INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

  • Francisco V. Caporiccio

Aislamiento invertido en tiempos de cuarentena

Las reflexiones que se encuentran en las siguientes líneas se proponen indagar acerca del rápido avance de las TICs (Tecnologías de la Información y la Comunicación) en un contexto de aislamiento parcial, no total. Este último lo llamaremos aislamiento invertido que, de forma contraria, nos mantiene más integrados que separados: viviendo en una sociedad virtual.


Por María Florencia Loberche




"Yo no quiero volverme tan loco Yo no quiero caer en un challenge Yo no quiero morir haciendo un Tik Tok".


Quizás algo así hubiera escrito Charly en el 2020. Y sí, en tiempos donde se corre la maratón de los días de aislamiento social cualquier distracción es válida frente a un caos mundial y una integración social debilitada. Comencemos, entonces, a pensar.


Si lo contrario (rápidamente y sin prestar mayor precisión y detenimiento) al concepto de aislamiento es la sociabilidad, la integración y la interacción; ¿podríamos decir que estamos viviendo un aislamiento en Argentina? En síntesis diríamos que sí, pero, ¿qué tipo de aislamiento estamos atravesando, o mejor dicho, de qué forma se está dando? Nos podemos arriesgar a decir que es un aislamiento corpóreo, pero no virtual, o mejor dicho, un aislamiento invertido. Justamente, la cuarentena planteada el pasado 19 de marzo de 2020 es puramente somática, es decir, hace referencia a la parte material de un ser (su cuerpo), pero esa imposibilidad de comunicarnos face to face, no quita que interaccionemos virtualmente mediante el acceso a las redes sociales, los medios de comunicación masivos, el streaming y demás. Por ende, en los tiempos que corren ya no es posible hablar de un aislamiento TOTAL, sino parcial. Mejor dicho, de un aislamiento invertido: en donde se produce una separación corporal entre lxs que integramos la sociedad, pero a la inversa, se genera una socialización masiva en la cual, en realidad, estamos cada vez más unidxs y conectadxs. Esto se puede fundamentar rápidamente si vemos el crecimiento abismal en desarrollo tecnológico.


Según el INDEC (Instituto Nacional de Estadística y Censos), la población estimada al primero de julio del 2020 es de 45.376.763 habitantes. Si partimos de esa base, y tenemos en cuenta el informe publicado el 17 de marzo del 2020 por el mismo INDEC acerca del acceso al servicio de internet en la Argentina, se estima que los accesos móviles a Internet, en el cuarto trimestre de 2019, se contabiliza en 31.824.108 de accesos (ver Cuadro 1). Con este panorama, en el que más de la mitad de la población (el 70,1%) tiene acceso a internet móvil, no tendría por qué extrañarnos el BOOM por los Tik Tok y los challenges desmedidos, es decir, no tendría que alarmarnos lo conectadxs que estamos. Este surgimiento es desmedido debido a que el aislamiento no nos permite llevar a cabo una acción social, entendida como una acción que está dirigida a un otro por determinados fines. Esto quiere decir que, si no podemos vernos cara a cara, sociabilizar, tomar mate, ir al cine o juntarnos a tomar una cerveza; probablemente, y seguramente, caigamos en una comunicación virtual desmedida en la que cualquier challenge (hasta autopegarte con el control remoto en la cara) va a ser viable frente a una crisis de sociabilización grande. No es ilógico, sino alarmante.


Por lo menos en la Argentina, como venimos desarrollando en este breve y pequeño análisis, el acceso a teléfonos móviles y a Internet viene avanzando a pasos agigantados desde hace casi 20 años cuando se los comenzó a contemplar en el CENSO del 2001 (ver Cuadro 2). No hace falta mencionar que esta observación sería más exhaustiva si tendríamos la información del CENSO que se realizara este mismo año.


