran resentimiento y disconformidad por la situación económica en consecuencia del tratado de Versalles. Se utilizó al racismo como chivo expiatorio para que Hitler acumule poder.


El segundo método fue el de la propaganda. Los nazis la utilizaron para poder llevar a cabo la separación del pueblo judío de la sociedad. En el libro Mi lucha de Hitler, este ya sostenía que toda propaganda eficaz debía limitarse a ser breve y hacerse prevalecer mediante fórmulas estereotipadas que debían ser repetidas todo lo que fuera necesario hasta que el último de los oyentes pudiera captar la idea (Vitkine, 2011).


Además, Goebbels sostenía que la mejor propaganda era la que operaba de manera invisible y penetraba en todos los aspectos de la vida sin que la gente diera cuenta de esta iniciativa (Koonz, 2005). Esto fue acompañado por el adoctrinamiento en las escuelas de la población alemana, llegando a ser el estudio de la comunidad judía una materia curricular en los institutos de enseñanza.


La originalidad del nazismo fue haber utilizado la propaganda para justificar científica y jurídicamente la eliminación de un pueblo. La ciencia fue utilizada como la voz legítima para pronunciarse sobre la cuestión judía a partir de lo que es llamado “darwinismo social”, el cual sostiene que hay un enfrentamiento entre los mejores, los más fuertes, los más capaces, para la lucha de la existencia por un lado y los débiles llamados a desaparecer por el otro (Zylberman, 2006). Según esta idea, la naturaleza había decidido a quiénes otorgarles ventajas, y estos eran quienes tenían características raciales preferentes, una especie de arca de Noé, donde se elegía quién merecía sobrevivir y quién no. En este caso, se puede ver cómo la separación entre alemanes y judíos marca una rivalidad entre los miembros de una misma sociedad.


La comunidad judía empezó a sufrir un proceso de desjudaización. Se les arrebató el culto y las costumbres judías. Fueron víctimas de escraches en las calles, limitaciones de sus derechos, marginación y actos de violencia, llegando a su punto máximo con la Noche de los Cristales Rotos, previo a los acontecimientos atroces ocurridos una vez iniciada la Segunda Guerra Mundial.


Ya dentro de la Segunda Guerra Mundial, el nazismo aplicó varios planes para tratar la cuestión judía, como la guetorización, fusilamientos, planes de emigración fallidos y campos de concentración y exterminio. La deshumanización mediante la burocratización permitió que estas tareas tengan una connotación meramente teórica y técnica a causa de la división de trabajo que las caracterizaba. Este fue el fundamento que utilizó Eichmann al ser enjuiciado, aplicando así la teoría de la obediencia debida. Además, el cumplimiento objetivo de estos planes nazistas significaba principalmente que se llevaban a cabo según unas normas calculables y sin tener en cuenta a las personas. Esto hacía que se generara una distancia entre la víctima y el victimario. Es aquí donde aparece la burocratización moderna que racionaliza mediante la sincronización de actos independientes y, a la vez, complementarios (Bauman, 2010).


Según Helbert C. Kelman (1973), las inhibiciones morales contra las atrocidades violentas disminuyen cuando se cumplen tres condiciones: la violencia está autorizada (por unas órdenes oficiales emitidas por los departamentos legalmente competentes); las acciones están dentro de una rutina (creada por las normas del gobierno y por la exacta delimitación de las funciones); y las víctimas de la violencia están deshumanizadas (como consecuencias de las definiciones ideológicas y del adoctrinamiento). Para esto, la disciplina ha sido clave, ya que apunta a la identificación total con la organización. Las acciones no tienen ningún valor moral intrínseco, y tampoco son inmanentemente inmorales, es decir, se tornan en acciones amorales sin cuestionamiento alguno a la hora de ejecutar las órdenes emitidas por los altos rangos.


En síntesis, la deshumanización ha sido clave para la sistematización del aniquilamiento de las comunidades que no eran consideradas arias. El método propagandístico fue elemental en la construcción de una estigmatización de la comunidad judía. Los medios de comunicación tienen una gran responsabilidad por los mensajes que emiten.


Con esto se intenta resaltar que el resentimiento de un pueblo es algo a lo que hay que prestar atención, ya que se encuentran condicionados por un malestar anímico que los hace ver vulnerables a las persuasiones de los distintos discursos que se puedan desarrollar. Por otro lado, el sistema de burocracia provoca sentir una distancia de los hechos cometidos, logrando la falta de interés de lo que le ocurre al otro y generando una carencia de ética en la sociedad. No debemos cometer el mismo error que algunos sociólogos cometen, minimizar al Holocausto al quitarle la relevancia que tuvo o juzgarlo erróneamente al limitarlo a una parte de la historia que solo le corresponde a la comunidad judía.


Bibliografía

Bauman, Z. (2010). Modernidad y Holocausto. Madrid, Sequitur.

Kelman, H.G. (1973). Violence without Moral Restraint: Reflections on the Dehumanization of Victims and Victimizers. Journal of Social Issues, 29: 25-6.

Koonz, C. (2005). “ La conciencia nazi. La formación del fundamentalismo Étnico del Tercer Reich”, Paidós Ediciones, España.

Stanton, G. H. (1996). Ocho Estadios de genocidio. Generaciones de la Shoá Argentina.

Vitkine, A. (2011).“Mein Kampf”: historia de un libro. Crónica ANAGRAMA, Barcelona.

Zylberman, A. (2006). Rassechande, La contaminación racial. Revista Nuestra Memoria. 27.


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