INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

Sobre el Acoso Laboral: Otra forma de violencia contra las mujeres


Para poder hablar de las consecuencias de la violencia laboral, primero hace falta tener en cuenta la importancia del trabajo en la vida de lxs sujetxs y en sociedades como la nuestra. Para ello, hay que tener en cuenta que el trabajo forja la identidad de las personas, por lo tanto la identidad es un proceso constante que nunca se termina de constituir del todo. Ya que su construcción se pone en juego en la dinámica del sujeto con su entorno laboral. Éste último engloba tanto a la sociedad en la que se encuentra, la cual comprende determinada concepción del trabajo, como también al ambiente físico del lugar del trabajo y a los sujetos con los cuales se vincula, ya sean compañerxs, jefxs o subordinadxs.

Por Lucila Koch

Imagen: Economía Feminista

En relación al contexto laboral en sociedades como la nuestra, hay varias observaciones que se pueden destacar. Hay por un lado, cuestiones estructurales que se vinculan con el paso de la modernidad a la modernidad liquida, en donde ésta última se destaca por el quiebre de los ideales colectivos. Por lo tanto, nos encontramos en el auge de la individualidad y la meritocracia, donde solo se progresa por el esfuerzo propio y a costa de la competencia entre pares.


Es aquí donde el capitalismo liviano y los gobiernos neoliberales encuentran su recoveco para ganar terreno planteando una economía frágil, basada en el endeudamiento y en la tensión. La segregación de lxs sujetxs se vuelve una condición necesaria para que los ideales colectivos pierdan su efectividad y reine la falta de confianza en ellos; hoy en día hay una gran estigmatización hacia los movimientos sociales, primando así los ideales individuales, que no son más que los ideales neoliberales.

Pero que el sistema se las ingenia muy bien para creer que son propios de cada individuo. Asimismo, tampoco hay que dejar de poner bajo la lupa dichos movimientos sociales, los cuales al fin y al cabo, con su escasa efectividad, también terminan siendo funcionales al sistema, ya que pareciera que sus ideales han quedado en la modernidad, sin poder hacer una lectura acorde a la realidad actual. En consecuencia, con el avance de la derecha neoliberal en la región Latinoamericana y específicamente en Argentina en manos de Cambiemos; el contexto laboral se ha llenado de incertidumbres y poca confianza.

Si bien el acoso laboral, hoy llamado mobbing, ha nacido desde la existencia misma del trabajo como institución, es importante tener en cuenta que en contextos de crisis, lxs sujetxs se encuentran con menos herramientas y con menos libertad de acción ante situaciones de padecimiento laboral. Ahora bien, ¿de qué hablamos cuando hablamos de acoso laboral? La violencia en el contexto laboral puede ir desde la agresión física y el acoso sexual hasta el acoso moral. En esta ocasión particularmente se va a hacer referencia al acoso moral o psicológico. Éste se caracteriza por acciones, palabras, actitudes y formas de dirigirse que tienen como objetivo el aniquilamiento de la identidad del sujeto.

Como bien dice Hirigoyen (1998) en El acoso moral: “uno no se muere directamente de recibir todas esas agresiones, pero si pierde una parte de sí mismo. Cada tarde, uno vuelve a casa desgastado, humillado y hundido. Resulta difícil recuperarse” (p. 48). Es decir, se quiebra una parte interna del/la sujetx y comienza un proceso de despersonalización. Se vuelve importante aclarar, que para que exista una situación de acoso laboral hace falta un grupo que lo habilite, ya sea incrementando los niveles de violencia o simplemente no haciendo nada. Este grupo se vuelve cómplice de la destrucción psíquica del/la sujetx acosadx, ya sea por temor a sufrir el mismo trato o por convicción. Asimismo, la persona que ejerce violencia sobre otra, se encuentra en un lugar de poder, real o simbólico, y su manera perversa de vincularse le genera satisfacción.

La víctima difícilmente puede identificar con rapidez que se encuentra inmersa en una situación de acoso laboral. Esto sucede, porque no hay una concientización necesaria sobre estas situaciones y porque a la vez se encuentran naturalizadas, generando culpa en la víctima. Ya que si el progreso y el éxito dependen de la propia persona, pues el fracaso también. Es así, como el maltrato cotidiano logra que la propia víctima dude de sí misma, siendo rebajada a condición de objeto y anulando su subjetividad.