Siguiendo esta línea, y contemplando el surgimiento de una pandemia que se extendió a nivel mundial en tiempos en donde las TICs son dominantes, es clave poder compararla con lo que fue el último gran brote: “La última vez que la OMS utilizó la categorización de "pandemia" fue con el brote de la gripe A H1N1 en un principio, también llamada "gripe porcina" en 2009, la primera vez en cuatro décadas que un nuevo virus de la gripe emergía y desataba una enfermedad a gran escala alrededor del mundo.” (BBC News Mundo, 12 de marzo de 2020). Esta nota periodística de la BBC afirma que la OMS considero como la última pandemia al brote de la gripe A, pero, ¿dónde estábamos paradxs en relación al desarrollo de las TICs en aquel entonces, justamente, casi diez años atrás? Podemos afirmar que muy alejadxs de la situación actual. En primer lugar, los famosos challenges o desafíos virtuales ni siquiera existían como tal o no tenían el impacto o el ímpetu que tienen ahora. Las redes sociales más influyentes (según el estudio Digital 2020 Global Digital Overview realizado por las empresas We are Social y Hootsuite) no existían al momento del desarrollo y la expansión de la pandemia de la gripe A H1N1. Según este estudio, Instagram se encuentra en el sexto puesto con 1000 millones de usuarios activos en un mes, y Tik Tok está en el séptimo puesto con 800 millones de usuarios activos en un mes. Posiblemente diez años atrás no teníamos por qué alarmarnos tanto.


En consonancia con esta masividad, resulta evidente y hasta irresistible para muchxs, cumplir con los desafíos y las nominaciones que estas estrategias demandan. En un mundo altamente globalizado, donde las fake news juegan un rol fundamental en el acceso a la información, es casi imposible mantenerse aisladx de lo que impera en la actualidad en materia de redes sociales y comunicaciones. De manera hipotética y hasta intuitiva, ¿podríamos imaginarnos cómo sería el mundo virtual frente a una próxima pandemia? Rápidamente diríamos que no o, por lo menos, no podríamos predecirlo con precisión; puesto que profesar sin vigilar epistemológicamente el objeto en cuestión sería incorrecto. Sin embargo, por la rapidez con que se lleva a cabo el desarrollo y el avance tecnológico podemos deducir que las TICs crecerán exponencialmente en los próximos años.


¿Podemos establecer, entonces, que estamos frente a un nuevo paradigma de la integración social? Para poder pensar esa pregunta, hay que tener en cuenta el rol fundamental que juega la cultura dentro de estos procesos de desarrollo tecnológico. Cada sociedad compleja (como es el caso de la sociedad argentina) forma y construye una conciencia común o colectiva, esta última se produce y crece a la par y a raíz del conjunto de creencias, ideas y costumbres compartidas y generalizadas que son generadas por esos mismos individuos que la integran y que están condicionadas por los procesos culturales que afecta a esa sociedad. En una Argentina con gran acceso al roaming (también llamado itinerancia), al uso de las aplicaciones en las redes sociales, a un servicio de Internet y demás, se permite y habilita una cultura digital que empieza a formar costumbres que se generalizan, utilizan y naturalizan a lo largo del tejido social. Por esta razón, ya no podemos hablar de aislamiento social sin tener en cuenta el desarrollo de la tecnología y cómo impacta la misma en nuestras relaciones cotidianas. Hoy en día, sería erróneo hablar de un aislamiento total. No es posible retroceder en el tiempo y, aunque no lo creamos, cada vez estamos más integradxs. Cuando alguien en una plataforma (probablemente móvil, ya que la mayoría del contenido es mobile) nos retuitea, nos pone me gusta y nos comparte una publicación nos está integrando virtualmente a su círculo social, y esas formas de interacción, cuando la comunicación y las relaciones cara a cara se encuentran en crisis, hoy en día, son nuestra herramienta de contacto más dominante.


Sin que este pequeño análisis tenga un tinte pesimista, está pensando para reflexionar y cuestionarnos nuestros accesos a una vida virtual activa. Los datos fueron obtenidos de la plataforma del INDEC, a su vez, los planteamientos teóricos están guiados por la teoría de Durkheim y la idea de “aislamiento invertido” está inspirada en el concepto de “espejo invertido” que plantea Cristina Fernandez de Kirchner en su libro Sinceramente.

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