INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

Alberto tiene corona... política

Para finales de octubre y principios de diciembre, todos los análisis políticos, profesionales o amateurs, coincidían en un mismo punto: el desafío más grande que tendría Fernández sería conseguir su propia legitimidad, consolidar su figura de manera autónoma a la figura de CFK, y conseguir una estructura política, ministerial y votante personal.


Por Ludmila Chalon


Alberto Fernández, junto a Horacio Rodríguez Larreta y Axel Kicillof, en conferencia de prensa. Fuente: alferdez.com.ar

Algunos auguraban, en su fantasía alimentada por el delirio de la grieta, un final de catástrofe con magnicidio incluido donde íbamos a ver a la mismísima Cristina, 9mm en mano, deshaciéndose del intruso Alberto.

Los más sensatos solo destacaban la ardua tarea que tenía Fernández enfrente; no solo por la pésima situación social y económica que atraviesa el país, sino por las particularidades de la fórmula que lo había convertido en Presidente de la Nación sin desconocer la calidad política de Fernández, construida por su personalidad y años de experiencia.

Esta nueva forma de construir poder que quebró toda lógica política en el presidencialismo clásico argentino, donde el acompañante era una figura más resonante que el principal candidato sería, por su rupturismo y calidad estratégica, la puerta de ingreso a Casa Rosada para los Fernández.

Sin embargo, también sería un desafío a la hora de consolidar la figura presidencial de Alberto, de tal modo que se lo identifique como el conductor, capaz de acumular poder y tomas las riendas del país. No ha existido en la historia política democrática Argentina, un presidente exitoso que no se muestre como una persona bien parada en el mando.

La conformación de los ministerios fue la primera señal de autonomía política de Alberto. Las amplias relaciones internacionales fueron la segunda. Y para cuando el tercer mes de gobierno empezaba a correr, el coronavirus y su crisis sanitaria mundial nos tocó la puerta. El llamado "primer mundo" fue ferozmente embestido por esta calamidad, que dejó en llamas la situación social, médica y económica de cientos de países alrededor del mundo, mostró una enorme ineficiencia de la clase política mundial, incapaces de predecir, contener y tomar decisiones que muestren compromiso y responsabilidad para con su pueblo. Mientras esto sucedía, Argentina comenzaba un camino de contención de la pandemia que hoy se vuelto ejempla.

Y, mientras cientos de líderes se preocupaban y preocupan por la ganancias empresariales y mantener el esquema productivo de sus naciones, Fernández reunía a expertos y unificaba líneas de acción con la oposición para poder proteger a los argentinos del avance de la pandemia de COVID-19.

Su trabajo y determinación comenzó a posicionarlo políticamente en un lugar totalmente diferente al que había tenido hasta hace algunos días. Desparecieron de los bots de Twitter los apodos "Albertitere" y "Alberso". Hasta los más fervientes opositores comenzaban a ver con buenos ojos el compromiso y la templanza con la que el presidente se manejaba. La capacidad comunicativa de Alberto, tras una muy mala experiencia macrista, se convirtió en otro de los ejes trascendentales para explicar cómo se empezó a reconstruir su imagen. Los mensajes bien diseccionados, expresados con claridad y su acompañamiento con medidas contundente llevan, hasta hoy día, a un cumplimiento masivo de la cuarentena nacional.

El presidente se enfrentó a una crisis que está destruyendo al mundo como lo conocemos, con dos enemigos enormes frente a frente: el virus pandémico y el desafío político de demostrar que él era el conductor y estaba preparado para ello. Cercanos al final de la primera parte de la cuarentena, vimos en los títulos que el presidente alcanzó una imagen positiva de 93% según consultoras.

Si bien en situaciones extremas los fenómenos políticos de imagen se disparan positiva o negativamente de maneras extraordinarias, que la imagen de Fernández se haya disparado hacia arriba de ese modo, mientras que el mundo repudia masivamente a sus líderes por su incapacidad y falta de respuesta, le deja al peronismo un sabor muy dulce en la boca en medio de esta tragedia.

Una vez más, el peronismo nos muestra que su escuela de conducción no es solo parte de la mística del espacio, es un hecho. Con pragmatismo, ejecuta sin que le pese el poder, y eso hoy nos está resguardando de las peores consecuencias del abandono del Estado frente a esta pandemia global.

Con las felicitaciones del mundo, y hasta la OMS haciéndonos ojitos, tal vez se cumpla el sueño de Moreno y realmente se esté germinado el "Peronismo for Export". Pero antes de pasar por eso, la prueba del fuego que deberá atravesar el presidente será seguir enfrentando la realidad Argentina, atravesar esta crisis y retomar los problemas que ya afligían a nuestro país.

Ahora, Fernández contará con un arma sin igual, una espalda mucho más fuerte, la que solo puede darte una legitimidad política sólida y agigantada, que deberá saber mantener. Sí, Alberto tiene corona… la de la política. 


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