Las consecuencia psicológicas de la violencia laboral están a la vista, el problema es que nunca se atribuyen a ella. El/la sujetx víctima de violencia laboral empieza a padecer de insomnio, se altera su alimentación, sufre de periodos de depresión, empiezan los ataques de pánicos, etc. Es decir, la víctima empieza a actuar patológicamente. Mayormente, al no poder identificar la situación laboral como la fuente de sufrimiento, la solución imparcial decanta en medicarse o pedir licencias por enfermedad para poder conservar su trabajo y así, aminorar el sufrimiento.

Ahora bien, haciendo una puntualización sobre el acoso psicológico en los ámbitos laborales y teniendo en cuenta la estructura patriarcal y machista de la sociedad, cabe preguntarse si las mujeres no son víctimas sistemáticas de la violencia laboral. Centrándonos en el artículo 6 de la ley 26485 que considera la violencia laboral como una modalidad de violencia hacia las mujeres, la respuesta seria afirmativa. Dicho artículo expresa lo siguiente: “violencia laboral contra las mujeres: aquella que discrimina a las mujeres en los ámbitos de trabajo públicos o privados y que obstaculiza su acceso al empleo, contratación, ascenso, estabilidad o permanencia en el mismo, exigiendo requisitos sobre estado civil, maternidad, edad, apariencia física o la realización de test de embarazo".

Constituye también violencia contra las mujeres en el ámbito laboral quebrantar el derecho de igual remuneración por igual tarea o función. Asimismo, incluye el hostigamiento psicológico en forma sistemática sobre una determinada trabajadora con el fin de lograr su exclusión laboral”. Asimismo, en marzo del 2018 CEPA sacó un informe sobre las desigualdades de género en la economía argentina. Éste comunica que las mujeres cobran un 29% menos que los hombres, que dedican 5,7 horas diarias al trabajo reproductivo mientras que los hombres solo le dedican 2 horas, es decir que realizan doble jornada laboral, que el 62% se inserta en profesiones asociadas con el cuidado (docencia, sanidad y trabajo doméstico) mientras que solo el 6% de varones tiene dicha inserción.

Además es importante destacar el techo de cristal, el cual se caracteriza porque al momento de acceder a un mismo puesto laboral, las mujeres deben hacer el doble de esfuerzo por el simple hecho de ser mujer. Esto quiere decir que se les niega puestos jerárquicos por concepciones culturales, como el deber de ser madre, un posible embarazo en el futuro, la mujer como el sexo débil, aquella que solo provee amor y etcétera de estereotipos que excluyen a la mujer del ámbito laboral y de los puestos de toma de decisiones.

Es así como se vuelve innegable que las mujeres padecemos violencia laboral desde la estructura misma del sistema. Es por ello, que más allá de la concientización sobre el acoso laboral (que es lo que nos interpela en este artículo) la solución del conflicto es a través de un verdadero cambio estructural. En el cual, teniendo en cuenta el contexto neoliberal y la individualización, se reivindiquen los ideales sociales y se deje de producir y sostener los privilegios para el conjunto de los varones.


A modo de cierre, se ejemplificara algunas formas de ejercer acoso laboral: no asignar tareas, solo hablarle por escrito, no comunicarle sobre reuniones laborales ni cambios de último momento, frases como “vos no servís para esto” “hay que estarte todo el día encima para que hagas bien las cosas” y así ir excluyendo a la persona del grupo de pertenencia. Y por último, en el Ministerio de Trabajo se encuentra la Oficina de Asesoramiento sobre Violencia Laboral (OAVL) https://www.argentina.gob.ar/trabajo/oavl, en la cual asesoran e informan a las víctimas de violencia laboral. Bibliografía:


Cepa (2018) https://centrocepa.com.ar/informes/43-mas-precarizadas-y-con-menores-salarios-la-situacion-economica-de-las-mujeres-argentinas.htmlHirigoyen, M. (1998) El acoso laboral. El maltrato psicológico en la vida cotidiana. Ed. La Découverte y Syros. Francia, ParísLey 26485 (2009) http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/150000-154999/152155/norma.htm

Valoramos la pluralidad de opiniones. Las notas publicadas por Política en Jaque no necesariamente representan los valores de la organización.

© 2020 Todos los derechos reservados. Política en Jaque - Organización Política.